La Manta y La Raya # 21 septiembre 2026 ________________________________________________________________________
A pesar del tiempo
Raquel Paraíso

En 2015, la doctora Raquel Paraíso escribe en sus notas de campo:
«La Huasteca es un caleidoscopio de sabores, formas, colores, vestidos, olores, gente, música. Es tierra, un verde especial, montaña y pastizal, el sol de su horizonte mojado por la calma del amanecer, luz tibia vertida sobre el misticismo de sus atardeceres. Es río, ritualidad, mano fuerte que entreteje la vida desde la profunda creencia que detiene y hace olvidar por un instante el abandono, la pobreza, el clasismo, la marginación, la diferencia social establecida y perpetuada con endémica pulcritud. La Huasteca es un imaginario cierto y una realidad que se mueve con ritmo propio.
No se puede entender la región sin su espiritualidad, su historia, su voz profunda y su honda voz multicultural y multiétnica, sus pasos de niño siendo un gigante, tratando de hacer entender el derecho a la tierra, la violencia que a veces conlleva, la mediación entre la herencia cultural y la modernidad. La identificación con esta región cultural es una constelación para quienes la sienten, algo que se construye individual y socialmente, y que desdice las fronteras de un espacio limitado por demarcaciones físicas. Esa conciencia regional apunta a nuestras múltiples identificaciones con discursos, simbolismo, conocimientos y expresiones tanto subjetivadas como objetivadas de sentir la Huasteca, de ser huasteco.» (p.24 y 25)
La música tradicional, continua Paraíso, ocupa un lugar especial entre las manifestaciones culturales de la Huasteca. Testimonio de creencias religiosas y profanas, del pensamiento ancestral y la memoria colectiva, la música tradicional refleja la forma de hacer de un pueblo y es referente de un conocimiento y de una memoria directamente relacionados con significados constitutivos de cultura. Tiene, además, la capacidad de transmitir continuidad y transformación, dos aspectos fundamentales en el devenir de los grupos sociales.
A través de la música se construyen procesos simbólicos e identitarios fundamentales en la constitución de tales grupos. Las identidades se articulan en una constante selección de elementos que son (re)significados en un proceso de redefinición, de tal forma que el sentido de pertenencia a un colectivo o a un grupo social está conectado a una ideología que legitima tal pertenencia. Sin duda, la práctica musical es elemento fundamental en la construcción de tales identidades.
En el calendario festivo de la Huasteca, las fiestas son marcadores de tiempo, establecen una ruptura con lo cotidiano, reafirman lo especial de la ocasión y la importancia de la celebración y de la ruptura del continuum del tiempo, que es, a la vez, construcción del mismo.
Sin especificar diferenciaciones étnicas y sin establecer una división inmutable entre prácticas culturales de la población indígena y mestiza que convive en la región, escribe Raquel Paraíso: «podemos decir que el calendario ceremonial y ritual de la población huasteca gira en torno al ciclo festivo marcado por la superposición del calendario religioso mestizo (Xantolo, Navidad, carnaval y Semana Santa) y el calendario agrícola. A su vez, este último está determinado por la siembra y la cosecha del maiz, producto esencial en la vida de la Huasteca».
A pesar del tiempo nos entrega partituras para violín de 50 sones de carnaval, que la etnomusicóloga Raquel Paraíso recoge, documenta e investiga como parte del amplio repertorio del violinista don Fidencio Ramírez Sánchez. Una sección del libro está dedicada a describir los diferentes mánicos para guitarra quinta huapanguera y jarana (medio azote, azote completo, etc.) empleados para acompañar a los sones de carnaval presentados.
Don Fidencio (1956) nació en la comunidad de Xoxocapa, municipio de Ilamatlán, Veracruz. Su padre Dionisio Ramírez Hernández también fue músico tradicional. Muy respetado y conocido en la región, es uno de los pocos músicos de la comunidad y de La Cañada que conoce un amplio repertorio de sones tradicionales, particularmente sones de carnaval, sones de Todos los Santos, sones de muerto, inditas y sones de la Danza de xochitinih. Se han registrado muy poco del extenso repertorio que conoce.
A pesar del tiempo no solamente es una aportación valiosísima para el registro de la música tradicional huasteca, Raquel Paraíso también discute nuevas perspectivas sobre cómo los músicos de la región de La Cañada, de la Huasteca veracruzana, interpretan sones de carnaval y lo que esta música significa para las comunidades locales.
Escribe Robin Moore en la presentación del libro: «Combinando un análisis cultural detallado, transcripciones musicales y una narrativa conmovedora, la autora sostiene que los sones sirven como mediadores musicales entre los vivos y los muertos, el bien y el mal, la tradición y la modernidad. En su análisis teórico, así como en sus transcripciones, este trabajo ofrece una contribución significativa a nuestra comprensión de la música tradicional de la Huasteca.»
Revista en formato PDF (v.21.1.0):
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