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Recomendaciones y Breves Reseñas

De amores y extrañamientos

La Manta y La Raya # 20                                                 marzo  2026 ________________________________________________________________________

De amores y extrañamientos

 


El chagane es un árbol de la selva tuxteca, una madera oscura muy apreciada de una tonalidad única, de sus vetas pareciera que surgen escalas y tonos. Tiene una fragancia muy particular que nos remite a un espacio mágico cuyo camino se entreteje entre esos arroyos pedregosos que vienen bajando de la montaña y que llegan hasta el mar, manantiales que brotan de piedras y enredaderas, para luego volver convertidos en sereno, un ciclo melódico adentro del corazón del trópico húmedo. El chagane es una madera que en los últimos años se ha utilizado para la fabricación de jaranas y guitarras de son, es aquella tabla consistente que se utiliza para el diapasón, el puente y las clavijas, es la madera que tiene más contacto con la mano humana, con la creatividad, con la música y con nuestra cultura.

Para mí es un honor estar esta noche aquí frente a ustedes compartiéndoles mi apreciación sobre esta maravilla que estamos apunto de escuchar, una música que huele a nuevo, pero que tiene una raíz profunda y llena de historia. Primero que nada quiero agradecerles a mis amigos el honor que me hacen al permitirme compartir estos pensamientos con ustedes y presentar “De amores y extrañamientos”, su primer producción discográfica, lo hago con mucho respeto y admiración por ellos a quienes considero parte de mi familia.

Una grabación es un documento sonoro que constituye un testimonio de una época, un terrritorio y de la interacción un humana, es una herramienta de la memoria, una forma de hacer que algo perdure y que además pueda seguir generando sensaciones a la escucha. Si bien los sistemas de distribución musical han cambiado y el formato del disco suena un poco obsoleto para las nuevas generaciones, este material de 9 sones cuenta con una constitución muy bien organizada, diría yo un balance perfecto entre la sonoridad clásica del son jarocho y una propuesta moderna que se desarrolla entre el contrapunto instrumental de este fabuloso trio. Esta documento sonoro fue realizado por Sábana Récords, una compañía itinerante del sur de Veracruz que viene abriendo espacios para realizar grabaciones profesionales en nuestra zona donde antes era casi imposible, las máquinas fueron operadas por Augusto Cuellar Galmich y Edson Falcón y el material capturado fue mezclado en Xalapa por Helio Martín del Campo.

Son de Chagane es un conjunto que nace en medio de las ramas de 2018 aquí en Santiago Tuxtla sus integrantes son Pedro Muñoz Sanchez, jarana tercera, Rodrigo Oliveros Valentin guitarra de son y Jair Diez Machucho en la leona un formato único en su tipo, con una capacidad musical extraordinaria, basada en la los aires de la tradición pero con mucha propuesta y recursos actuales que hacen en su música muy enraizada pero al mismo tiempo muy original.

Si bien el formato de trio en el son jarocho no es muy común en nuestros días, lo fue hasta hace algunas décadas del siglo pasado, podemos recordar algunos conjuntos que sonaron en rancherías y huapangos allá por los años ochentas como Los Cazarín, el trío de Don Pedro Gil, el del afamado Esteban Utrera o el conjunto Flor De Caña de Las Pitas de Don Neftalí Rodríguez (“Aquellos trios rancheros de los años 1980”, La Manta y la Raya, marzo 2023, núm. 14).

De amores y extrañamientos es un disco que fue grabado en en distintos espacios de nuestro pueblo, fue realizado de manera artesanal, por eso tiene un sonido especial, muy de aquí diría yo, este fonograma es resultado del encuentro de tres personas a que se han conocido en los caminos del son, en los huapangos y celebraciones y que de ahí han decido conjuntar su creatividad para constituir esta compilación de 9 sones de los cuales 8 de ellos tienen una raíz muy profunda y les acompaña una composición denominada “El tren” autoría de Pedro Muñoz Sánchez que aunque nueva nos remite a tiempos que hasta hace no mucho eran lugares comunes en las conversaciones de nuestra region y ahora son recuerdos casi perdidos en nuestra memoria. Si bien la narrativa que escuchamos en sones como El Perro, Los Pollos y La Indita por mencionar algunos de los sones que con contiene esta grabación están llenos de figuras clásicas en nuestro mundo sonero, también se distingue la necesidad de plantear nuevas narrativas, figuras actuales que resultan necesarias que logran transmitir sentimientos, eso es algo que mantiene con vida y renovadas las bases de nuestra musica, lo que la actualiza.

Nuestra cultura musical está viviendo una transición importante, desarrollándose en un tiempo muy abrupto lleno de contrastes y de un futuro incierto, sin embargo la música nos ha generado una oportunidad de encontrarnos y construir redes que nos ayudan a sortear estos momentos. La importancia de una grabación como la de amores y extrañamientos desde donde yo lo veo reside por su puesto que en el talento y la creatividad de sus creadores, pero también en la capacidad de compartir emociones tan profundas de una forma tan dinámica y cercana a nuestras raíces, como se apropian de estas antiguas melodías y las insertan en estos días, pasando a la historia y construyendo un puente entre lo de antes y lo de ahora. muchas felicidades y que este material sea el primero de muchos. Larga vida a Son de Chagane.

Joel Cruz Castellanos


 

 

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LEGADO Orquesta Tradicional  Moscovita

La Manta y La Raya # 20                                                 marzo  2026 ________________________________________________________________________

Orquesta Tradicional

Moscovita

LEGADO

 

Universidad Veracruzana 2025


El legado de una institución musical como la Orquesta Tradicional Moscovita de la Universidad Veracruzana es múltiple y, como era de esperarse, un concierto a muchas voces en que la polifonía se remonta cuando menos a 1928 cuando un Pedro Domínguez, todavía adolescente, fue testigo junto con otros jóvenes de Puerto. de Veracruz de la llegada del Son Cuba de Marianao y con ello el inicio de un Veracruz rumbero que hasta la fecha sigue vigente. Pedro Domínguez Castillo, que adquiriría en esos años el sobrenombre de Moscovita, se convirtió en parte de una escena afroantillana muy rica, primero desde la capital de la república y después a su regreso a su puerto natal hacia finales de los años setenta. Ya asentado en Veracruz Moscovita lograría dar un nuevo brío a su trayectoria al entrar a formar parte de la Universidad Veracruzana a partir de 1980 y fundar la Orquesta Tradicional Moscovita que con el  auspicio de nuestra máxima casa de estudios se ha caracterizado en fomentar y difundir esa parte de la identidad de Veracruz que nos ha unido históricamente con el Caribe y que abarca una gran cantidad de géneros musicales, como el danzón, el son, el mambo y el chachachá hasta la salsa contemporánea. La Moscovita ha sabido navegar por esas aguas manteniéndose fiel a la herencia afroantillana que representan, pero también apuntando hacia el futuro añadiendo creatividad a su legado.

Rafael Figueroa Hernández


 

 

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Música del corazón

La Manta y La Raya # 20                                                 marzo  2026 ________________________________________________________________________

MÚSICA DEL 

CORAZÓN 

de Javier Cabrera Jasso

José Antonio Mac Gregor C.



Rúmbala ca tíngala ca tun tan bembé

Vocablo que nos remite a nuestra tercera raíz africana.

Que nos evoca a Santiago de Cuba, cuna del son.

Que sabe a ron y huele a caña de azúcar.

Que provoca calor y nos hace sudar.

Que suena sabroso y sincopado.

Que se compuso en Puerto Rico aunque no existe deriva en múltiples otros vocablos que aparecen en el buscador: rumbakana, rumbantela, cachumbambé, rumba la catumba bembé o dímelo flow Anita chimbala.

Coco Loco se coloca sobre el lago Tangañica:

pica que pica, tambor repica

sobre la playa de Marchiquita.

Rúmbala ca tíngala ca tun tan bembé,

ojo por ojo, diente por diente”.

Bomba, plena, calipso o guaguancó, bolero, merengue, mambo o danzón.

La rumba sabrosa o raíz suprema del son.

Rúmbala ca tíngala ca tun tan bembé es vocablo que no puede sonar sin bailarse, reírse, sudar y agasajarse.

Pues así merito suena la Música del corazón que emerge del pecho, memoria y sabrosura rítmica con la que Javier Cabrera Jasso escribe cada uno de los 20 relatos que lo integran, sin soslayar el formidable prólogo de Mercedes Boullosa firmado hace 14 años, lo que augura más historias ocultas detrás de este libro. 

Conozco a Javier desde hace 46 años, en aquella Tasca del tío Rechi donde el gran Balú interpretaba Se me olvidó que te olvidé a mí que nada se me olvida en sabroso guaguancó y así me enseñaba el riquitiplán plán del bongó. Tocábamos hasta la madrugada sones cubanos tradicionales y empezábamos a darle a la salsa que nos llegaba del maestro panameño Rubén Blades que, implacable, sentenciaba: si no naciste con clave, no eres rumbero. En esa época Javier y yo enfrentábamos disyuntivas similares: éramos padres solteros, antropólogos, percusionistas, exiliados en Xalapa. Para fortuna de la música, yo opté por la antropología y él sí le entró con alma, cuerpo y corazón a esa formidable aventura que es la anatomía del tambor. Era claro que tenía la clave y aquél tumbao que tienen los guapos al caminar.

El adn de lo que tocábamos estaba configurado por “Mamá África” e historias de esclavitud, resistencia, liberación y fusión que estaban destinadas a conquistar el mundo con sus ritmos, poéticas y síncopas únicas que cambiaron para siempre la manera de bailar y de tocar.

Javier se autodefine como negro. Cuenta que nació más oscurito que sus hermanos de ricitos dorados y quizás, en la oscuridad subida de su piel quedaría marcado su destino: hacer sonar los tambores, logrando no sólo los sonidos precisos, sino buscando conectar con Obatalá, Yemayá, Oshún, Shangó, Elegguá, Ogún, y Oyá para que cada sonido tuviera un destino o llamado religioso, un sentido ritual.

Por sus estudios antropológicos, Javier muestra su destreza en la elaboración de árboles genealógicos tan fecundos como los sembrados en su natal Montecristo y tan complicados como los de Macondo. Destaca la enorme relevancia de su madre y su tía; el tío Arturo tan celoso con sus hijas que, como la canción de Willie Colón, “compró una escopeta y se seca la frente viendo los tiburones”. La historia de Virginia que, después de los 70 y pico de años y 2 de haber enviudado se reencuentra con su novio de adolescencia con quien nunca había terminado, ante la perplejidad del pueblo entero.

Del libro emanan olores y sabores también: de las calles y pantanos, de la inmensa variedad de guisos, chiles, panes y dulces del pueblo, una Venecia tropical en tiempos de lluvia. Y brotan también sonidos de marimba que desde su infancia le configuraron su pasión por la percusión originaria de África e hibridada con Mesoamérica, aunque en versiones de música tropical onda chunchaca o cumbianchera.

Contrario a lo que cualquiera pensaría de Javier, no inició percutiendo con las manos, sino con los pies ya que fue bailador, campeón estatal como zapateador de sones y jarabes regionales; explorador de sonidos auténticos y profundos de origen prehispánico y, poco después, se convirtió en guitarrero, rumbero, contador de cuentos y anécdotas de cantina, coleccionista de letreros chuscos, actas de defunción insólitas, avisos de ocasión y tragedias que provocan carcajadas, con perdón de la seriedad de cada caso montecristiano.

La búsqueda de estudios superiores llevó a Javier a la capital mexicana donde su configuración como músico se realizó entre historias y anécdotas verdaderamente intensas, conmovedoras y sumamente divertidas. Vivió el rechazo inicial del padre al deseo de su hijo de convertirse en músico y la larga negociación y repetidos intentos por convencerlo de que esa opción podía ser de hombres de bien. Fue baterista de rock y formó sus primeros grupos; luego Mérida y finalmente Xalapa, donde estudió Antropología e incursionó, paralelamente en la música clásica.

Al reflexionar sobre las clasistas y decimonónicas distinciones que privilegian la música llamada “culta” sobre la popular, y sobre las etiquetas racistas propias del medio, Javier auto caricaturiza su humilde condición de tamborero: ¿Y tú, eres músico o percusionista? ¿Por qué ese músico gana menos que el resto del grupo?, porque es percusionista. 

En 1980 llegó a Xalapa el extraordinario percusionista Tambú, portador de las mejores tradiciones africanas y formidable maestro que creó escuela con el “Taller Independiente de Percusiones”, donde se formaron no sólo múltiples percusionistas, sino que sembró una manera de sentir, comprender y valorar géneros como el jazz, el son cubano, la danza afrocubana y el mismo son jarocho.

La mirada antropológica de Javier, mezclada con las de músico y bailador de folklor, se manifiesta claramente en el capítulo “Imágenes del mexicano”, en el que describe, analiza y coteja complejos procesos históricos que definen nuestras múltiples identidades, resultado de migraciones provocadas por la conquista, la esclavitud e hibridaciones culturales en permanente vitalidad y activación.

Conceptualiza fenómenos artísticos enmarcados en su propio contexto y respondiendo a su particular naturaleza: “La función esencial de la danza y de la música americana no es la de provocar emoción estética pasiva e individual, sino colectiva, participativa y llena de religiosidad…” (p. 90). La diferencia ontológica entre las llamadas “bellas artes” y las culturas populares sólo se puede descifrar con un andamiaje teórico bien estructurado, como el que Javier exhibe en este apartado.

Como ya se imaginarán, este negro tamborero, afroamericano, rumbero, estudioso y aventurero de arrabal, tenía en su camino una asignatura pendiente que no podía salvar a manera de ritual iniciático fundamental: conocer Cuba, tocar allá, aprender allá, nutrirse allá; vivir y respirar Santiago, cuna y pan; Santiago, cuna del son que es, a su vez, cuna del mundo musical afrocaribeño y hogar de babalawos, santeros y tamboreros.

Conocer los tambores batá provenientes de África exclusivos de los negros yorubas de Nigeria, de la tierra de Oyó, patria de Changó, su magia, sus fundamentos, su poderosa religiosidad, los toques para cada ocasión, sus liturgias y lenguaje capaces de narrar mundos invisibles y habitados por seres del más allá.

En suma, “un universo mítico, dado a través de fábulas y leyendas de una complejidad o de una simpleza seductora, (en el que) comulgan en poesía dioses, hombres, animales, astros, elementos de la fauna y la flora, mares, ríos, montañas y espejismos de la mente, para estructurar una cosmovisión de las más complejas y vivas que se pueden conocer.” (p. 97).

Así, a lo largo de 7 capítulos Javier nos cuenta relatos fascinantes de músicos en gira con todos sus enamoramientos, conflictos, locuras, anhelos y esperanzas en la Terra ignota del África mora, de la cual también investigó historia, personajes, costumbres y esa gastronomía árabe llena de olores, sabores y colores. Sobresalen por supuesto, las descripciones acerca de las músicas de cada lugar que iba conociendo, así como lo más relevante de su cultura.

De vuelta, se reincorporó a la Universidad Veracruzana con su emblemático grupo de jazz Orbis Tertius y participó en el Primer Festival Afrocaribeño (1994) que, curiosamente me tocó organizar desde la Dirección General de Culturas Populares del conaculta y en el que no recuerdo que hubiéramos coincidido, pero que tal cual lo menciona el libro, obedecía al reconocimiento de Veracruz como Caribe cultural, a pesar de su lejanía del Caribe territorial o geográfico. 

Para ir cerrando este texto, que pretende invitarles a la lectura de Música del corazón, quiero destacar otro elemento medular en la vida de Javier: la valoración de la familia. La que lo recibió al nacer, la familia paterna y la materna; la de su pareja y sus hijos como sentido o, como él mismo dice ya al final del texto: “esperanza y agradecimiento a la vida, a través de la continuidad de la descendencia.” (p. 193)

Javier Cabrera nació rumbero, jarocho, trovador de veras y se fue lejos de Veracruz, pero siempre volvió. Hizo del tambor vida, corazón, escuela y misión; arma para enfrentar cualquier batalla e incursionar por la espléndida diversidad musical de México, del Caribe y del África fundacional de donde provienen aquellos a quienes se refiere Neruda: 

“Negros del continente, al nuevo mundo habéis dado la sal que le faltaba. Sin negros no respiran los tambores y sin negros no suenan las guitarras.”

Felicidades Javier y gracias por compartirnos la música de tu corazón!!!

 

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Índice de autores

La Manta y La Raya # 20                                                 marzo  2026 ________________________________________________________________________

La Manta y La Raya /núm. 0 – 20                            (oct 2015 – mar 2026)

 Índice de autores y portadas de la revista



Presentamos el índice de autores correspondiente a los 21 números de la revista, de la número 0  (cero, cero, bongocero) hasta la presente edición número 20, publicados en formato pdf y difundidos de manera gratuita desde nuestro sitio de internet: www.lamantaylaraya.org

El sitio de internet, www.lamantaylaraya.org, salió al ciberespacio en diciembre de 2015; el número o de la revista se comenzó a difundir desde el sitio en enero de 2016. Alrededor de 120 autores y más de 210 artículos han sido publicados hasta la fecha.

Para editar y publicar estos primeros 21 números de la revista hemos contado con contribuciones muy frecuentes de algunos fotógrafos, en particular hablamos de Sergio Alberto Vázquez Rodríguez, Mario Hernández, Carola Blasche, Silvia González de León, Rodrigo Vázquez, Agustín Estrada, Federico Campos Herrera, Felipe Oliveros y Carlos Hernández Dávila, principalmente.    

Algunos datos. Hasta la fecha, el número 4 de la revista, es el que ha tenido mayor número de descargas desde nuestro sitio de internet. Así también el artículo “El sueño que creció: La jarana huasteca de Tesquitote, San Luis Potosí” de Ruy Guerrero (LMR n. 5).

A partir de la revista núm. 14, decidimos publicar en formato pdf todos los artículos contenidos en la revista de manera independiente. Anteriormente ésto no se hacía de manera consistente: algunas veces se publicaron todos los artículos del número; en otras solo parcialmente y, en otras ninguno. 

Hasta la fecha hemos manteniendo el planteamiento, casi intacto, que dio origen a la revista, sin embargo la revista ha ido cambiando desde su primer número, corrigiendo errores y mejorando poco a poco. En estos últimos diez años hemos aprendido, de manera extracurricular y autodidacta, algo del trabajo de editor y así como el abc del diseño editorial de nuestros días. Este aprendizaje hasta el día de hoy y acercamiento al mundo editorial nos ha dado felicidad y gran satisfacción.

En particular consideramos una fortuna que La Manta y La Raya ha sido y pueda seguir siendo una revista independiente. Esta es una de las características de la revista que nos enorgullese. 

Los Editores

 

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El marimbol del África a la cuenca del Papaloapan

La Manta y La Raya # 19                                                 septiembre  2025 ________________________________________________________________________

El marimbol del África a la cuenca del Papaloapan

De 

Luis Ángel Pérez Escamirosa         René Escamirosa Betancourt       Fernando Pérez Escamirosa

Fondo Editorial para temas y  autores tuxtepecanos. Gobierno Municipal de Tuxtepec, 2022.

 



Un trabajo notable y sin duda una referencia importante es el el libro titulado El marimbol, del África a la cuenca del Papaloapan de Luis Ángel Pérez Escamirosa que cuenta con la colaboración de René Escamirosa Betancourt y de Fernando Pérez Escamirosa. 

En su libro, Luis Ángel trata el tema de manera rigurosa, en particular dedica varias páginas a describir las características organológicas del instrumento, sus orígenes y su incorporación al son jarocho en la cuenca del Papaloapan. Recordamos que Luis Ángel es miembro fundador del grupo El Butaquito de Tuxtepec, Oaxaca, conjunto musical que ha incorporado el marimbol al son jarocho desde los primeros años de los años 2000. El libro contiene también capítulos dedicados a la construcción del instrumento, a la interpretación musical del marimbol en el son jarocho, y al análisis de la estructura musical de los sones jarochos. Sin duda resulta significativo que en la obra se incluyan también tutoriales y partituras para requinto jarocho y marimbol en tono de Do, correspondientes a seis sones jarochos: El Pájaro Cú, El Buscapiés, El Colás, La Guacamaya y La Morena. 

Con el marimbol, expone Luis Ángel, la región media de la Cuenca del Papaloapan recupera en la dotación instrumental un elemento más de su identidad afromexicana, y cita al músico marimbolero Octavio Rebolledo: “el marimbol personifica lo antiguo, pero también representa «lo negro», ese pasado africano, que de manera difuminada también está presente en la historia de México y nos brinda una indudable identidad que el jarocho gusta de exhibir con naturalidad y orgullo.”  

Un aspecto importante del trabajo de Luis Ángel Escamirosa es la que nos informa de la presencia del marimbol en la región de Tuxtepec en la década de 1930. Nos cuenta el autor: “Cuando yo era un adolescente, mi abuelo, el Sr. Porfirio Escamirrosa Montero; me hablaba tanto de este magnífico instrumento que él tocó en su juventud, y de un sinfín de anécdotas que tuvo en compañía de ese instrumento. Me hablaba sobre un instrumento tipo cajón, donde el músico se sentaba y pulsaba un teclado de flejes metálicos provenientes de una cuerda de vitrola que servía para el acompañamiento de los sones cubanos y jarochos en los años 1930, ya que, al no haber las condiciones económicas, se auxiliaron en copiar y construir un marimbol que algunos conjuntos musicales utilizaban en el puerto de Veracruz para interpretar danzones, y poder así integrarlo en el grupo musical al que mi abuelo pertenecía en Tuxtepec Oaxaca. Asimismo, me describió que dentro de su cajón había dejado una cuerda que decía era hecha de tripa de gato, mismo que tensaba para que este sonara por simpatía y que a su vez sirviera para aumentar sus ondas sonoras, debido a que antes, no se utilizaba ningún tipo de micrófono o bocina para amplificar. En su grupo de aquella época, se tocaban las canciones de Benny Moré, los sones cubanos, los sones jarochos de la región y los danzones.”

Un trabajo que no puede pasar desapercibido El marimbol, del África a la cuenca del Papaloapan de Luis Ángel Pérez Escamirosa, René Escamirosa Betancourt y Fernando Pérez Escamirosa.                                         

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Bonus Track

La Manta y La Raya # 18                                                      marzo  2025 ________________________________________________________________________

Historias musicales del barrio cósmico 

de Betto Arcos 

(traducción de Bruno  y Arí Bartra)

Impreso en el verano de 2021 bajo el sello de Fogra Editorial, el periodista, escritor, melómano y músico Betto Arcos (Xalapa, México), avecindado en Los Ángeles desde la década de 1980, nos entrega esta colección de relatos y testimonios que dan cuenta de sus encuentros con artistas, agrupaciones, músicos, productores y personalidades de la escena musical e industria del espectáculo de los cinco continentes. En relatos precisos, breves y cautivadores nos ofrece, como en una viñeta, una perspectiva general del o los protagonistas de su relato, de su trayectoria, quehacer, pensar y sentir, impulsándonos con lo que allí nos narra a conocer el arte que está allí puesto en juego. 

“Todas las historias contenidas en este libro –nos dice su autor son parte de mi historia personal”, para más adelante aseverar: “Cuando miro hacia atrás, en mi carrera como periodista de música y cultura que trabaja en la radio pública, en inglés, debo decir que he asumido una gran responsabilidad, especialmente respecto a la música latinoamericana. No se trata sólo de traducir un idioma o un estilo de música, sino de explicar quiénes somos, la complejidad de nuestra historia y culturas diversas, las esperanzas y los sueños que aún deben cumplir las generaciones futuras.” 

Con una introducción de Tom Cole, editor de NPRU y Prólogo de Jaime Andrés Monsalve, estas Historias musicales del Barrio Cósmico, pueden ser utilizadas como una sugerente guía de escucha, un gozoso y juguetón guiño sonoro que Arcos hace a sus futuros amigos, compartiendo con ellos sus pasiones y obsesiones musicales. “En el Barrio Cósmico –sentencia Betto- la música tiene el poder de transformar vidas. Sé muy bien que, a mí, la música me transformó.”


Trovar: metapoéticas en Occitania y 

Sotavento

            de Elena Deanda Camacho

Después de agitar las aguas de los estudios literarios coloniales, en 2022 con la publicación de Ofensiva a los oídos piadosos. Obscenidad y censura en la poesía española y novohispana del siglo XVIII (Iberoamericana Vervuet), el año pasado (2024) apareció publicado por la Universidad Veracruzana el más reciente libro de Elena Deanda Camacho (Minatitlán, Veracruz) Trovar: metapoéticas en Occitania y en Sotavento. Como el título lo anuncia, se trata de un esfuerzo analítico para poner en diálogo a dos tradiciones poéticas, separadas geográficamente, pero cercanas –nos dice Deanda- si se escuchan sus temas, motivos y funciones. Una ubicada en la zona sureña de Francia; la segunda, recreada desde hace dos siglos y medio en la costa de Sotavento veracruzana, oaxaqueña y tabasqueña.

Para provocar nuestra imaginación, la autora nos dice: “Por ejemplo, al analizar la lírica jarocha aparece una dimensión oral y performativo de la poesía que ilumina el texto medieval. Asimismo, los estudios sobre la lírica medieval nos apremian a documentar la lírica jarocha, aunque eso implique fijar un texto que, de antemano, se considera performativo.”

Como lo establece Deanda Camacho a lo largo de diez apartados, la afinidad que puede advertirse entre el son jarocho y la trova occitana se desprende de un discurso o reflexividad que cada una de estas tradiciones pone en práctica sobre sus propios procesos de creación-transformación, estableciendo de este modo una macropoética. 

¿Por qué comparar dos poéticas lejanas espacial y temporalmente? –se insinúa apenas terminamos de leer el título de la obra. A lo cual, de manera juguetona y provocadora, Elena Deanda Camacho parece susurrar: “para encontrar que aquí y allá hay un lazo humano que disuelve fronteras temporales, geográficas e, incluso, cognitivas.” 

per qu´ieu vos man la non es vortr´estatges /

esta chançon que me sia messatges

te envío allí donde te encuentres /

esta canción que me sirve de mensajera


CHÉJERE, 

20 AÑOS

La reconocida agrupación de música contemporánea mexicana Chéjere celebra este 2025, sus primeros 20 años de existencia. Con cuatro producciones discográficas en su haber y bajo la dirección del destacado músico y compositor, Alonso Borja Gómez, Chéjere ha animado y enriquecido la escena musical de los años recientes, teniendo como sello de presentación, la constante propuesta de composiciones originales. 

Con un emotivo y exitoso concierto en Casa del Lago el pasado 18 de mayo, el grupo celebró sus primeras dos décadas de hacer música con sus cientos de seguidores, al tiempo que se prepara para continuar los festejos con un concierto especial que se llevará a cabo en el Teatro de la Ciudad de México “Esperanza Iris”, el próximo sábado 30 de agosto del año que corre.

¡Muchas felicidades a la familia Chéjere!    

 


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Relatos Tuxtlecos

La Manta y La Raya # 17                                                     septiembre  2024 ________________________________________________________________________

Relatos tuxtlecos

Fandangos y encantamientos

de Andrés Bernardo Moreno Nájera

con ilustraciones de  Honorio Robledo

Mar Adentro   Veracruz 2024                                     

                                                  

 

A manera de introducción

Estimada lectora, apreciado lector, el libro que tiene usted en sus manos es una compilación de relatos nacidos en la memoria de aquellos antiguos pobladores de una región mística y llena de historia que, gracias a la valiosa y amorosa dedicación que el profesor Andrés Bernardo Moreno Nájera ha procurado propagar y transmitir, no sólo a través del trabajo musical con el grupo Los Cultivadores del Son (agrupación con más de  30 años de conformados) en la difusión de sones antiguos tuxtlecos, sino también a través del mantenimiento, recuperación de la memoria y el resguardo de las historias que cuentan los viejos.

Déjeme decirle entonces que, en esta publicación encontrará historias fantásticas, de chaneques, nahuales, encantos y sucesos inimaginables, que giran principalmente alrededor de la tradición del fandango jarocho en la microrregión de Los Tuxtlas, al sur del estado de Veracruz. Los Tuxtlas pertenecen a la región cultural y geográfica conocida como Sotavento, la cual comprende desde la parte media sur del estado de Veracruz, compartiendo una porción territorial con Tabasco y Oaxaca.

Debemos destacar que, en la región de Los Tuxtlas, el son jarocho y la fiesta del fandango se han mantenido vigentes en las comunidades campesinas, en donde se desenvuelve un universo sonoro y festivo de una tradición profunda, la cual es conocida indistintamente como huapango o fandango; en ambos casos referido a la festividad alrededor y sobre una tarima de madera, donde hay música, poesía y baile. 

Así mismo, en los huapangos de estas comunidades todavía es usual el oficio del “cantador” o “versero” quien mantiene la práctica de cantar en una diversidad de estructuras poéticas como cuartetas, quintillas, sextillas o décima espinela, bajo la variedad de funciones que se han conservado en esta región, tales como: versos de relaciones (donde se asocia un verso con otro a partir de la primera o última línea del verso), versos picones (contienen enojo, insulto al adversario, en ocasiones terminaban a golpes o machetazos), versos para enamorar o de desenojo (cuando un cantador pretendía a una mujer), versos de argumento (se escogía un tema y se enlazaban a manera de preguntas y respuestas) o versos de argumento mayor (de una complejidad más profunda para debatir sobre un tema, manteniendo la poesía con reflexiones más vastas y simbólicas).

Situados pues en este contexto tuxtleco, es de resaltar que el fandango no sólo se realiza en un contexto festivo alegre tales como bodas, pedidas de la novia o bautizos, sino también se realizan con un sentido ritual, como fandangos en velorios de cuerpo presente, fandangos de angelitos para los infantes fallecidos o velorio de santos y acarreos de vírgenes. En este mismo ambiente, será usual leer sobre el “Amigo”, a quienes los campesinos de esta región asocian con el Diablo, y es con este personaje con quien hacen tratos para adquirir destreza en la improvisación, el canto y el baile; es también con quien se enfrentan en un duelo de versería o ejecución instrumental, hasta romper el encanto o el mal y ahuyentarlo con sus contras refiriéndose a utensilios como machetes, espigas para tocar el requinto o una piedra, con la particularidad de que haya sido curada un primer viernes de marzo por una persona que posee el don de curar y dar protección.

Para la editorial Mar Adentro es una gran alegría poner en sus manos esta recopilación de relatos sobre encantamientos y fandangos que Andrés Moreno ha conservado cuidadosamente, esperando que usted también se sumerja en la magia que envuelve el fandango jarocho, dejándose llevar por los vientos de la Sierra Tuxtleca, empapándose con el agua de los arroyos que cuidan los chaneques señores del monte y dueños del agua en estas regiones. ¡Que lo disfruten!

Mtro. Rafael Vázquez Marcelo

Coordinador Regional de 

Difusión Cultural de la UV


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El pájaro carpintero

El pájaro carpintero

Músicos y lauderos de Veracruz

de Silvia González de León

 

Esta obra, que es un conjunto de obras y que es un proyecto colectivo, también va acompañado de hermosas coplas del maestro Gilberto Gutiérrez y de un maravilloso texto de la narrativa del maestro Juan Pascoe. La edición estuvo a cargo de Ediciones Odradek y la selección y cuidado corrió por cuenta del poeta Alfonso D´Aquino. Con la venia de todos ustedes y con una perspectiva estrictamente personal, ahondaré un poco más sobre el interesante trabajo fotográfico. No es una tesis de alguna investigación formal, ni una exhaustiva revisión del pasado, sin embargo, sí es un anecdotario de luces y sombras que, de manera “casual”, gracias al amor de Silvia por la fotografía, han quedados congelados para volverlos a disfrutar cada vez que abramos el libro; son también una fuente indirecta de algunos momentos de la revalorización del son a partir de la visión del emblemático grupo Mono Blanco que, afortunadamente para quienes los apreciamos, sus integrantes aparecen retratados en diferentes ocasiones. 

Se convierte este poema de luces, en un testimonio silencioso, pero no sin voz, ya que fue realizado con el alfabeto universal que solo el amor tiene. Al ser un lenguaje primigenio, el mensaje visual está disponible para todos, para los “letrados” y para los sabios de la vida, para los experimentados músicos y para los incipientes amantes de esta tradición, incluso para aquellos que solo les agrada participar como espectadores. También es un código cifrado que aporta innumerables ventanas por las que podemos saltar a diferentes caminos y –también– a diferentes tiempos, como puertas mágicas que solamente se abren si lo contemplas con el mismo ingrediente fantástico con el que fueron capturadas.   

Así, al ver la portada, se crea un momento sumamente impactante en el sentido de los instrumentos que han venido a menos en el fandango, me refiero a la bandola y al violín. En este sentido, solo me tocó ver a un músico de avanzada edad, sentado en un pórtico tocando algunos acordes con su vieja bandola para pedir ayuda económica a los transeúntes. También me trajo a la memoria que en aquellos emblemáticos fandangos que se realizaban en la Plaza Cervantina de Santiago Tuxtla, donde en ese entonces se ubicaba la Casa del Fandango, recuerdo que llegaba un señor, delgado, cubierto de canas, portaba un sombrero blanco de dos pedradas (y que del cual nunca supe su nombre), pero era sumamente visible que carecía de la mano derecha. Lo asombroso era que ese detalle no era motivo suficiente como para no poder ejecutar el violín, pues se asía fuertemente el arco con ayuda de unas vendas al antebrazo y así, como ejemplo de vida para muchos de nosotros, con alegría y con orgullo, ejecutaba el complicado instrumento.   

Son fugaces momentos cumbre capturados para siempre. Viendo esas fotografías puede uno viajar en el tiempo y revivir instantes relacionados a la impresión en sí, aún incluso sin haber estado en ese momento específico, pero probablemente tener la fortuna de haber conocido a tal personaje en esa precisa época o simplemente descubrir cómo eran esas gentes que nos legaron esta maravillosa tradición. Finalmente, algo que pareciera silente se convierte en una agradable voz que gráficamente describe algunas facetas de este gran movimiento.

Abrir el libro en cualquier página es tener la seguridad de encontrarse con un reflejo de nuestra propia alma, pues para alguien que vive y convive el son jarocho, vistos a la distancia, se dimensiona aún más su verdadera esencia. Añejado con paciencia y amor, después de veinte años, ha logrado germinar la semilla puesta en esta sementera cronológica. La fotografía es tan generosa como un fandango. 

Decía don Fernando Bustamante Rábago que ni Marx ni Lenin habían podido realizar la abolición de clases sociales como lo había logrado el fandango. De la misma manera, estas fotografías se entregan plenas a toda la comunidad, de tal modo que no es necesaria ninguna intelectualidad para disfrutarlas, solo precisamente disfrutarlas, para poder ser capturados paradójicamente por una captura. 

Este libro es el ejemplo claro de la creación de la comunitaria, pues desde el mismo momento que fue gestado, desarrollado e impreso, afortunadamente, han intervenido diferentes personalidades. Así mismo, es diverso el tipo de rostros y momentos, modelos y tiempos que no sabían que serían retratados. Es hermoso y alentador, descubrir detalles como las centenarias manos de “Tío Ruma” que ágiles recorrían las cuerdas del arpa. 

Al ver la foto de má´Juana sentí su abrazo y su sonrisa, de cómo nos esperaba en la entrada de su casa cuando íbamos a esos entrañables fandangos del primer viernes de marzo en el Hato, Municipio de Santiago Tuxtla, organizados por el maestro Gilberto Gutiérrez.  Es fantástico como una luz que espera inmóvil puede transportarnos al mundo dinámico de los recuerdos, donde los pensamientos revolotean como palomas agitadas.

También me parece estar viendo a un serio don Carlos Escribano –el famoso “Oreja Mocha”– hablando entre español y macehua, algo que yo no entendía ni oía claramente, pero que ese viaje me hizo recordar que el primer violín que tuve fue hecho por este gran músico y laudero, que trabajaba con herramientas muy básicas, pero con el coraje necesario para arrancarle a las dificultades esos sonoros instrumentos que tanto seguimos apreciando.

Dicen que la paciencia es la más heroica de las virtudes porque carece de toda apariencia de heroísmo, Así, imagino a Silvia, tratando de capturar el momento preciso sin importar las horas o los días que tenga que esperar para lograrlo –los amantes de la pesca o de la cacería entenderán esto más claramente.  

Podemos encontrar en el libro a aquellos jóvenes que apostaron su vida a la música y que hoy afortunadamente para todos nosotros, siguen ejecutando y construyendo instrumentos, cantando, zapateando o simplemente disfrutando de una cálida velada. Niñas que hoy son mamás y que siguen cantando, como Xóchitl Torres Herrera, u otras que se nos adelantaron en el camino como Dulce Jazmín Vázquez. 

Las fotografías presentadas son una evidencia y una fuente ilustrativa de muchos aspectos de la vida sonera, la construcción de instrumentos, los fandangos, los vestidos de las bailadoras, los músicos, en fin, en conjunto invitan a conocer más de cerca la diversidad enorme de los aspectos del son jarocho tradicional. 

La luz y las sombras unidas en un todo, bosquejando líneas que nos trasladan a otro mundo, a ese lugar donde siempre hemos sido felices a pesar de los pesares: los fandangos a los que asistimos o no; detalles y momentos especiales, de manera tal que, al contemplar esas obras, nos educamos y aprendemos a querernos más. Una calle desierta, una caja de instrumentos esperando ser adoptados, unas jaranas colgadas en la espalda, algunos grupos con sus integrantes, unos entonces jóvenes otros entonces viejos, poetas desgarrando la voz para completar la fiesta del paraíso. 

Gracias a estas hermosas fotografías, también podemos reproducir en nuestra mente los sonidos, desde el batiente tambor de guerra que es la tarima invitando a la comunidad; los trinos y bordones de la guitarra de sones; el acompañamiento de innumerables jaranas; la alegre y a la vez melancólica voz del violín serrano, junto con los estruendosos y agradables cantos de los versadores. Quizá una cara sonriente de un público que goza y que, absorto en el disfrute de la fiesta, no se ha dado cuenta que ese instante fugaz –gracias al educado ojo de Silvia– ha quedado impregnado de eternidad. 

Si este hermoso libro tardó un decenio en ver la luz, me pregunto cuántos proyectos ahora mismo estarán esperando amorosa y pacientemente el momento de hacerse públicos. En horabuena por la publicación de este hermoso libro, por favor, que vengan muchos más.

Héctor Luis Campos Ortíz. 

“Luz de Noche”, Tlacotalpan

31 de enero de 2024.

 


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Detrás de la verde arboleda

Detrás de la verde arboleda

de Ricardo Pérez Montfort

Mar Adentro.                              Veracruz 2023

 

Una antología de ensayos guarda cierto paralelismo con una selfie contemporánea, en la cual una mirada orientada hacia adelante elige el ángulo desde el cual observar aquello que ha quedado a nuestra espalda -y que sólo puede reconocerse porque se ha avanzado en el camino. Por ello, aunque pueda resultar contra intuitivo, una antología de autor (con lo que de mirada retrospectiva conlleva) propone una recolocación de los textos en el presente y en el futuro.

Los ensayos que Pérez Montfort comparte en Detrás de la verde arboleda constituyen un documento de historia cultural, en la medida que nos propone vías alternativas para interrogar al mundo jarocho en sus presentes y pasados. Y esto es así, por tres gestos que el lector podrá reconocer en esta obra:

1. porque los ensayos aquí reunidos permiten comprender los procesos históricos que han hecho posible la consolidación y continuidad de una tradición musical festiva de alcance regional, a lo largo de dos siglos; 

2. porque los testimonios que aquí se narran permiten observar a una tradición cultural –la jarocha– en el momento mismo en que se reinventaba a sí misma y renovaba su memoria.

3. y, tercero, porque aún sin proponérselo, estos textos pueden ser leídos como el síntoma de una nostálgica anticipación histórica, dotados de aquel impulso que alguna vez Walter Benjamin consignara como una de las funciones de la historia y del compromiso social de los historiadores: arrancar a la tradición de las manos del conformismo “que está siempre a punto de someterla”.

Los editores de esta revista celebramos la aparición de este libro, felicitamos a su autor e invitamos a nuestros elegantes lectores a leer y disfrutar esta obra de reciente aparición.

 


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Del jaguar al lícer

Del jaguar al lícer

de Hector Luis Campos Ortiz

 

                                   Programa de desarrollo cultural Sotavento.                       Conaculta. 2003

                

 

“¿Te vas a poner el cuero?”

Es una frase que invoca la temporada de inicio de los Líceres, una de las festividades emblemáticas de Santiago Tuxtla, toda una tradición en lós días de San Antonio, San Juan, San Pedro y San Pablo. Practicada también –aunque con fechas propias y sus variantes locales– en distintas entidades del país como Puebla, Tabasco y Guerrero.

“La danza del Lícer”, un juego que divierte a niños y adultos pero, que también infiere temor a lo desconocido, al ser que se esconde bajo otra piel. Ponerse el cuero, vestirse de Jaguar, imitarlo, emitiendo su bramido y sus movimientos, danzar poseído como si de él mismo se tratara, correr velozmente tras la presa hasta alcanzarla, amedrentarla con los movimientos, el rugido y el “chilillo” como prolongación de la garra y, dominada la presa, subirla en hombros, darle vueltas, pegarle de forma indulgente y ponerlo salvo en la tierra, a reiniciar la danza y rugir poseído por el ancestraly mítico animal.

Esto, constituye solo un pasaje de una tradición ancestral. de origen prehispánica, reinterpretada en la Colonia con otra cara en el proceso del mestizaje cultural.

“La danza del Lícer”, constituye una de las más arraigadas tradiciones culturales de la región de Los Tuxtlas. Lo encontramos en el mito de creación de la humanidad a partir de la unión de un Jaguar y una mujer (hecha de Maíz). La importancia de esta cosmovisión de origen olmeca, nos presenta una cara de este antiguo pueblo prehispánico que basó su poderío y su grandeza en el cultivo de la tierra y, principalmente, del Maíz.

En la presente obra, Héctor Luis Campos Ortíz, analiza la “danza del Jaguar” en sus distintas advocaciones, donde el autor muestra la relación que hay entre el Jaguar y el Ma1z, representada a través de la “danza de los Líceres”.

El libro, nos dice su autor, tiene como finalidad valorar la importancia de nuestra “danza de los Líceres”, su historia y su origen. Se propone analizar también las variaciones rituales y ramificaciones de la “danza del Tigre”, con el propósito de motivar y dar pie, a nuevos estudios que profundicen en el tema.

Para a Dirección General de Culturas Populates, Indígenas y Urbanas, de la Secretaría de Cultura, es una satisfacción la publicacion de la presente obra, que, sin duda, motivará la curiosidad por conocer en toda su expresión, una de las principales tradiciones de la danza y la ritualidad con profundas raíces en la cosmovisión olmeca. 

El Patrimonio Cultural Intangible, representado en una de las expresiones de los usos sociales, rituales y actos festivos, como lo mánifiesta “La danza del Lícer” en el presente trabajo, abonará en su conocimiento, comprensión de sus significaciones y simbolismos de manera que permita el reconocimiento del patrimonio cultural de origen olmeca. 

Consideramos que la obra en comento, fortalece los esfuerzos por revalorar las actividades comunitarias de profunda raíz, como lo es la danza vinculada a los personajes fundamentales de la mitología olmeca, el  Tecuani y el Maíz. El patrimonio cultural de los habitantes de Santiago Tuxtla, tendrá continuidad y reconocimiento por parte de sus habitantes mientras se renueve en cada festejo, fiesta o ceremonia ritual, en el que se presente “La danza del Lícer”.

Para la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, y el Programa Regional del Sotavento, la difusión y fortalecimiento de las manifestaciones Y expresiones del Patrimonío Cultural Inmaterial por parte de los creadores Y promotores de la región de Los Tuxtlas renueva también la tarea institucional de apoyo a la préservación y salvaguardia de dichas expresiones culturales. 

Antrop. Armando Chacha Antele

Director General de Culturas 

Populares, Indígenas y Urbanas.

SECULTA CDMX 2017

 


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