La Manta y La Raya # 19 septiembre 2025 ________________________________________________________________________
Trío Tlayoltiyane
Román Güemes Jiménez
De Tlayoltiyane la historia es así: surge el 26 de abril de 1986, en Xalapa, Veracruz. Su director artístico es el compositor y poeta Antonio Hernández Meza, quien también es la voz principal del trío e intérprete de jarana huasteca, guitarra quinta o huapanguera y violín; sus demás integrantes son Jorge Alberto y Marco Antonio Hernández Hernández, diestros ejecutantes de estos mismos instrumentos.
Su origen está ligado al grupo Tlen Huicani de la Universidad Veracruzana (UV), con el que Hernández Meza ha realizado innumerables giras por el interior del país y por varias partes del mundo. A partir de su ingreso a esta agrupación dirigida por Alberto de la Rosa, en 1976, se concretó y afianzó la sección huasteca y, con el correr del tiempo, conforme iba sumándose a los esfuerzos del propio Tlen Huicani, él y sus hijos fueron madurando como ejecutantes de la música tradicional de su región de origen hasta lograr conformarse como un trío sólido e independiente en 1988, de tal suerte que Tlayoltiyane es actualmente una parte importante del grupo Tlen Huicani.
Los creadores
Tlayoltiyane –por cuya etimología náhuatl un equivalente en español podría ser Los Creadores– tal vez sea, hasta ahora, la máxima realización de los sueños de Antonio Hernández Meza. Desde su origen, se han dedicado a la interpretación de la música huasteca tradicional, concretamente a la ejecución del huapango y el son huasteco. Se trata, como en muchos de los casos, de un trío formado por tradición familiar e integrado precisamente por el padre y dos hijos que fueron instruidos en el manejo de los instrumentos huapangueros dentro del propio hogar.
Hernández Meza, como maestro, impulsor y formador de tríos, cuenta ya con una larga historia de búsquedas y reencuentros: desde la fundación del Trio Comunitario (1960), allá en su solar nativo, Pahua Grande, Ixhuatlán de Madero, Veracruz, pasando por el trío Solteros de Juan Rosas (1968), la formación del trío Pahuasteco (1969), Los Caporales de la Huasteca, en Papantla de Olarte, Veracruz (1970o), hasta el nacimiento de Tlayoltiyane, no ha cesado su inquietud por difundir y enriquecer la música huasteca y todo lo que le es inherente. A la fecha, se han presentado en infinidad de difusoras veracruzanas y del interior del país, y en algunos programas televisivos dando a conocer su propia producción.
Cuentan ya con varias grabaciones en audio y video donde muestran el arte del nuevo huapango impulsado por Hernández Meza, muchas de ellas interpretadas en el náhuatl septentrional huasteco, su lengua originaria; esto último constituye, de suyo, una de las contribuciones más caras de este trío a la literatura étnica del país y, por ende, al propio huapango huasteco.
La labor permanente de Tlayoltiyane ha rebasado los límites universitarios y ha trascendido hacia los municipios huastecos donde han realizado numerosas presentaciones y conciertos especiales en coordinación con los ayuntamientos locales y la propia UV. También han conseguido algunos triunfos en su vida artística: en 1996, en el Concurso Nacional de Trova y Huapango Huasteco efectuado en el marco de la Feria Expo Tuxpan, en esta ciudad veracruzana, fueron merecedores del primer premio, tanto en la modalidad de ejecución como en la de composición, donde se confrontaron con famosos tríos de la Huasteca.
Ganaron el tercer lugar con la composición de Antonio Hernández Meza titulada El maíz, en la ciudad de Tuxpan, Veracruz; un segundo lugar con el huapango El medio ambiente en un concurso realizado en los Tuxtlas; han sido merecedores de la medalla y la presea Sol Poniente, máximo reconocimiento al mérito huapanguero; de un homenaje por su valiosa aportación al desarrollo del son huasteco, en el festival La Cascada del Huapango, de Colatlán, Ixhuatlán de Madero, Veracruz. Han recibido de la Asociación de Ixhuatecos Radicados en Xalapa el reconocimiento por sus 30 años de trayectoria artística, en los cuales han rescatado y difundido el acervo cultural de la huasteca veracruzana.
En 2016, la Universidad Veracruzana nombró “Año de Tlayoltiyane” a la celebración por su trigésimo aniversario, cuyo homenaje comprendió presentaciones artísticas del trío en varias comunidades del norte de Veracruz; la grabación de un disco, en el que se incluyen composiciones de Hernández Meza: la edición de un cancionero escrito en náhuatl y español; y culminó con sendas presentaciones en Estados Unidos, una como invitado especial del Festival Celebrate Mexico Now, uno de los foros más importantes para la difusión de la Cultura y el arte mexicano contemporáneo, que se realizó del 24 al 30 de octubre en el Museo de Historia de Nueva York; y la otra en el Smithsonian National Museum of the American Indian.
Tlayoltiyane ha hecho giras internacionales interpretando orgullosamente la música huasteca. Entre los países visitados figuran España, Francia, Bélgica, Argentina Chile y Estados Unidos.
Por ello, tener en la Universidad Veracruzana, y particularmente en Xalapa, a un trío de la magnitud de Tlayoltiyane es, para los gustosos del son y del huapango, un suceso digno de llevar en la memoria y de relatarlo. Sin duda, el trío seguirá su vertiginosa carrera y su constante ascenso, porque son portadores de una gran tradición y honorables representantes de un gran acervo musical y lírico.
Don Toño, el origen y los recuerdos
Antonio Hernández Meza nació en Chahuanla, Ixhuatlán de Madero, Veracnuz, el 1 de octubre de 1947. Creció en a localidad Pahua Grande, del mismo municipio. Radica en Xalapa desde el 1s de marzo de 1976. Así narra algunos de sus recuerdos en una entrevista efectuada en 1977, en Xalapa, Veracruz:
En aquellos tiempos de los que te estoy contando, cuando se organizaba un baile o fandango tenía que ser en la época de Navidad, de las posadas, o en carnaval, que es una fiesta muy esperada, muy bonita.
Para organizarla antes había que nombrar a 12 capitanes para los seis días de juego o danzada, dos por día. Después fueron disminuyendo. Los capitanes se encargan de darle de comer a los invitados, a los disfrazados (que allá les llaman viejos) y a los músicos. A los capitanes les correspondía dar de comer y ese mismo día, por la tarde, les tocaba organizar el baile… Entonces, en su casa tendrían que hacer el tlapechtli o palco para que ahí se subieran los músicos huapangueros y desde lo alto tocaran para el baile; según decían que desde allá arriba se oía mejor la música, que llegaba más lejos… Y es cierto, muy cierto, porque si se tocaba desde abajo casi ni se escucha 0d la música y la cantada. Si la casa tenía corredor grande, entonces ahí se construía el tlapechtli y la gente bailaba en el patio. En ocasiones, al tlapechtli se le ponía un telón para proteger a los músicos del rocío o la llovizna. Era hermoso contemplar uno a medio patio, por eso se buscaba el mejor lugar para construirlo; en la parte superior se le hacía una especie de casita bien adornada, con su techo de ramas de sauce, para que no les cayera ni una gota de sereno a los músicos. Donde se sentaban ponían petates y cobijas a manera de cojines. Los músicos eran muy respetados y queridos, todos estos cuidados y protecciones eran para que no los molestaran y pudieran trabajar bien. Los cantadores o ¿cantores? estaban abajo y desde ahí pedían su turno.
Hijoles, el tlapechtli, sí, ahí en el patio… ¡Qué bonito! Con su casita, así adornada hasta con flores para que luciera mejor. El baile o fandango se ponía bueno dependiendo de los músicos que fueran a tocar. Si en el rancho decían: –Va a venir a tocar fulano de tal… Martincito de Chahuantla– y si les gustaba cómo tocaba, entonces se juntaba mucha gente y a las siete de la tarde ya estaba empezando el fandango, ya le estaban dando. A las ocho de la noche, en aquel tiempo, juuuta!, ya se armaba un buen baile que duraba hasta el amanecer. Me acuerdo mucho de una ocasión en que amanecimos. Entonces ya participaba yo en la tocada. Era mi primera trasnochada; le paramos como a las ocho de la mañana, ya cuando la gente se empezaba a retirar a sus casas.
Pero además de anunciar qué músicos iban a amenizar el baile, también echaban cohetes. Usaban mucho el cohete de agua. El primero se tronaba a las tres de la mañana, otro a las cuatro y el último a las seis, ya cuando había amanecido., Al mediodía tronaban otros dos y el último se usaba cuando llegaban los músicos. Era la última detonación que se escuchaba. Ya la gente decía: “llegaron los huapangueros”. Cuando el baile se hacía en Chahuantla, lugar donde yo nací y que he visitado desde mi niñez, venían bailadores de El Mirador, Xomulco, Pahua Grande, San Bernardo, Tolico, El Tizal y de Huexotitla. Venía mucha gente. Las muchachas venían acompañadas de sus padres o hermanos; pero lo más común en un rancho era que se organizaran ellos mismos, que se pusieran de acuerdo. Se decían:
–Va a haber un baile. –Ah, pues vamos.
–¿Dónde va a ser? –En tal lado. –iAh, convidemos muchachas!…
Así se organizaban para convidarse y se formaban los grupos en las propias comunidades; por eso siempre los de un mismo rancho llegaban en bola, todos juntos, muchachos y muchachas. Así se podía ver cómo llegaban los de Jonotal Azteca, que se me olvidó mencionarlo hace rato. Ellos venían en grupo, listos para la bailada. También los de Tuzancali. Lo mismo sucedía cuando los bailes se hacían en la Pahua Grande, llegaba gente de diferentes ranchos… Todos en bola, en grupos… Al centro las muchachas. Siempre así fue.
Notas
1. Tlapechtli o palco: Cama o entarimado. Construcción muy alta hecha con cuatro horcones y rematada con una plataforma de tablas sobre la cual es común construirse una pequeña enramada con de hojas de sabino, de tronadora, tule, palma o pericón, que además de proteger a los músicos del rocío o sereno de la madrugada, permite desempeñarse en un espacio fresco, agradable y oloroso a hojas silvestres. Este elemento del huapango también es conocido como: periquera, palco, tarango, tablado, tepanco, tapeile, kwatlapechtli y repisa.
2. Cantadores o cantores: Toda persona que se acercaba al tlapechtli o palco a cantar, una vez que le tocaba su turno. Anteriormente los músicos de huapango solo eran dos (un violinista y un quintero), un dúo; la jarana huasteca -ya presente en la región desde finales del siglo xvii se incorpora tardíamente para formar el inmejorable trío huapanguero. Por regla general, en aquellos tiempos, los músicos eran precisamente eso, únicamente músicos, y no estaban obligados a cantar, aunque lo hacían y lo siguen haciendo. Siempre en el campo abundaron los cantores de huapango. Además, proliferaban los sones brincados, sones corridos, sones de parabién, sones huapangueados, jarabes y medios huapangos que no necesitaban cantarse porque eran y son instrumentales. Y como en la mayoría de las comunidades no se hablaba el castellano, se cantaban en lengua Originaria solamente algunos huapangos; por eso el cantor era necesario y vital, pues conocía el castellano y la lengua de la comunidad.
Tlayoltiyane es un trío formado por tradición familiar, como en muchos de los casos, e integrado por el padre y dos hijos que fueron instruidos en el manejo de los instrumentos huapangueros dentro del propio hogar. Desde su origen se han dedicado a la inter pretación de la música huasteca tradicional. En 2016, la UV nombró “Año de Tlayoltiyane” a la celebración por su trigésimo aniversario. (Archivo Dirección General de Difusión Cultural UV).
La Manta y La Raya # 15 septiembre 2023 ________________________________________________________________________
El son huasteco, identidad musical de una región
Jesus Camacho Jurado
María Eugenia Jurado Barranco
Carlos Arturo Hernández Dávila
Lo que se conoce como son huasteco no es el único tipo de expresión musical que caracteriza a la Huasteca. En ésta existe una gran diversidad de manifestaciones sonoras que son poco conocidas y menos aún valoradas. Los pueblos indígenas que habitan este espacio: teenek, nahuas, otomíes, tepehuas y totonacos son portadores de una herencia musical que se plasma generalmente en lo que se denominan sones de costumbre. Sin embargo, éstos no son reconocidos como parte importante de la identidad cultural de los grupos de la región, a pesar de que mantienen un diálogo musical constante con el son huasteco. Así, este trabajo tiene dos propósitos centrales: por una parte explicar por qué el son huasteco ha sido emblemático para definir una región cultural; y, por otra, analizar las características musicales de los sones huastecos y de los sones de costumbre con el fin de encontrar sus semejanzas y diferencias.
Es importante aclarar que el mundo musical de la Huasteca es tan amplio que sería ambicioso tratarlo en tan breve espacio, por lo que en este trabajo nos centramos en el estudio del son huasteco y de los sones de costumbre que tienen una dotación musical similar: violín, huapanguera y jarana. El análisis se limita a la música de la Huasteca hidalguense, en concreto de los municipios de Huejutla y Atlapexco, espacios en los que hemos realizado trabajo de campo y se han registrado diversas expresiones musicales entre sus pueblos indígenas.
1. Son huasteco y son de costumbre
La Huasteca es una amplia región que comprende porciones de los estados de Guanajuato, Hidalgo, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Tamaulipas y Veracruz. Se ubica en el noreste de la república mexicana, entre la costa norte del Golfo de México y la Sierra Madre Oriental, entre los ríos Cazones y Soto la Marina (Ruvalcaba y Pérez Zevallos, 1996). En la región, el son huasteco es sello de identidad de mestizos e indígenas. Sin embargo, los nahuas de la Huasteca hidalguense, en especial los de Huejutla y Atlapexco, consideran que es un género propio de los mestizos, que a pesar de que ellos también lo interpretan, es música alejada de lo religioso. Las categorías que utilizan los nahuas de estos municipios para referirse al son huasteco son: cuicatl chinaco y/o tatzozoncayotl; y para el son de costumbre la de cuícatl huehuetlanamiquiliztli o xochicuícatl (véase Camacho Jurado y Jurado, 2012). Uno refiere a los chinacos como sinónimo de mestizos, que en el siglo XIX lucharon para lograr la Independencia de México y en las diversas invasiones extranjeras que sufrió el país en el mismo siglo. No es gratuito que uno de los grupos en el que participó El Viejo Elpidio, Roque Castillo, Humberto Betancourt, Pedro Galindo y —más tarde, en 1934, Nicandro Castillo— llevara el nombre de Los Chinacos.(1) Mientras las categorías de los sones de costumbre refieren al pensamiento antiguo y a la música de flor.(2) Los nahuas de la región hacen una clara diferencia entre estos dos tipos de sones: el son huasteco y el son de costumbre. Para ellos, los sones de costumbre son de respeto y requieren seguir ciertas normas, como veremos en seguida:
Zonte (apócope de Zontecomatlán) es uno de los nueve municipios serranos que conforman la Huasteca Meridional, también conocida como Región de Chicontepec o Sierra de Huayacocotla. Por su situación geográfica, constituye uno de los municipios veracruzanos más aislados y marginados. Su presencia ante otros pueblos se explica de la siguiente manera: limita al NO con Ilamatlán, otro municipio apartado; al N con el estado de Hidalgo, es decir; Xochiatipan sería la población principal más próxima; con Benito Juárez al NE, pueblo de fuerte presencia indígena; al SE con Tlachichilco, municipio veracruzano más extremo; con Texcatepec al S y Huayacocotla (Huaya) al SO. Su altitud es de 570 m.s.n.m.; su superficie es de 216.33 km2. El clima es cálido extremoso y, en ocasiones, el invierno es crudo. Según datos del último censo, la población total del municipio suma 10,565 habitantes, de los cuales no más de 1,500 viven en la cabecera municipal. Las vías de comunicación con que se cuenta son muy limitadas y, de hecho, a Zontecomatlán sólo se puede acceder por dos terracerías en muy mal estado, una de las cuales se desprende de Huayacocotla y la segunda viene de Benito Juárez, tomando rumbo en El Paraje. Estos caminos, que se unen en Zonte, están en proceso de mejoramiento y se espera que muy pronto se dignifiquen, ya que además de serle útil a la población serrana, significaría una ruta directa hacia la Ciudad de México.
Independientemente de la nomenclatura formal que pudiéramos emplear, el municipio en cuestión se localiza en la zona conocida localmente como La Cañada, inmenso, tajo por donde transitan las azulosas aguas del Río Zontecomatlán, cuyo caudal se forma por los nacimientos del Cerro Plumaje y se enriquece con los tributos del río proveniente de Pino Suárez, que se hermanan en el propio poblado. Kilómetros más abajo, este manto diáfano transita junto con el Río Garcés o Xoxocapa; después, se suma el Río Hules para formar, en Acececa, el Río Calabozo, tributario mayor del Pánuco. En toda esta travesía, ya no tan transparente puntos abajo, estas aguas van de-lineando y conformando pueblos y comunidades indígenas o mestizas cine eventualmente viven de la pesca (sobre todo de una variedad de miriápodos llamados ateuitla que, como bien lo señala el paisano Ildefonso Maya Hernández, se pescan a pedradas) y cotidianamente utilizan sus aguas para lavar y para beber. El río es un elemento valiosísimo para la • vida de este pueblo y de las demás comunidades asentadas en sus márgenes, pues además de embellecer el paisaje serrano, brinda muchos beneficios para la sobrevivencia.
En cuanto a los aspectos económicos se refiere, la población de este municipio se dedica fundamentalmente a la agricultura y, en menor escala, a la ganadería. En cuanto a la primera actividad, es de subrayar la importancia que tiene la producción chilera. En todo el municipio, y comunidades aledañas, la siembra de este producto es sobresaliente. Aquí se cultiva una clase llamada regionalmente xohchili al que, después de madurar, seleccionan y desvenan para someterlo al rucio sacrificio del kopili para quedar transformado en el famoso chilpoctli, delicia de la cocina nacional e internacional. Grandes cantidades de este producto despacha Zonte cada año a distintas partes del mundo.
EI evidente aislamiento geográfico y la marginación social de este municipio (más lacerante en épocas pasadas) ha posibilitado, prácticamente, la existencia de añejas pautas socio-culturales que han sabido mantenerse a flote y sobrevivir a la pretendida masificación. Una de esas expresiones de la cultura local que ha trascendido hasta estos días, ha sido la música; sobre todo la música de huapango o son huasteco, que en la zona de La Cañada guarda un especial atributo que la distingue del resto de la Región Huasteca; y teniendo a Zonte como importante ámbito natural, hemos llamado a este antiguo estilo huapanguero: Son Zonteño. Una de las peculiaridades de esta variante huapanguera, es la antigua factura acusada en la mayoría de los sones y huapangos (y en algunos de sus pocos músicos) del repertorio tradicional. Encontramos en esta área —que involucra a comunidades de otros municipios— una serie de sones (aunque algunos de ellos ya son cantados) raramente presentes, o definitivamente desconocidos, en el repertorio del resto de la Huasteca. Todo este universo sonoro es, repetimos, prácticamente desconocido e inédito. Su permanencia y desarrollo ha estado en mano de los músicos locales, cuyo número va a la baja. Infinidad de sorprendentes sones siguen alegrando la fiesta zonteña por excelencia: el carnaval, que acá tiene un mágico contenido y un inacabable desarrollo. Actualmente, en términos generales, se puede mencionar a dos personalidades del Son Zonteño: Serafín Fuentes Marín y Élfego Villegas Ibarra; ambos, músicos completos del género huasteco; excepcionales cantores y conocedores de esta tradición. Por lo que respecta al Profesor Serafín Fuentes Marín, nació en Zontecomatlán el 12 de octubre de 1923. Su padre era originario de Yatipán, Hidalgo; y su señora madre era de Zonte. Don Galo y Doña Sofía se conocieron aquí en el pueblo y, tiempo después, se casaron. Nos comenta el profesor Serafín que su infancia estuvo llena de privaciones, debido a la pobreza material de sus padres. Esto lo obligó a que, de niño, anduviera siempre acarreando leña en sus espaldas, puesto que su señora madre hacía pan, chorizo y tamales para vender. Este niño que acarreaba leña de los cerros, en sus ratos libres oía a don Ramón Ortega tocar su viejo violín.. Cuando don Ramón iniciaba su vespertina tarea, Serafín se acercaba sigiloso para aprenderle todas sus vueltecitas al momento de ejecutar un son viejo. Cuando ya tenía suficientes sonidos en la memoria, se devolvía a casa y al otro día, ya pardeando, volvías por más. De este modo aprendió a afinar el oído y a pulir su gusto por el huapango. Después, empezó a escuchar a don Arnulfo Álvarez Fuentes y a sus hermanos Enrique y Jesús, de los mismosapellidos. Todos ellos muy buenos huapangueros, además de ser sus parientes. Esto último, si lo seguimos señalando resultaría muy reiterativo, puesto que en este pueblo —como en muchos otros del mismo tamaño— todos, de alguna manera, son parientes. De este modo don Serafín se decidió a aprender a tocar el violín y, al paso del tiempo, lograr hacerlo el instrumento de su predilección; pero, en esos días de pobreza, el problema mayor era cómo agenciarse un violín. El asunto se resolvió una tarde que fue a leñar; allá en lo alto del cerro se encontró un buen tronco de jonote con el que empezó a construirse un riístico violín de aprendiz. Con esta madera elementalmente devastada,. se inició en el oficio de violincro. Tiempo mas tarde, el profesor Melquiádes López Pacheco le prestó un violín propiedad de su sobrino Irineo del Valle. Con este nuevo instrumento mejoró un poco más su aprendizaje. Más adelante, unos zonteños que radicaban en la Ciudad de México, O. E, entre ellos su tío Ernesto Fuentes Ortega, regalaron un violín al pueblo, y el general Élfego Chagoya regaló un clarinete de doble cadencia y una batería. Con esos instrumentos se formo una orquestita. Con ese violín; ya hecho en fábrica, se fue enseñando un poco más. Continuó ensayando piezas, valses y huapangos.
A otros importantes músicos que recuerda son: a don Evodio Pérez, don Daniel Ilernández (del Barrio Zoyotla). Nabor López, Lázaro Hernández (maravilloso vendedor de aguardiente que se valía de su violín para atraer a los clientes a quienes, una vez concluido el son, les despachaba, desde arriba de su mula que cargaba los barriles o castañas, aytí-dándose con una manguera), Pedro Reyes, (campesino del Barrio Tecuapa), Pino Hernández, Nabor López, Mauricio Hernández y Fuentes, Teófano Hernández. Cliserio Hernández (que llegaba al pueblo con sus disfrazados para bailar en el carnaval), estos eran los violinistas de antes, todos fallecidos, menos Teófono que radica en la Cd. De México. Los violinistas de ahora son más escasos, se reducen a Margarito Saavedra y a Roy Jiménez. En cambio, guitarreros siempre ha habido más. Los de antes eran: don Lino Herrera (también tocaba jarana huasteca, aunque no estaba integrada al conjunto), Víctor del Valle Herrera (alegre y pícaro a quien don Serafín le hizo un huapango), don Juaquín López (don Juachi), Aurelio López, Salomón Morales, Genaro Sagahón, Enrique Álvarez Fuentes, Jesús Villareal Cordero, Fernando Moreno, José López, Aurelio López y Timoteo Naranjo. Ahora se pueden nombrar a Fego Villegas Ibarra y a los hermanos Arturo, Eduardo y Víctor Fuentes Castro; a Lino Olivares Fuentes, Margarito Saavedra, Roy Jiménez, José Jerónimo (de La Candelaria),, Benito Tolentino (Barrio de Tetipa) y a Braulio Sandoval (Barrio Zoyotla).
Para este tiempo, nos cuenta el pro-fesor, ya se oía al Viejo Elpidio Ramírez, cine había salido de Xoxocapa -llamatlán, Veracruz- a probar suerte a México, D. E, y de él tomó algunas cadencias cuando lo oía en la radio, ya que el Viejo tocaba con un estilo muy parecido al son zonteño porque Xoxocapa —tierra natal de Elpidio, hombre que se adjudicó toda la preciosidad de nuestro repertorio huapanguero— queda cerca de Zontecomatlán. Ya para 1949, Fuentes Marín emigró para la Ciudad Capital a buscar acomodo como músico. Apoyado por el torero Rafael Flor, junto con otros músicos de guitarras sextas, llegó a tocar en algunas radiodifusoras. Un día, cuando tenía actuación en la radio, mandó una carta. a Tayde Fuentes Cordero, en la que le decía: “Si gustan oírme tocar huapango por la radio, echen a anclar la planta; yo toco a las 16:45…” En Aquellas épocas había una fuente de luz cine había obsequiado al pueblo el memorable don Estanislao Villegas, mejor recordado como don Tanis. Fue la prime-ra vez que los zonteños escucharon a un coterráneo por la radio. Don Víctor del Valle Herrera (guitarrero de don Serafín aquí en este solar y alma del carnaval zonteño), también escuchó la radio; y una vez que Fuentes Marín vino de paseo al pueblo, le dijo: “Hermano Finso, cuando te oí tocar por radio, hubiera querido estar ahí adentro…” Pero el des-tino de don Serafín definitivamente no estaba en el altiplano… Regresó a su tierra un poco desilusionado por no haber encontrado compañeros que lo hicieran fuerte. A la fecha, aún se lamenta de no haber corrido con tan buena suerte… Así se inicia en lo que ha bautizado como su orfandad. Parecía ser que el infortunio lo perseguía, porque a los pocos días de su retorno, su mejor guitarrero. don Víctor del Valle Herrera, el cacahuate, falleció “envuelto por la selva , por el arrullo del viento al azotar las hojas” como prefiere decirlo don Finso. Este fue el inicio, ya no (ligamos (le la orfandad, sino de una persistente soledad. El tiempo corrió, y un buen día aparece por su casa Fego Villegas y maduran un buen dúo tradicional, que era el modo de hacer huapango, ya que el trío nació después. Fego asimiló y perfeccionó la tradición con don Serafín y fue por un buen rato su buen guitarrero.
Élfego Villegas Ibarra nació en Zonte el 19 de abril (le 1944, y para ese tiempo era tul joven interesado en cap-tar y entender la cultura de su pueblo. Se desempeñaba allá en varios oficios: la ebanistería, transmitida por su señor padre; la laudería, captada por la profunda capacidad de observación; y, entre otras cosas, la buena voz y el excelente sentido musical. Cuando Fego se va a radicar a Xalapa, Veracruz, en 1974 para integrarse al Grupo Tlen-Huicani de la Universidad Veracruzana, don Finso retorna nuevamente a la soledad, y es cuando aparece Timoteo Naranjo Mérida con quien comparte varios años la tradición huapanguera en bailes, actos cívicos y en parrandas caseras. Desafortunadamente Timoteo, también ebanista, tornó un sendero que, a la postre, lo llevó a la tumba hace un par de meses. También con la muerte de Timo el Son Zonteño pierde a un buen elemento. Actualmente, a don Serafín le da gusto que uno venga de paseo por Zonte, porque así puede ejecutar su música, y sobretodo si vienen los Villegas. Ya estando acá, podemos comprobar también la excelente eficacia de don Serafín como anfitrión, porque los alimentos se deben de tomar a la hora, sin ningún retraso. Ya aquí. en la tranquilidad de su vieja casa tradicional, se le puede apreciar, con sus 76 años a cuestas, sentado ahí en el corredor sosteniendo amena plática con los vecinos y amigos; y ya por la tarde, se van acercando algunos jóvenes deseosos de aprender su arte; entre ellos destacan sus ahijados- a quienes les está enseñando. A estas alturas, ya Margarito Saavedra es uno de sus aventajados alumnos.
Hoy, además de Villegas Ibarra, acompañan en este fonograma al maestro Serafín el profesor Daniel Jácome Gómez. músico originario de Las Mesillas municipio de lxhuatlán de Madero. Veracruz, que durante 30 años se desempeñó como integrante del Grupo Tlen-Huicani de la U.V., y junto con Villegas también formó el trío Los Cantores de la Huasteca, grabando varios discos.
El trío huasteco que hoy estamos escuchando, está integrado por don Serafín Fuentes Marín (violín y primera voz), Élfego Villegas Ibarra (guitarra quinta huapanguera y voz) y en la jarana huasteca Daniel Jácome Gómez.
EL PROGRAMA
1.- La manta vieja (Son tradicional. Letra de S. E M.). Son muy tradicional, escuchado en las épocas de la infancia de don Serafín a don Pedro Chávez, a Eladio Ramírez; después, a Julián Ramírez y a Federico. Cuando don Serafín tenía 10 años de edad, don Pedro Chávez ya era un hombre de 75 años. Eladio también ya era mayor; ambos eran indios y vestían de manta, a la usanza antigua. Don Julián era mestizo y nativo de Xoxocapa… Cuentan que el viejo Elpidio venia a tocar a Zonte en las épocas del carnaval y que también lo hacía todos los fines de semana para huapanguear Este son no tenía letra y don Serafín se la puso allá por 1950 para alegrar un poco más al carnaval. Este son se baila zapateado y es de los más gustados por los disfrazados que van bailando casa por casa, en comparsas formadas por parejas de varones que se visten de viejos y viejas, es decir, varones y mujeres. Existe otro son de La Manta, pero es distinto, un poco anterior a este.
2.– La llorona (Son tradicional. Letra de S. E M.). Son antiguo sin letra fija, ya que se cantaba utilizando versos sueltos o variados, al cual don Serafín le hizo la le-, tra en 1953. Se trata (le un son que pue-de tocarse en cualquier etapa del carnaval, fiesta que se inicia un viernes antes del miércoles de ceniza. Se anuncia golpeando innumerables latas y echando cohetes desde la madrugada del viernes. Se trata de tina variante muy especial de la Llorona. digamos, nacional; pero con otro encanto, mismo que la naturaliza en imite, donde se ha tocado y escuchado desde los tiempos pasados.
3.– La chachalaca (Son tradicional de carnaval). Este son se cantaba únicamente con versos sueltos. Don Serafín hizo la letra recientemente. Se habla de que se acostumbra dentro del repertorio zonteño desde hace muchos años, expresión que no arroja mucha luz sobre su antigüedad. pero que al menos libra de la preocupación a nuestros informantes. Tanto en su melodía como en su ritmo es distinto a la otra chachalaca, son o huapango a quien don Nicandro Castillo y don Temo Villeda tratan de emparentar, no sin justa razón, con el ranchero potosino.
4.– El perro (Son tradicional) Este son se baila un poco más zapateado, razón por lo cual los disfrazados lo solicitan a menudo, ya que se presta para realizar múltiples evoluciones. Antiguamente se cantaba con versos sueltos, alguno de los cuales hacía referencia al nombre del son; pero don Serafín, según él para hacerlo más carnavalesco, le com-puso una letra en donde se hablara más del perro, animal que en Zonte, como en muchos otros lugares, está íntimamente ligado con la casa y las actividades de la cacería.
5.– Carnaval zonteño (Son tradicional. Letra de S.E M.) Este son, que ya existía de manera instrumental (como todos los sones), fue elegido por don Serafín para rendirle un merecido tributo a la fiesta zonteña por excelencia: el carnaval. Se pueden apreciar en esta composición todos los pormenores de las carnestolendas huastecas (le esta zona.
6.– Son de carnaval (Son tradicional). Se trata de un son huapangueado sin letra. De este tipo de sones existe una infinidad, situación que ha propiciado desde tiempo atrás que muchas personas se los adjudiquen, una vez habiéndoles puesto letra y colmo! hasta un chocante nombre. Estas antiguas obras musicales huastecas. aunque sean anónimas y carezcan de un nombre específico (porque nunca lo tuvieron, porque no lo necesitaban o porque con el paso de las décadas se olvidó), son de mucha utilidad y en el huapango tienen una función vital, ya que los músicos (que no necesitan de esas referencias al momento de ejecutarlos dado que sólo vienen a la memoria y ya) los emplean para que descansen los cantores y para que los bailadores cobren nuevos bríos. Por algo llegaron a nuestra época de esta manera. Don Serafín pertenece al grupo de esos compositores actuales que no necesitan apropiarse de la obras musicales populares para tener presencia en el medio huapanguero. Él es honesto y las cosas las dice cual son.
7.– La mariposa (Son tradicional. Letra de S. E M.). Se trata de otro de los grandes sones huapangueados muy solicitados en el carnaval. La melodía de este son inspiró en don Serafín la nueva letra que hoy lo acompaña y que en Zonte ya todos se saben.
8.– Azucena bella (Son tradicional. Letra de S. E M.). En 1958 el profesor Serafín compuso la letra de este son del repertorio tradicional, y nos comentó que es muy distinta en muchos aspectos a la azucena bella que grabó el Viejo Elpidio. En el carnaval o en cualquier otra ocasión se toca esta Azucena, hoy ya integrada al huapango en toda la huasteca.
9– La primavera (Letra y música de S. E M.) Huapango cuyo arreglo se inició en 1953 y fue concluido en 1960. Nace cuando don Serafín se extasiaba con la pre-sencia de la “estación más deliciosa” y todo lo que ella significa: canto de aves, vuelo de mariposas, presencia de flora-ción en campos y jardines domésticos. Desde 1953 se introdujo al carnaval.
10.– El pájaro cu (Son tradicional) Nos cuenta el profesor Serafín cine’ conoció este son ya con el estribillo, hoy muy viejo, que aludía al ferrocarril, concretándose él sólo a hacerle unos versos para enriquecer un poco más la temática; pero que el nombre del son es el tradicional y que no se trata de ninguna copia actual.
11.– El volado gavilán (Son tradicional. Letra de S. E M.) Este son pertenece al carnaval zonteño. La letra fue compuesta con los fines ya señalados en otros sones. Actualmente ya se canta para alegrar la fiesta.
12.– Son de carnaval (Son tradicional) Son huapangueado. Se baila muy zapateado. Forma parte fundamental del repertorio usado, sobre todo, para el carnaval.
13.– La chuparrosa (Son tradicional. Letra de S. E M.) Se trata de otro son del carnaval y con letra reciente. Su ritmo es huapangueado. Es considerado un son muy antiguo y muy bailado en el carnaval.
14.– Teresa Dolores (Tradicional. Letra de S. E M.) Son viejo del carnaval. La letra fue hecha hace varias décadas. El baile de este son es muy lento, obedeciendo a la cadencia y ritmo del mismo.
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El trabajo que hoy presentamos constituye, sobre todo, un merecido homenaje y reconocimiento profundo a la persona del profesor Serafín Fuentes Marín por su importante presencia y trabajo a favor de la música tradicional de la Huasteca, a la que ha dedicado toda una vida como músico, compositor, cantor y entusiasta sostenedor del carnaval, ámbito donde el son y el huapango pueden alcanzar su máximo desenvolvimiento y desarrollo. Asimismo, queremos dejar un testimonio musical del maestro, tal y como lo han solicitado muchos músicos de nuestra región. A este reconocimiento se han sumado también el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y la Dirección General de Culturas Populares a través del Programa de Música Popular que coordina el Antropólogo Fernando Híjar S. Reiteramos nuestra gratitud al Antropólogo Alfredo Delgado Calderón, Subdirector de Arte Popular de la D.G.C.P., por su decidido apoyo, respaldo y comprensión para que este fonograma pudiera realizarse. Asimismo, patentizamos nuestro agradecimiento sincero a la Antropóloga xalapeña Raquel Torres Serdán por su apoyo decidido para la organización de este material; de igual forma, agradecemos ampliamente al maestro Manuel Vazquez Domínguez y a la Empresa SIGMA, por el trabajo de tantas horas en beneficio del formato final de Son Zonteño. Finalmente, y cumpliendo con un deseo especial del maestro Fuentes Marín, dedicamos cumplidamente este trabajo al pueblo de Zontecomatlán de López y Fuentes, Veracruz, por ser una tierra sostenedora del son y del huapango; pero sobretodo del precioso carnaval, fiesta que permite bailar, de la noche a la mañana, durante cinco largos días. También nos recomendó el maestro poner mucho cuidado en lo siguiente: no olvidar hacer mención que, este trabajo que hoy escuchan, salda totalmente la deuda que contrajo con ustedes m 1949, año del corto exilio voluntario.
Román Güemes Jiménez.
Tecalantla, Veracruz.
Octubre de 1999.
Notas
(1) Término introducido y empleado por Alfonso Medellín Zenil en Exploraciones en la Región de Chicontepec o Huasteca Meridional, Temporada I, Xalapa-Enriquez, Ver., 1955. Editora del Gobierno de Veracruz, 1982.
(2) Del náhuatl tzontecomat (jícara en forma de cabeza) y del locativo abundancial —tla(n). Lugar donde hay abundancia de tzontecómatl. Existe la tendencia de traducir el topónimo como “el río de las calaveras, suponiendo que la palabra clave es tzontecomitl, cabeza, alejándose de la búsqueda. Si Cuatecontaco significa “En el lugar del cuatecómitl, huaje cirial o cuatecomate”. ¿Por qué no pensar que Zontecomatlán es el lugar del tzontecómatl, una posible variedad de jícara con la forma ya especificada?
(3) Xohchili o xochili, literalmente significa “chile verde”, aunque podría pensarse que, por los dibujos y ralladuras que presenta el producto, la partícula xo– pudiera indicar “florido”.
(4) Copili, construcción de varas y lodo, en forma de horno, que se emplea para ahumar el xolichili. Localmente se castellaniza como copil.
(5) Chilpoctli, su significado más inmediato es “chile expuesto al humo”. En todo nuestro país se le conoce con el nahuatlismo chipotle o, peor aún, como chile chipocle.