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De heredar un oficio

La Manta y La Raya # 19                                                 septiembre  2025 ________________________________________________________________________

De heredar un oficio

Wendy Cao Romero

Esteban Utrera Lucho –Utrera, para la familia– aprendió el oficio de hacer casas, de su papá Esteban Utrera Nolasco, allá por 1930. En ese entonces, el monte ofrecía árboles enormes de cedro, laurel, roble, dagame y, también, palmas de yagüa, palmas reales y palmas de marrachao, altísimas, recias pues, para sacar el ajuar de una casa.

El Ajuar

Utrera se iba al monte con Camerino y Tacho para labrar todo lo necesario para el ajuar de una casa. Llevaban las hachas bien afiladas y envueltas en un trapito que doña Reyna les daba. Los machetes, su tecomate de agua y su lonche.

La salida era muy tempranito, con la luna menguante en pleno o, al menos, antes de que hiciera el cinco la luna. Primero escogían la palma de marrachao. La derribaban y una vez abajo, la perfilaban con el hacha y le sacaban 4 vigas, luego otra palma para los pies de tijera. Una vez labrado todo el ajuar, se acarreaba a caballo a donde se iba a plantar la casa. El sardinel o cimiento también había que conseguirlo, se ocupaba palma real, de marrachao o algún árbol derecho.

Al otro día había que ir por 80 cañas de otate que son las que se usan para tapijoles, contravientos, zopiloteras, redondos y para las agujas. Los postes, de corazón de cocuite, moral, javí o palo tinta, quizás ya los tenían previamente apalabrados. Ahora se usa colar con concreto los 8 postes que lleva una casa de 12 varas. 

Al tercer día, había que cortar también las pencas de palma necesarias para la techa, además de otras pencas para sacar el palmiche (centro rígido de la palma) y cercar. Si era posible, el cercado se hacía de palma de yagüa que es más ancha y cubre mayor superficie y que, además, garantizaba al menos un siglo de duración, pero ahora 10 palmas de yagüa ya no se encuentran.

Quizás la cerca sería de madera de nacaxtle, jobo, mango o pepetaca y entonces la cuadrilla Utrera se iba al monte con la sardina, (serrote largo para aserrar un árbol completo), lima de media caña para afilar la sardina, machete, el tecomate de agua; y siempre iba Román Cobos “Tío Rumba”, que era el compañero de Utrera, también conocido como Chao.

La Jaula

Lo primero que hacía Utrera era orientar la casa con el norte siempre a la retaguardia, o sea en la culata, después a marcar los hoyos para clavar los 8 postes. La medida la sacaba con una cuerda torcida calculando doce varas, la doblaba en 3 y salían 4 partes iguales y en cada doblez, le ponía un palito a manera de marca, luego eso lo ponían sobre la tierra y en cada marca iría clavado un poste. Se enterraban los postes, que no siempre eran derechos, y les labraban la oreja o taburete (muesca para que entrara la viga); luego  aseguraban los largueros con alambres, enseguida subían los 4 travesaños, uno arriba de cada poste. Más adelante se ponían los lagartos para darle fuerza a los travesaños.

A la par, otras gentes estaban armando los pies de tijera, ya con sus respectivos abalcones, para subirlos con cuerdas y montarlos en cada poste sobre los largueros. Entre cuatro sujetaban firmemente para cada lado y que la A no quedara ladeada. Con los 4 pies de tijera nivelados, se colocaban los contravientos (cañas para darle rigidez a la jaula) luego se clava la zopilotera (cañas rectas y largas) que va hasta la cumbre, donde irá el caballete. Luego, las cintas a la mitad y a lo largo del techo. Una vez teniendo eso, se pone el redondo, que es una estructura hecha con cañas, a todo el perímetro de la casa donde van los tapijoles.

¡Viene el primer tapijoleeee! Empiezan a subir los primeros, los de las esquinas. Se amarran un poquito más abajo del redondo y en las esquinas para adentro. Utrera pasaba un palmiche de la medida de una vara y se colocaba otro tapijole para clavar cada uno en el redondo de la cinta y zopilotera. Se hacía el primer techo, de ahí se iban el segundo, luego a la culata del norte y, por último, la del sur. Al final, se cortan las puntas sobrantes, se revisaban los cruces de algunas cañas y se afianzaban con amarres de bejuco de lía, bejuco blanco o ixtle.

Utrera siempre era el director de la obra, también llamado puntero. Sus hijos y los hombres de la comunidad daban forma a la jaula.  Las mujeres estaban siempre atentas a que tuvieran comida y los niños, entre juegos, aprendiendo el oficio. Entre la sacada del ajuar, el corte de cañas, el corte de palmas, traslado, desgollar, tendido y techa, se podían llevar 2 semanas. Quizá esperaban al otro menguante para sacar la palma de la techa.

La Techa

Día 1.- La luna en cuarto menguante dará paso al corte de las pencas de palma real. Para techar una casa de 12 varas o tapijoles se usan alrededor de 600 pencas. A una caña de otate o a un tronco de chancarro recio se le cortan los bocados que servirán de escalones, pues hay que subirse 4 o 5 metros para llegar cómodamente a cortar cada penca. Tacho deja caer penca por penca y salen abejas, avispas, tlacuaches, mapaches, alguna petacoa o bejuquillo, iguanas y loros cabeza amarilla que ahí anidaban.

Abajo, la gente reúne palmas en montones. Cada 50, Camerino se pone una varita en la bolsa de su camisa para no perder la cuenta. Una vez que se cortan las necesarias, los chamacos empiezan a acarrearlas a caballo.

Se refrescan un momento y empiezan a desgollar penca por penca. Es importante que los machetes estén bien despalmados. Cada quien afila la moruna con su lima a la perfección, para que la palma se pueda doblar bien al otro día. La jornada termina con una comida de acuyo reventado con bolitas de masa, agua de sabor y unos toritos de limón.

Día 2.- Llegan tempranito con la fresca para doblar la palma que ya está degollada. A la sombra de los tamarindos, cada quien jala una penca y manotea como si estuviera boxeando hacia abajo.  Juapi, juapi, derecha izquierda, cruzando las manos para que se doblen los pelitos de la palma. Al ladito, entre dos, van tendiendo las pencas que les pasan los palmeadores y con un movimiento coordinado las ponen en el suelo, para sujetarlas con una caña a manera de peso. Y así se van una por una. Tienden varias camas de la palma planchada, pegadita, que reposarán al menos un par de días para que se hormen y estén listas para la techa.

Cambio de palma

Pasaron 10 años y la casa ya se llueve. Las palmas muestran goteras, porque ya se pudrió y es tiempo de cambiarla.

Llega la plebe cerca de las 7 de la mañana. Unos se suben a desbaratar la casa. Van cortando los amarres de la pita o bejuco de lía que ha resistido 10 años. Las palmas tostadas por el sol van cayendo una tras otra. Tacho se sube al almendro a cortar la fronda que le puede dar sombra a la palma y podrirla cuando caiga el agua.  Una vez que queda la jaula vacía, piden las escobas de malva para darle una barrida a las vigas, contravientos, cintas y tapijoles, pues han acumulado tierra, hojas, alacranes, nidos, telarañas y algún murciélago o nido de tatuana. Van llegando otros más que se quitan los zapatos esperando el llamado.

Al grito de ¡¡¡vámonos, p´arriba!!! Se suben los primeros 5 y tejen las dos culatas. Otros cuantos se suben para acomodarse en cada tapijole; o sea, 12 hombres en cada techo, abajo y de cada lado. Camerino es el líder que despatilla en un techo y Loncho en el otro, y llevan el control de los empates; otro las va pasando hacia arriba. Empiezan poniendo cabezona y cabezona en cada esquina, luego -donde se cruzan las colitas de las palmas- se pone el primer empate, y luego se sigue. Y al tercer tapijole de cada esquina se pone otro empalme y así sucesivamente, a manera de que el techo no se pandee. Lo hacen descalzos porque el pie ayuda a sostenerse mientras amarran apretadito. 

¡Pita chamacooooo! —gritan para que los más jovencitos les avienten amarres de rafia previamente cortados y hechos madejita. Romerito, desde adentro es quien se encarga de que las palmas vayan alineadas y pasa los hijos, (tablitas de maderas largas, que sirven para nivelar) cuando se requiere.

El sol está candente. Cada vez que pasa alguien, ya sea en moto, camioneta o a caballo, todos le gritan y le chiflan en señal de ¡venteeeeee!! Corren litros y litros de agua con hielo, lanzadas en botellas para calmar el calor.

Se nota cómo va subiendo el techo más sencillo de tejer. Los hombres, ya en pinganillas, amarran las últimas líneas mientras el opuesto, que está junto a otro techo, va más lento. Hay que pasar la palma sólo por la esquina y Tacho es quien pasa palma por palma hasta donde se necesite. En éste se tardan más. El cansancio del segundo despatillador es evidente y le pasa la estafeta a Camerino, quien ya ha terminado en el otro techo. Todos toman otro aire y le siguen, mientras los 12 primeros ya están refrescándose abajo del tamarindo, en la mecedora, otros echando caguama o un toro de jobo.

¡Palmaaaaaa!!! ¡¡¡Pasen la palma que ustedes no están en el sol!!! Gritan algunos.

Finalmente, el segundo techo llega a la cima y Tacho agotado pide a Nicho que se suba a poner el caballete, pues ya la fuerza lo abandona.

El caballete es lo que une a los dos techos y se enciman palmas sin degollar, las más grandes y frondosas previamente apartadas. Hasta abajo, la flecha que va en el centro con tres palmas. Luego, seis palmas formarán el lomillo y van de dos en dos hacia el sur; luego 3 flechas y 6 lomillo hacia el norte, y otras 3 de flecha al sur. En total 21, que se amarran con alambre a las 4 agujas, una en cada pie de tijera. 

Las casas de palma

Una casa de palma es la mejor opción para las calores que arrecian durante casi todo el año. Es muy acogedora, orgánica y durable, si se tienen los cuidados para que se mantenga seca y no se pudra. Sus techos altos permiten tener tapancos para guardar el maíz, vaporeras, ollas grandes y todo lo que no se use a diario.

Su oscuridad es perfecta para dormir, sobre todo si está cercada y las juntas bien rellenas. La cerca puede ser de madera o de palmiche y, al palmiche, se le repella con una mezcla de estiércol de vaca, combinado con baba de nopal y cal. Por dentro se pega con engrudo, papel periódico, papel de estraza u hojas de revistas, y así evitan que se cuele el viento y el frío. El piso de tierra apisonada ayuda para que sea aún más fresca y las ventanas o portalones van amarrados de la parte alta y se levantan y sujetan a la viga. Las puertas se amarran por un lado, a manera de bisagra y se cierran con un perno. Cuando hay fandango se baja la puerta de palo y sirve de tarima.

Esa es la casa de palma que yo recuerdo. Ese es el trabajo que me maravilló cuando llegué a El Hato a casa de Esteban Utrera y familia, quien ataba su hamaca de palma torcida hecha por él, a lo ancho en su sala, bajo el maíz mancornado recién cosechado que cuelga en las vigas a resguardo de los pichichis.


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Aquellos tríos rancheros de los años 1980

La Manta y La Raya # 14                                                              marzo  2023 ________________________________________________________________________

Aquellos tríos rancheros de los años 1980

 

Francisco García Ranz

 

 

Introducción

Ahora con la publicación de Guinda 1982, grabaciones de campo y textos disponibles a través de la Fonoteca de La Manta y La Raya, me resulta más fácil escribir sobre los tríos rancheros que conocí en Tlacotalpan y Santiago Tuxtla entre 1981 y 1983. Estos conjuntos jarochos de músicos campesinos con guitarra de son y dos o tres jaranas, ya en vías de extinción para ese entonces (aunque yo no lo sospechaba), se convierten para finales de esa misma década en vestigios y recuerdos inclusive de un pasado remoto. De los cuatro trios a los que me voy a referir solamente uno, el trío de don Guadalupe Casarín del rancho El Marqués (muy cerca del 6 de Enero), municipio de Tlacotalpan, continuó activo, participando todavía en las parrandas y fandangos de fin de año de su comunidad hasta los inicios de los años 2000. Considero que con ellos terminó una época importante de música jarocha campesina de gran riqueza, asociada geográficamente con músicos campesinos de las “tierras bajas” de las faldas de Los Tuxtlas, una región intermedia entre las “tierras altas” tuxtecas y los grandes llanos, “un cruce de caminos histórico” parafraseando al maestro Alvaro Alcántara, conformada por una población mestiza, menos indígena y tal vez más afromestiza con respecto a la población de las “tierras altas”. 

Revista núm. 14  en formato PDF (v.14.1.1):

 

Artículo suelto en formato PDF (v.14.1.1):

 

 

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La guitarra de son Libro 2, sones por cuatro

La guitarra de son,                                                Sones por cuatro                                                             Libro segundo  Edición Digital 2021

         Francisco  García  Ranz      Ramón  Gutiérrez  Hernández

Presentamos una segunda edición, ahora digital del libro II La guitarra de son, sones por cuatro. Una primera edición de esta obra la publicó el Taller La Hoja en 2010 con un pequeño tiraje; alrededor de 300 ejemplares salieron a la luz pública. A 10 años de su primera publicación, el trabajo ha sido revisado y se han hecho modificaciones mínimas con respecto a la edición 2010, sin embargo, se han eliminando repeticiones y explicaciones redundantes. El cambio más importante efectuado en la obra, además del nuevo formato, es la introducción del término temple, muy común todavía en algunas tradiciones latinoamericanas. Sobre este tema también puede consultarse el libro 1 de la serie en su edición digital 2021.

F. García Ranz                                                                                                                       Tepóztlán, Morelos.                                                                                                                                               Octubre 2021.

 

La guitarra de son. Sones por cuatro, Libro 2°, PDF (v.1.0.1):

 



Grabaciones 

Registros y arpégios   Grab. núm. 1 – 5.             PA01_01-05

 

El piojo   Grab. núm. 6 – 9.                                                 PA02_06-09

 

El colas   Grab. núm. 10 – 14.                                           PA03_10-14

 

El jarabe   Grab. núm. 15 – 20.                                         PA04_15-20

 

Registros y arpégios   Grab. núm. 21 – 24.          PA05_21-24

 

La bamba   Grab. núm. 25 – 28.                                    PA06_25-28

 

El ahualulco   Grab. núm. 29 – 32.                           PA07_29-32

 

La guacamaya   Grab. núm. 33 – 36.                     PA08_33-36

 

Registros y arpégios   Grab. núm. 37 – 40.          PA09_37-40

 

El zapateado  Grab. núm. 41 – 44.                         PA10_41-44

 

El pájaro Cú   Grab. núm. 45 – 48.                           PA11_45-48

 

El balajú   Grab. núm. 49 – 52.                                   PA12_49-52

 

Registros y arpégios   Grab. núm. 53 – 56.          PA13_53-56

 

El fandanguito   Grab. núm. 57 – 60.                        PA14_57-60

 

La morena   Grab. núm. 61 – 64.                                 PA15_61-64

 

Registros y arpégios   Grab. núm. 65 – 66.          PA16_65-66

 

El fandanguito   Grab. núm. 67 – 71.                        PA17_67-71

 

La morena  Grab. núm. 72 – 75.                                     PA18_72-75

 

Registros y arpégios   Grab. núm. 76 – 77.          PA19_76-77

 

El cascabel   Grab. núm. 78  – 83.                                PA20_78-83

 


Grabaciones.  Ejemplos musicales de referencia

El Piojo

  1. I. Medel, J. Zapata e I. Quezadas 1983.  (Grab. F García Ranz)

2.  Son De Santiago 1995. (Discos Pentagrama)

3.  Juan Pólito Baxin 2003. (Grab. Alec Dempster)

 

El Colás

4. Dionisio Vichi, Los Vichi  1999. (Grab. Alec Dempster)

5. Pedro Gil y Luis Campos 1982. (Grab. F García Ranz)

6. Isidro Nieves 2008. (Grab. Alec Dempster)

 

El Jarabe

7. Esteban Utrera 2007. (Grab. Alec Dempster)

8. Juan Polito Baxin 2003. (Grab. Alec Dempster)

9. Noé González García, Tacoteno 1967. (INAH-15)

 

La Bamba

10. Dionisio Vichi, …  1976. (Discos Corazón)

11. Esteban Utrera 2007. (Grab. Alec Dempster)

12. Isidro Nieves 2008. (Grab. Alec Dempster)

13. Andrés Vega  1992. (Grab. F García Ranz)

 

El Ahualulco

14. Félix y Arcadio Baxin 1998. (Las Voces del Cedro)

15. Juan Polito Baxin 2003. (Grab. Alec Dempster)

16. Esteban Utrera 2007. (Grab. Alec Dempster)

 

La Guacamaya

17 Esteban Utrera 2007. (Grab. Alec Dempster)

18 José Palma Valentín, Son de Santiago 1995. (Discos Pentagrama)

19 Isidro Nieves 2008. (Grab. Alec Dempster)

 

El Zapateado

20 Esteban Utrera 2007. (Grab. Alec Dempster)

21 Juan Pólito Báxin 2003. (Grab. Alec Dempster)

22 Isidro Nieves 2008. (Grab. Alec Dempster)

23 Noé González García, Tacoteno 1967. (INAH-6)

 

El Pájaro Cú

24 Isidro Nieves 2008. (Grab. Alec Dempster)

25 Grupo Chacalapa 2000. (Sones de Muertos y Aparecidos)

26 Nazario Santos, Alma Jarocha del Blanco 1986. (Grab. F García Ranz)

 

El Balajú

27 Andrés Vega, A. Hidalgo y Mono Blanco 1981.  (Discos Pentagrama)

28 Esteban Utrera 2007. (Grab. Alec Dempster)

29 Isidro Nieves 2008. (Grab. Alec Dempster)

 

El Fandanguito

30  Andrés Alfonso y Julian Cruz, 1963. (Folk. Mex. Vol II, INBA)

31 Dionisio Vichi, Juan Zapata,…  c. 1967. (INAH-15) 

32  Ramón Gutiérrez y Laura Rebolloso 1997. (Son de Madera) 

La Morena

33  Esteban Utrera 1998. (Las Voces del Cedro)

34  Noé González García, Tacoteno 1967. (INAH-15)

35 Juan Regalado,…  2004. (Soneros del Tesechoacán)

 

El Cascabel

36 Andrés Vega 1995. (Sones Campesinos)

37 Isidro Nieves 2008. (Grab. Alec Dempster)

38  Pedro Gil y Luis Campos 1982. (Grab. F García Ranz)

 

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Antiguas voces del cedro

La Manta y La Raya # 6                                                                noviembre 2017


Antiguas voces del cedro                             Memorias de Sotavento                             Grabaciones de campo 1991-1997

Wendy Cao Romero
Producción General

Grabaciones de campo
Guillermo Pous Navarro
Pablo Flores Herrera
Wendy Cao Romero
Alec Dempster

Fotografía
Agustín Estrada, Rodrigo Vázquez
Carola Blasche, S. Alberto Vázquez

Edición especial
Xalapa, Veracruz, 2015

 

Entre los tambores de guerra
y la vieja guardia veterana

Antiguas voces del cedro, Memorias de Sotavento, un álbum de tres discos compactos, publicado en 2015 con textos de Wendy Cao Romero, nos entrega una colección de 50 grabaciones de campo, sones jarochos y entrevistas registradas entre 1991 y 1997 que incluye y documenta a muchos de los músicos de la vieja guardia, maestros músicos de sones y saberes, referentes fundamentales de las nuevas generaciones de músicos jarochos que se desarrollan y multiplican en las dos últimas décadas del siglo XX.

El acervo está integrado por grabaciones de campo asociadas a dos importantes trabajos publicados anteriormente: Sones campesinos de la Región de los Tuxtlas (1995) y Las Voces de cedro (1997).(1)  A pesar de la importancia de ambos documentos sonoros, éstos no fueron ampliamente conocidos por varias razones, y una re-edición, en particular de Sones Campesinos, había sido anhelada desde los inicios de los años 2000. Sin embargo, la mitad de las grabaciones contenidas en Antiguas voces son inéditas; se incluyen 9 grabaciones adicionales de 1995 (“bonus tracks”), no incluidas originalmente en Las Voces de cedro, y un tercer disco CD, Memorias de Sotavento, con 19 grabaciones más, también inéditas, realizadas entre 1991 y 1997 por Wendy Cao Romero, Pablo Flores y Alec Dempster; entre éstas se incluyen también entrevistas breves, con testimonios de viva voz de algunos músicos.

Pero hagamos un recuento. Durante los años 80 del siglo pasado, en los Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan se dieron a conocer una cantidad de músicos rurales y campesinos, insospechados y sorprendentes. Sin embargo, las grabaciones de campo de sones jarochos por parte de etnomusicólogos se detuvieron hacia 1984,(2) cuando ya la práctica musical iba en decadencia y los fandangos campesinos, en muchos lugares, habían desaparecido 30 ó 40 años antes. Para los años 90, con el regreso del huapango ranchero y el despertar del son jarocho campesino, nace el interés entre músicos e investigadores por documentar con mayor cuidado y registrar la música y a los músicos en sus localidades, in-situ, a nivel de tierra, y no “en vivo” sobre templetes, a través de micrófonos para “presentaciones” y bajo reflectores de luz.

Así nace, como una iniciativa independiente, primero el proyecto Sones Campesinos al que continuará Las voces del cedro, ambos proyectos íntimamente ligados. Dos trabajos similares que de igual manera contribuyeron a la documentación sonora del son jarocho de los años 90 son los casetes Son de Santiago Vol. I y II (1997) y Homenaje a Los Juanitos (1998). Se trata también de trabajos poco conocidos. Y es que, por una parte, todos estos documentos sonoros pioneros nunca se re-editaron, tampoco tuvieron un gran tiraje y al momento de su publicación, el formato de casete ya empezaba a ser obsoleto. Coincidentemente, y como referencia, tenemos que para 1996 aparecen los primeros discos CD con sones jarochos: Los Utrera (Urtex UL3002) y La Iguana (Corason CO127).(3)  En 1997, se publican los discos CD, Son de Madera (Urtex UL3003) y Mono Blanco y Stone Lips (Urtex UL3004).

Y no solamente el sonido cambió, de analógico a digital, y sus formatos de reproducción y distribución. Es en esos años de fin de siglo, cuando muchos cambios empiezan a manifestarse claramente, signos inequívocos de un antes y un después contrastantes de cara al nuevo milenio, de una nueva generación de músicos, ya no enteramente campesina y una nueva sociedad más digital. Antiguas voces también retrata y da testimonio de algunos de los nuevos grupos emergentes (retoños) de Los Tuxtlas, como Cultivadores del Son y Los Utrera, integrados por jóvenes músicos alrededor de los músicos maestros Juan Pólito Báxin, Juan Mixtega Baxin y Esteban Utrera. Una diferencia de edad, entre estas dos generaciones, posiblemente de más de 30 ó 40 años.

Pero Antiguas voces es una colección de grabaciones para desgranar, una madeja de hilos varios que podemos ir deshaciendo, descubriendo e identificando poco a poco; algunas hilos fuerte atados entre sí, otros sueltos. Un primer recuento de los registros sonoros más notables y singulares que contiene la colección reunida, nos lleva a las grabaciones de dos maestros guitarreros de leyenda: Francisco “Chico” Hernández y Nefatlí “Talí” Rodríguez. Son contadas las grabaciones que se conocen de don Chico, a quién se le considera uno de los últimos y grandes maestros de la guitarra de son, así como de don Talí y su conjunto Flor de Caña (de Las Pitas) de quiénes se presentan grabaciones inéditas. Antiguas voces nos entrega también registros de muchos de los grandes guitarreros de la época, dejando testimonios de Florentino Corro, Felix Báxin, Benito Jiménez Rodríguez, Delio Morales, José Palma, Juan Pólito Baxin, Cirilo Promotor, Nazario Santos, Esteban Utrera, Andrés Vega Delfín y Juan Zapata.

Dentro del acervo encontramos ejemplos musicales de un numero importante de grupos campesinos, principalmente de los municipios de Santiago Tuxtla y de San Andrés Tuxtla, dando cuenta de la gran diversidad musical dentro de la región, en donde quedan contenidos muchos pequeños universos sonoros, pero también recoge e incluye sones jarochos indígenas popolucas de Santa Rosa Loma Larga (municipio de Hueyapan de Ocampo), desconocidos prácticamente hasta entonces, así como ejemplos de sones en estilo más llanero (Blanco de Nopalapan, Cañada, Pueblo Nuevo, Tlacotalpan), y ejemplos puntuales de músicos y estilos locales registrados en Chacalapa, al sur, y en Playa Vicente, al occidente de la región sotaventina.

Comencemos por mencionar a Los Soneros del Barrio y su interpretación de El Ahualulco (Tilapan, 1993), posiblemente la primera grabación del violín tuxteco (Atanasio Martínez Ignot) en un ensamble tradicional. Así también resultan valiosos los registros de los grupos San Martín Sinapan de Felix Báxin, del dueto de Felix y Arcadio Baxin, y de Los Cultivadores del Son con Juan Pólito Báxin y Juan Mixtega Báxin, una grabación del son El Borracho, también con violín.

Posiblemente una de las primeras grabaciones del notable grupo Son de Santiago de Juan Zapata, Jose Palma e Isaac Quezadas, sea El Butaquito registrado en 1993, un grupo emblemático de los años 80, representantes de toda una época y de todo un estilo, acompañados en esa ocasión del versador Raymundo Dominguez. Interesante es la “instantánea familiar” de Andrés Vega, Tereso y Martha Vega, interpretando El Valedor registrada ese mismo año, y resulta también importante la inclusión de registros realizadas en 1996 del Grupo de Playa Vicente, formado por José María Álvarez, el “Pariente”, Higinio “Negro” Tadeo y Benito Jiménez, pilares junto con don Chico Hernández de la música de esa región.

Habrá que destacar la grabación del extraordinario grupo Alma Jarocha de Nazario Santos, Benito Mexicano, Salomón y José Parra interpretando María Chuchena. Sin duda uno de los grupos más extraordinarios y eficaces en un fandango.(4) Una de las joyas del acervo es el registro de El Buscapiés interpretado por el dueto del guitarrero Florentino “Tino” Corro y su hermano Guillermo con jarana y Jesús Sánchez, cantador. Antiguas Voces incluye una nueva, y también extraordinaria, grabación de Los Corro, así como una entrevista con don Tino.

Un caso singular dentro de la tradición musical lo es el notable músico de armónica Leonardo Rascón, del que se incluyen varias grabaciones a dúo con Esteban Utrera y Ramón Gutiérrez, y con el conjunto de muchachones en aquel entonces, integrado por Liche Oseguera, Tacho Utrera, Patricio Hidalgo, Darmacio Cobos y Ramón Gutiérrez, captados in fraganti en 1993 con don Leonardo. Cabe destacar que no fue sino hasta 1997, cuando se publica La Bamba, interpretada por Delio Morales y Liche Oseguera, grabación con la cual se empieza a documentar y se presenta una muestra de la forma y estilo de tocar la guitarra grande vozarrona del sur de Veracruz, hasta entonces muy poco conocidos; ya cuando el instrumento había traspasado las fronteras regionales 15 años antes, y se había difundido y popularizado fuertemente. Finalmente hay que reconocer las entrevistas de Nazario Santos, Cirilo Promotor y Carlos Escribano contenidas en la colección, y desde luego la excelente obra fotográfica de Agustín Estrada, junto con la de otros notables fotógrafos como Rodrigo Vázquez, Carola Blasche y S. Alberto Vázquez, que retratan a muchos de los músicos que dan vida a Antiguas voces.

No resulta exagerado considerar Antiguas voces del cedro, Memorias de Sotavento, la colección de grabaciones de campo de son jarocho más importante registrada en los años 90 del siglo XX. Invitamos a que conozcan esta obra sin duda fundamental.

Los editores

Notas
(1) Sones campesinos de la Región de los Tuxtlas, un casete publicado en 1995 con 14 grabaciones de campo realizadas por Guillermo Pous, con textos de Ricardo Pérez Montfort y Claudia Cao Romero; Las voces de cedro, un disco compacto publicado junto con el libro La Puerta de Palo de Agustín Estrada en 1998, con 10 registros de campo grabados por Pablo Flores y Wendy Cao Romero, con textos de Ricardo Pérez Montfort.
(2) Lieberman hace sus últimas grabaciones en Veracruz en 1983, y Stanford hasta 1984.
(3) Este último con grabaciones de campo de Lieberman et al. registradas entre 1975 y 1983. Es contrastante el hecho de que en 1995 se publicara el casete Sones Campesinos con las 1ras grabaciones de Los Utrera (registradas en 1993), y en 1996 aparezca el CD Los Utrera (Urtex UL3002) con distribución mundial.
(4) Como lo demostró Alma Jarocha en más de una ocasión en los fandangos de las Fiestas de La Candelaria de Tlacotalpan en los años 80 y principios de los 90.

 

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