La Manta y La Raya # 20 marzo 2026 ________________________________________________________________________
Con el tiempo suenan …
Entrevista con Esteban Utrera
Wendy Cao Romero
Aprendí a fabricar jaranas y guitarras de son con un cuñado del papá de los Quinto, con un formón mal hecho, de esos de puntilla. En ese entonces los barrenos no se conocían. Luego, pasado el tiempo conseguí uno, con el que le iba por los costaditos al instrumento. En medio sí le daba golpes fuertes.
Para saber la medida de los instrumentos, primero doblaba el papel, y lo marcaba como hace mi hijo Tacho, si no me salía lo volvía a trazar hasta que me gustaba la figura. Mi papá hacía botes con suela (herramienta), cajas de muerto, cruces y casas; sí que era bueno mi papa haciendo casas, siempre lo buscaban. Cuando tenía diez años yo ya hacía de todo, le ayudaba en todo y nunca me rechazaba ningún trabajo. Todavía no se me olvida cómo él me enseñaba a hacer las cosas, me explicaba todo muy bien.
Yo había sacado en el calendario el nombre de Isaías, Chaíto, así me decían y hasta la fecha así me conocen muchos. Ya de grande fue que mi papá sacó eso de que yo le había heredado su inteligencia y me cambio de nombre: “Este se va a llamar como yo porque aprendió bien todo”… y no tengo mi acta de asentamiento porque me llamo Isaías. Si me buscan en el registro por Esteban no me encuentran, yo creo que sí me encuentran como Chao.
Me iba al monte a buscar la madera para las jaranas, escogía algún palo seco y lo trazaba allá en el monte. Luego la formaba con el machete y con escofina, para la compostura de la cabeza, porque la escofina ayuda a desbastar la maderita. Ya después lo escarbaba con puro formón y mazo. Yo veo que ustedes hacen toda la jarana, ponen la tapa y al final hace la boca. En cambio yo pegaba la tapa con la boca ya hecha.
¡Qué medidas ni que nada!. Ya lista le ponía una entrastadura de bozal por bozal de cáñamo, con cuerdas iba probando traste por traste a que dijera bien el sonido y ahí la apuntaba. Si no decía el sonido correctamente en la pisada yo le movía tantito hasta que ya no mintiera. Le ponía 12 trastes, algunos le ponían 14. A las jaranas nada más le ponía por medio brazo: marcaba, si me hablaba bien el sonido ahí le ponía el traste marcadito bien con un lápiz, ya después le ponía yo el traste de caña de otate bien alijadito para que no trozara la cuerda. También de hueso se ponían pero daban mucho trabajo. La vena de la palma también aguanta, el lomito de la vena sí que es buena.
En ese entonces había cuerdas de tripa, de punta verde y azul, las vendían por media o una docena, para una fiesta como la de anoche, porque ¡Ah! ¡Qué gastadero de cuerdas!, entonces no se usaba entorchado, uno las torcía y ese era el entorchado. Pero tardaba uno mucho tiempo para encordar el instrumento y volver a empezar. ¡Ah! ¡Este hombre! (se refiere a su gran amigo Román Cobos “Rumba”), ¡Cómo gastaba cuerdas el bárbaro!
El barniz no se usaba para nada, solo bien alijadita había que tener su jarana, pero antes no se conseguía lija, se usaban hojas del palo del tachicón, que se ponían a secar al sol y luego a soasar y se ponían duras, rasposas como lijas, y raspan bien, muy bien… es una hoja verde largota.
Vendíamos los instrumentos, a muchos les gustaban las guitarritas que yo hacía. Por allá por Tlapacoyan, Lázaro Sapo, un muchacho “nuevo”, tocaba bien mi forma de tocar (sic), sacaba sones como yo los toco y a él le hice la última guitarra. A ese muchacho nuevo lo mataron, ¡quién sabe que será de ese instrumento!.
Tacho y Camerino aprendieron viendo y se les pegó el hacerlas como yo. También hacen casas y todo de lo que yo aprendí con mi papacito Esteban. Pero yo digo que ya me ganaron porque están muy adelantados ahora. Y suenan bien sus instrumentos. Bueno, hay maderas sonoras y otras aunque sean cedro, no suenan. Dice Pedro Serrano Utrera, un primo de Rincón de Sosa, que él sí vendía instrumentos por costales, decía que la música buena, para que salga buena, debe tener su trabajo. Un instrumento es igual, si le dedicas tiempo… suena. La música hay que dejarla reposar, no terminarla enseguida. Luego ya terminada entonces hay que darle para que salga el sonido. El no buscaba la cosa de la luna (el menguante), nada más que cortaba, eso sí, tempranito, aclarando el día, para que no esté tiernita, así es muy dócil y no se pica. Yo usaba maderas de cedro, sólo hice una de pepe, pero es madera muy estrellante y no me gustó. Puro cedro, porque entonces sí había cedro, mucho cedro. Yo desperdiciaba mucho porque lo careaba y lo careaba con el hacha, hasta que lo cuadraba. Ahora yo uso la sardina o serrote y a veces pues se oye por ahí la motosierra. Con la sardina se saca la madera parejita, no se desperdicia casi. Para la motosierra hay que tener dinero si no, no sacas madera; y con la sardina no, uno solito lo hace. Yo digo que lo de antes ¡era mejor!
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