Ferrocarril San Andrés Tuxtla

La Manta y La Raya # 20                                                 marzo  2026 ________________________________________________________________________

De la llanura sotaventina a la selva tuxteca: la llegada del ferrocarril a San Andrés Tuxtla y el auge tabacalero *

Luis Alberto Montero García  

 

San Andrés Tuxtla IA

El jardín veracruzano y su riqueza agrícola e industrial

El lugar llamado Tuxtlas es uno de los más hermosos paisajes en toda la República, y el jardín, por decirlo así, del estado de Veracruz […] Nos vemos rodeados de vistas hermosísimas y de un paisaje encantador y vario. El panorama de los montes, valles, lagos, ríos y montañas que hallamos a nuestro paso es mucho más allá de todo lo que podemos imaginar. Y después de haber atravesado forestas de maderas preciosas, a la vista de una brillante cascada o pasando el vado de un caudaloso río, habremos hecho un viaje que nunca jamás podremos olvidar. En algún día no muy lejano algún ferrocarril eléctrico cruzara este hermoso país, obteniendo la fuerza motora necesaria para este efecto por medio de las majestuosas e imponentes cataratas de Eyipantla.

Con estas seductoras palabras el viajero y publicista estadounidense John R. Southorth (1900: 146) iniciaba su descripción del cantón de Los Tuxtlas en los albores del siglo xx. Seguramente no se equivocó al reconocer la belleza del “jardín veracruzano”, pero el ferrocarril eléctrico nunca se hizo realidad en la región, condición que caracterizó a muchas de las concesiones otorgadas para que una vía herrada llegará a la ciudad de San Andrés Tuxtla. Siete de los ocho proyectos formulados entre 1878 y 1905 fueron líneas férreas con nula viabilidad ejecutoria (Montero, 2008).

En este texto abordamos la concesión de 1909 que dio origen al ramal de Los Tuxtlas, que partía de la estación Rives del Ferrocarril de Veracruz al Istmo a la cabecera cantonal de San Andrés Tuxtla.

Los trabajos del tendido de la vía iniciaron a principios de noviembre de 1910, días antes de que estallara la Revolución Mexicana, después de los seis meses de plazo con que contó la compañía para el reconocimiento y el estudio de los ramales concedidos. Simultáneamente arrancaron la construcción de los ramales del kilómetro 136 o Brisbin a San Cristóbal (pasando por la cabecera cantonal: Cosamaloapan) y de Rives a San Andrés Tuxtla. En marzo de 1913 esta ciudad celebraría la llegada de la locomotora de vapor a su vasto territorio —un año después que Cosamaloapan—, aunque no con tanto júbilo y en plena efervescencia revolucionaria.1

Las vías férreas comunicaron y atravesaron las regiones naturales e históricas del Sotavento y Los Tuxtlas en el estado de Veracruz. El primero es un término marinero, administrativo y militar que desde la época colonial define el espacio inmediatamente al sur del puerto de Veracruz. La sabana sotaventina se extiende por las tierras bajas situadas al sur del Eje Volcánico Transversal, desde el límite oriental de la cuenca del río Jamapa hasta la cuenca del Coatzacoalcos. Son tierras aluviales, es decir, de inundación. En el extremo de la llanura costera se erige el macizo volcánico denominado Los Tuxtlas, constituido por el volcán San Martín y el Cerro del Vigía, alrededor de los cuales se sitúan las tres ciudades tuxtlecas: Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla y Catemaco, municipios serranos en su mayoría, pero que comparten una fracción de sus territorios con la planicie inundable (Delgado, 2004: 16-17; González, 2010: 92-100).

Construir una vía herrada a través de la llanura sotaventina y atravesar tierras selváticas, surcadas por un sin número de corrientes de agua (para los ingenieros su principal obstáculo fueron los ríos San Juan y Tuxtla) y llenas de pendientes sinuosas, fue un logro extraordinario. Precisamente, el interés por comunicar a San Andrés Tuxtla —cuya línea férrea atravesó haciendas, ranchos y ejidos— no fue otro que el marcado boom que experimentó la actividad agrícola (caña de azúcar, café, arroz, frijol, maíz y vainilla), comercial y ganadera del cantón de Los Tuxtlas, gracias al cultivo y la comercialización de la aromática hoja del tabaco, donde también se explotaban maderas preciosas, de ebanistería y de construcción, plantas textiles y medicinales.

En efecto, el cultivo del tabaco atrajo un flujo de inmigrantes, principalmente cubanos y españoles. Los de la primera nacionalidad, expertos tabaqueros, arribaron a Los Tuxtlas, y otros más se diseminaron por la costa, mientras que los segundos eran contratados por la casa comercial Balsa Hermanos de Veracruz para cultivar tabaco en Valle Nacional, según el sistema empleado en Cuba. Al mismo tiempo, llegaron trabajadores del interior para realizar la dura tarea de abrir campos de cultivo y realizar las siembras respectivas (El Correo de Sotavento, 12 de julio y 10 de agosto de 1884 y 3 de septiembre de 1885).


 

 

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