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Culebreros

La Manta y La Raya # 19                                                 septiembre  2025 ________________________________________________________________________

Sobre los culebreros                                                                    del sur de Veracruz

Alfredo Delgado Calderón

Las dos cuencas hidrológicas más importantes del sur de Veracruz están relacionadas con el antiguo culto a la serpiente: la de Coatzacoalcos y la del Papaloapan. En el primer caso su nombre nos remite inmediatamente a este culto ancestral, pues significa “en el Santuario de la Serpiente”, en alusión al mítico sacerdote-dios Quetzalcóatl, que desapareció en este punto de la costa embarcado en una balsa hecha de serpientes, augurando su retorno. En el caso del río Papaloapan o de las Mariposas, su nombre antiguo, Cosamaloapan nos remite a una vieja deidad indígena, Ayauh Cotzamalotl, deidad femenina relacionada con el arco iris, el agua corriente y la serpiente. La diosa maya Ixchel también diosa del arco iris, la serpiente de colores que ataja las tormentas.

Otros topónimos, presentes desde el siglo xvi, relativos a lugares menores dispersos por toda la región dan cuenta de la intensidad del culto a los ofidios: Coacotla (donde abundan las serpientes venerables), Coapan (en el lugar de la culebra); Cohuacan o Cucuacah (donde preside la culebra) y Achilcotixca (donde se venera a la culebra de agua). Una referencia directa a Quetzalcóatl la encontramos en el nombre de la vieja hacienda de San Nicolás Zacapesco, que tomó su nombre del paraje prehispánico de Coahuazacapechco, “en la balsa de serpientes”, el instrumento con el que el dios del viento y de las artes huyó por mar rumbo al oriente. 

Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, no fue la única deidad relacionada con las serpientes, también hubo deidades femeninas, como la ya mencionada Ayauh Cutzamalotl, Chalchiuhtlicue, Ixchel (diosa maya del arco iris y destructora del cuarto mundo indígena), Coatlicue (la diosa madre de los dioses, la de las faldas de serpientes) y otras, en general relacionadas con el agua de ríos, lagos y arroyos.

En otros niveles, a las serpientes se les relaciona con la muerte y con la lluvia. En el primer caso, en la región abundan materiales arqueológicos funerarios como las urnas de Nuevo Ixcatlán, con sacerdotes o dioses enmarcados por culebras; las Cihuateteotl de El Zapotal, con serpientes ciñéndoles la cintura o las serpientes vivas que acompañaron los entierros secundarios de Nopiloa. Con respecto a la lluvia, a nivel popular se tiene la idea de que es una serpiente la que produce las tormentas o huracanes, específicamente las mazacuatas viejas que quieren emigrar. Quizá una reminiscencia de esta creencia sea el culto de Tatahuicapan a San Cirilo, representado por una escultura prehispánica en piedra de un personaje sosteniendo a una serpiente. Se cree que es San Cirilo quien propicia la llegada de las lluvias y para asegurar esta función se ha creado una mayordomía en el pueblo. De alguna manera esta función de San Cirilo se asocia también con Tamakaatzin, Homshuk o Sintiopiltzin, el dios del maíz que en la mitología nahua y popoluca vence al viejo rayo del sur y lo obliga a bañarlo con lluvia cada año para que crezca y pueda alimentar a los hombres.

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El marimbol jarocho de finales del siglo XX

La Manta y La Raya # 17                                                     septiembre  2024 ________________________________________________________________________

El marimbol jarocho

de finales del siglo XX

 

 Francisco García Ranz

Planos del marimbol de Calkiní, Campeche. Salvador Ortega Guerrero (1980).

 

Al marimbol, un lamelófono mexicano de ascendencia afrocaribeña también conocido en México como marimbola o marímbula, lo descubrí a través del artículo titulado “El marimbol, un instrumento musical poco conocido en México”, publicado en 1980 en la revista Antropología, Boletín del INAH. En ese trabajo inédito, dividido en cuatro partes, André Fara Biram escribe una introducción de ‘La sanza o marimbol en África’; Irene Vázquez y Gabriel Moedano tratan el tema de ‘El marimbol en América’; Salvador Ortega Guerrero hace una descripción detallada de ‘Un marimbol procedente de Campeche’; y el trabajo concluye con una ‘Transcripción de una jarana de Campeche acompañada con marimbol’ de Francisco Tomás y Fernando Nava. 

El marimbol que describe a profundidad Salvador Ortega Guerrero es un instrumento de 7 lengüetas (teclas o flejes), con una enorme caja de resonancia (100 x 46 x 20 cm) y cuerdas simpáticas en su interior. El instrumento fue registrado en Calkiní, Campeche, y se encontraba en uso: formaba parte de un conjunto musical compuesto por dos guitarras, marimbol y maracas. 

El Boletín del INAH Núm. 33 lo conocí en 1982 e inmediatamente despertó en mí una gran inquietud y fascinación. Para ese entonces ya era aficionado a la música étnica africana, en particular me entusiasmaban los sonidos de los xilófonos del Oeste de África así como la música de los lamelófonos de Zimbabwe o de las selvas profundas de Gabón, sin embargo la presencia histórica y aún tangible del instrumento en América que reportaban Vázquez y Moedano fue para mí una revelación. El impulso de construir un marimbol con los planos de Salvador Ortega Guerrero surgió inmediatamente y éste se volvió un propósito. Una vez dedicado a la carpintería el proyecto empezó a caminar y se consolidó finalmente 14 años después, comenzando el año de 1996. Ahí empieza la historia de muchos de los marimboles que construí y que fueron incorporados al son jarocho por una nueva generación de grupos en la recta final del siglo xx y principios del xxi. Solamente para dar una idea de la magnitud que fue la aparición del marimbol, entre los años 1997 y 1998 construí hasta 38 marimboles en diferentes tamaños en Tepoztlán, Morelos. 

En esta historia del marimbol y el son jarocho que vengo contando, es poco conocido el marimbol que construyó Jorge Bapo Martínez de Santiago Tuxtla, con los planos de Guerrero Ortega de 1980, el cual fue incorporado muy pronto al ensamble instrumental del grupo Río Crecido por un breve lapso. Este grupo de Santiago Tuxtla viajó con este prototipo hecho en casa y se presentó en la Ciudad de México en 1998. Sin embargo la historia del marimbol en Los Tuxtlas no empieza ahí. 

Por otra parte mencionaría la motivación del antropólogo y arqueólogo Alfredo Delgado Calderon por dar a conocer, desde principios de los años 1990, la marimbola de la Sierra Mixe Baja de San Juan Guichicovi, Oaxaca, y su música. El maestro Delgado Calderón llevó (coincidentemente) al médico Hector Luis Campos y una pequeña comitiva de Santiago Tuxtla a conocer la música de jaranas y marimbola de Guichicovi en 1993.

Quedan aquí estas notas y cronologías puestas al día, salpicadas de anécdotas personales y otros excesos, sobre este lamelófono de gran cajón, el marimbol veracruzano como lo bautizara Octavio Rebolledo, o marimbol jarocho como también se le nombra, que se visibiliza claramente a finales del siglo xx y asociado con el nuevo son jarocho. Una reflexión sobre este fenómeno la reservo para otra oportunidad. Se incluye una sección de anexos en donde se repasa a grandes rasgos el conocimiento que se tiene actualmente sobre los lamelófonos mexicanos. 

. . .  continua

 

 


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Alfredo Delgado Calderón. Discurso

La Manta y La Raya # 14                                                              marzo  2023 ________________________________________________________________________

Discurso pronunciado por el 

Dr. Alfredo Delgado Calderón 

al recibir la medalla “Gonzalo Aguirre Beltrán” 

que otorga el Instituto Veracruzano de la Cultura, 

en el marco del 

XXVI Festival Internacional Afrocaribeño.

 

Héctor Juárez

Antes que nada, quiero agradecer esta medalla que significa mucho para mí, no sólo para mí. Es una medalla que en realidad sintetiza los esfuerzos de mucha gente, quiero reconocer a muchos que me han acompañado en el camino. Hay gente que vino de Acayucan, de Coatzacoalcos, de Xalapa, que vino para acompañarme en este momento. ¿Por qué digo que es una medalla que hemos ganado muchos? Porque me han acompañado en el camino, mucha gente, especialmente de dos instituciones, como la Dirección General de Culturas Populares y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. También mucha gente del movimiento jaranero donde empezamos a destacar la presencia Afro en la región del Sotavento y en distintos aspectos. 

No es posible conocer la influencia Afro si no nos metemos a los pantanos, a las isletas que quedan cuando se inunda la cuenca del Coatzacoalcos, la cuenca del Tesechoacán, del Papaloapan; hablar con los vaqueros, hablar con los descendientes de aquellos antiguos esclavos a quienes la revolución no les hizo justicia, hijos de ejidatarios. Mucha gente que pidió el reparto agrario de las haciendas donde sus abuelos, sus tatarabuelos fueron vaqueros o fueron esclavos, y no se lo concedieron. Hay un proceso de largo plazo, hay muchas emociones en medio, mucho sufrimiento de aquella gente que fue arrancada de África, traída a la fuerza y que entró por San Juan de Ulúa, por el muro de las argollas. Miles de ellos y miles más que entraron de contrabando y muchos más que obtuvieron su libertad, ya sea porque la compraron, porque eran hijos de españoles o cuyos padres esclavos se casaron con indígenas. 

Eso fue conformando distintas regiones en México, regiones culturales. Muchas regiones como la Tierra Caliente de Guerrero y Michoacán o la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca o los Altos de Jalisco o el Sotavento o la Huasteca serían impensables sin el aporte Afro. Esa gente que, ya sea libre o esclavizada, trabajó en trapiches, en obrajes, en haciendas, en los conventos y que fue dejando su impronta. ¿En dónde? En la gastronomía, en la música en las artesanías, en la medicina tradicional… y muchas veces no la sabemos saber. Hemos tenido que bregar en los archivos, consultar miles y miles de expedientes los últimos 35 años, para más o menos entender qué estaba pasando en las regiones, dónde están esos aportes y qué es lo que queda de ellos.

No podríamos escribir todo lo que hemos escrito si no vamos a conocer las ruinas de esas haciendas ganaderas, los caminos que trillaban con las manadas de ganado salvaje que llevaban los vaqueros negros y mulatos de Nopalapan, de Chiltepec, de Corral Nuevo, para alimentar también a los esclavos de las minas de Taxco, de Cuautla; llevar también carne de res a la Ciudad de México o a la ciudad de Puebla. No podríamos entenderlo si no vamos a conocer lo que queda de los viejos trapiches de la zona de Córdoba, de Huatusco, que ocupaban esclavos por miles. ¿Para qué? Para utilizar un producto como el azúcar, que era muy preciado en Europa y Nueva España, el azúcar que fue “azúcar de sangre”. 

Muchas personas esclavizadas escaparon y fundaron los palenques(1) en la sierra, muchos palenques. De allí es cuando uno de estos líderes, Yanga, se rebela y va fundando una serie de palenques en los alrededores de Córdoba (Veracruz) y negocia con las autoridades virreinales. Pero no fue el único: Francisco Congo, Diego Macute y muchos más, que finalmente lograron que las autoridades virreinales les concedieran también fundar otro pueblo: Nuestra Señora de Guadalupe de los morenos de Amapa. 

Los cascos de las haciendas se convirtieron en pueblos, pueblos con esa impronta afromestiza: Nopalapan, Cuatotolapan, Corral Nuevo, etcétera. Pero también pueblos que originalmente eran pesquerías, como Tamiahua. También pueblos que originalmente eran indígenas y que los vaqueros de las haciendas robaban mujeres y se fueron convirtiendo, después, en pueblos de negros, como Tesechoacán o Chinameca. Hay mucho que pudiéramos platicar. 

Yo agradezco infinitamente este reconocimiento. Y agradezco especialmente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y al Centro INAH Veracruz que me ha acompañado estos últimos 15 años.

Muchísimas gracias, es cuánto.

Ciudad y Puerto de Veracruz,        a 6 de octubre del 2022.           XXVI Festival Internacional 

 

El Dr. Alfredo Delgado Calderón es Profesor-Investigador Titular del Centro INAH Veracruz, miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT y actualmente dirige el Museo de Antropología de la ciudad de Xalapa, Veracruz.

(1) Palenque o kilombo son términos utilizados en America latina para referirse a aquellos asentamientos fundados por las y los negros cimarrones que se huyeron de sus dueños escapando así de la esclavitud forzada, entre los siglos XI al XIX. Muchos de estos palenques fueron inicialmente pequeños campamentos desde los cuales los negros cimarrones hacían sus incursiones a lugares cercanos a fin de resolver la sobrevivencia cotidiana. En algunos casos, con el paso del tiempo estos lugares de resistencia lograron convertirse en rancherías que dieron lugar a la fundación de pueblo [nota de los Editores].

 

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Alfredo Delgado Calderón_Yanga

La Manta y La Raya # 14                                                              marzo  2023 ________________________________________________________________________

Yanga                                                     El costo de la libertad

de Alfredo Delgado

      INAH

 

No resulta exagerado afirmar que las historias en torno al personaje histórico conocido como Yanga han estado atravesadas por una serie de estereotipos, mitos y verdades a medias –y también, es justo decirlo, de abiertas falsificaciones. Hasta ahora. 

El nuevo libro que Alfredo Delgado nos entrega se propone, precisamente, desmontar la «historia de bronce» generada alrededor de este personaje y presenta, en cambio, una sólida, inteligente y documentada investigación historiográfica que hace de Yanga y sus colaboradores, una parte más de una larga y continuada historia de negociaciones, conflictos y resistencias, en donde la agencia social de las personas de origen africano se hace más que patente. 

Bajo una perspectiva de larga duración, Delgado Calderón documenta puntualmente el papel que desde la segunda mitad del siglo XVI desempeñó el puerto de Veracruz, como centro de dispersión de personas de origen africano que huían de la esclavitud y que encontraron en el espacio triangular Córdoba–Alvarado–Puerto de Veracruz, una zona de refugio y la posibilidad de forjarse una vida distinta. Se muestra entonces que Yanga fue uno de varios líderes cimarrones que habitaron aquella área y que, con toda seguridad, la fundación de San Lorenzo de Cerralvo se llevó a cabo algunos años después de que Yanga había desaparecido. Lo que deja en evidencia, la puesta en marcha de toda una política disidente implementada por más de siglo y medio, en el intento de la población de origen africano por mejorar sus condiciones de vida en una sociedad colonial. 

Vale la pena destacar que un aporte fundamental de este trabajo es que Alfredo Delgado prolonga sus pesquisas hasta fines del periodo colonial, para reconstruir así las tensiones, peripecias y agravios que debieron encarar los habitantes del pueblo negro recién creado, de parte de sus vecinos, tanto del mundo español asentado en Orizaba, Córdoba y haciendas ganaderas vecinas, como de los pueblos indios de la zona. 

De esta manera, el investigador del INAH Veracruz y actual director del Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana, pone en práctica un desplazamiento que lo diferencia de toda la historiografía anterior: hace del mítico personaje de Yanga el recurso analítico que le permite reconstruir una historia social compleja y profunda, marcada por el conflicto y la lucha social, la búsqueda de acceso a la tierra y la construcción y defensa de la autonomía de un pueblo negro. 

El costo de la libertad. De San Lorenzo de Cerralvo a Yanga, una historia de largo aliento (INAH, 2022) constituye un magnífico ejemplo de la historia profesional que hace tiempo se viene haciendo en el estado de Veracruz y en México. Y los selectos lectores de nuestra revista deben poner esta importante obra como una de las lecturas obligadas del año que corre.

                                                  Los Editores

 

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Vaqueros y lanceros

La Manta y La Raya # 9                                                                         marzo 2019 ___________________________________________________________________________ Vaqueros y lanceros

Alfredo Delgado Calderón

 

Durante la Colonia, ni la Antigua Veracruz ni la Veracruz Nueva se bastaron a sí mismas para abastecerse de alimentos. A veces se obligaba a los arrieros a llevar sus propios bastimentos o a transportar granos y harinas gratuitamente, para paliar la escasez. Por tal motivo se repartieron tierras a negros y mulatos libres en los alrededores de Veracruz. Los llanos de Cotaxtla, Medellín y Veracruz eran fértiles, y allí pastaban hasta ciento cincuenta mil cabezas de ganado mayor, mientras que otro tanto bajaba a pastar durante el invierno, procedentes de Cholula, Puebla y Tlaxcala. Este ganado era conducido por vaqueros mulatos; y varios vaqueros más de la Veracruz se empleaban para cuidar el ganado de cuatreros y coyotes (Patiño, 1985). Así, las afueras de Veracruz se fueron llenando de ranchos de mulatos libres, que a cambio de no pagar tributos se alistaban como lanceros para acudir eventualmente a la defensa del puerto. El obispo Alonso de la Mota y Escobar en 1609 mencionaba sobre Veracruz: «es esta ciudad toda de vecinos españoles, tienen muchos negros y negras esclavos y otros muchos libres» y señalaba a las compañías de caballería que acudían a la defensa del puerto «que suelen ser los de todas las estancias, así de españoles como mestizos, mulatos y negros, que usan arma enastada» (Mota y Escobar, 1987:53-54). El arma enastada era la lanza que usaban los milicianos, y que por ello se les llamaba lanceros, pero también era la jara o garrocha utilizada por los vaqueros para acosar al ganado cuando lo arreaban, y la media luna empleada para desjarretar al ganado cimarrón. Esos mismos vaqueros y milicianos vivían en jaros o matas, isletas y manchones de selva que salpicaban los llanos y que sobresalían durante las inundaciones periódicas. Por eso se les empezó a llamar jarochos, aunque la palabra jaro también designaba a los puercos monteses y se cree que era una manera despectiva de llamar a esos vaqueros y milicianos que vivían en estado semisalvaje.  Esa era la vida en los alrededores de la ciudad de Veracruz, pero también en los inmensos llanos del Sotavento. Las tierras bajas de Veracruz eran tierras conquistadas y explotadas, arrancadas a sus antiguos dueños indígenas y dedicadas a la ganadería extensiva. Toda la economía respondía a un sistema centralista cuyo corazón residía en España y giraba en torno a la monarquía. Las comunidades indígenas fueron despojadas de cientos de miles de hectáreas de tierras comunales para entregarlas a los conquistadores o a sus descendientes. Los indios mismos fueron parte del botín; esclavizados durante las primeras décadas de la conquista, fueron moneda de cambio para que llegaran los primeros caballos y vacas desde Cuba y Santo Domingo. Luego, cientos de pueblos fueron dados en encomienda, para que a cambio de prestar servicios personales y entregar sus riquezas a los españoles, les enseñaran las bondades del cristianismo. Al final, la Corona se quedó con el tributo y las iglesias con los diezmos y primicias de las comunidades indígenas.  Eso dio pie para que en el Sotavento florecieran inmensas haciendas de ganado mayor: Corral Nuevo, Cuatotolapan, La Estanzuela, Los Almagres, Jesús del Calabozo, Nopalapan, San Agustín Guerrero, San Nicolás Sacapezco, Santa Catarina de Jaras, Santa Catarina de los Ortices, Santo Tomás de las Lomas, y otras más. Esas haciendas tenían entre cinco mil y veinte mil cabezas de ganado vacuno, la mayoría cimarrón. La mano de obra en un principio fue de esclavos negros y mulatos aunque pronto su mezcla con indígenas dio origen a una casta de hombres libres a los que más tarde se empezó a llamar rancheros y luego jarochos. Como hijos de negros y mulatos no tenían acceso a las tierras comunales indias, pero por ser hijos de indias tampoco heredaban la esclavitud. Esta casta era agrupada con el nombre genérico de chinos, pardos y mulatos, y en ella se incluía también a los zambos, mestizos, lobos y otras mezclas. Desempeñaban trabajos como vaqueros, arrieros, canoeros, carpinteros, zapateros, labradores y demás oficios que en general no querían desempeñar los españoles y que los indios tenían prohibidos. Desde fines del siglo XVII estaban obligados a organizarse en milicias de lanceros para cuidar las costas a cambio de no pagar tributo. Esos pardos y mulatos en los llanos ganaderos representaban hasta el 90% de la población, y en las cabeceras de las alcaldías y parroquias, como Acayucan, Chinameca, Cosamaloapan, San Andrés Tuxtla y Santiago Tuxtla eran hasta el 30 % de los habitantes. Muchos de estos pardos libres vivían en parajes, matas y jaros, donde formaban caseríos temporales, ya que cuando los hacendados o las autoridades pretendían cobrarles derecho de piso simplemente se mudaban de jurisdicción.  Desde el puerto de Veracruz hacia el sur eran los reinos del ganado, pues en 1780 pastaban en los llanos y tierras bajas más de doscientas mil cabezas de ganado vacuno, propiedad de veinte haciendas y de algunos ranchos, comunidades y cofradías. El Barlovento, en cambio, no llegaba a las veintisiete mil cabezas de ganado vacuno y cuarenta mil de ganado lanar. Esa dinámica ganadera que propició el surgimiento de los pardos y morenos libres del Sotavento, estuvo ausente en el Barlovento (AGN, Indiferente de Guerra, v. 23A).  

 


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La Manta y La Raya # 19                                             septiembres  2025


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La Manta y La Raya # 18                                                       marzo 2025


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La Manta y La Raya # 17                                                       septiembre 2024


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La Manta y La Raya # 15                                                        septiembre 2023


 

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La Manta y La Raya # 14                                                           marzo 2023


 

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La Manta y La Raya # 13                                                           septiembre 2022


 

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La Manta y La Raya # 12                                                                 marzo 2021


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La Manta y La Raya # 11                                                        septiembre 2020


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La Manta y La Raya # 9                                                                         marzo 2019


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La Manta y La Raya # 8                                                          septiembre 2018


 

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La Manta y La Raya # 7                                                           marzo  2018


 

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La Manta y La Raya # 6                                                                 noviembre  2017


 

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La Manta y La Raya # 5                                                                    julio  2017


 

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La Manta y La Raya # 4                                                                              marzo  2017


 

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La Manta y La Raya # 3                                                                              octubre 2016


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La Manta y La Raya # 2                                                                              febrero 2016


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La Manta y La Raya # 1                                                                                           febrero 2016


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La Manta y La Raya # 0                                                                                          octubre 2015


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