El armadillo

La Manta y La Raya # 19                                                 septiembre  2025 ________________________________________________________________________

El armadillo

Andrés Bernardo Moreno Nájera

Armadillo, ayotochtli en náhuatl, palabra que significa literalmente “tortuga-conejo”; āyōtl (tortuga o calabaza) y tōchtli (conejo). Códice Florentino, Libro XI.

 

En mi infancia, los hijos de los obreros y campesinos no tuvimos la dicha de tener una televisión, un radio  o la fortuna de festejar el día del niño, pero tuvimos el privilegio de escuchar de nuestros abuelos y personas mayores un sinnúmero de relatos e historias que daban pie a echar a andar la imaginación, de mantenernos unidos, dando lugar a la siembra de valores, como primer paso de la educación.

EL ARMADILLO

Hace muchos años, cuando el sol empezaba a calentar la tierra, Dios se preocupaba por la vida del hombre, por eso bajaba de vez en cuando para vivir como ellos y sentir las alegrías, el dolor y el hambre que ellos sentían, pero también para ver si en su corazón ardía la llama de amor que los mantenía unidos.

Un buen día se dio cuenta que negros nubarrones estaban apagando la flama de su corazón, entonces decidió bajar a la tierra bajo la apariencia de un anciano enfermo y hambriento.

Al llegar a los pueblos notó la indiferencia de los seres humanos. Cada uno se preocupaba por sus propios problemas sin importarle la desdicha de los demás, pero también quiso saber cuál era la causa que hacía que tomara esa actitud.

Recorrió las calles de los pueblos y en todos los hogares había desolación y hambre, se dio cuenta que la falta de alimento era la causa principal de la desdicha de la humanidad. También deseaba saber  si el corazón de los hombres no se había endurecido con esa difícil prueba que estaba pasando.

Así, en forma de anciano enfermo y hambriento tocó las puertas de las casas pidiendo ayuda; algunas casas le cerraron las puertas, en otras les dieron esperanzas para encontrar lo que buscaba y fuerzas para seguir andando.

Un buen día al tocar la puerta de una humilde choza, de su interior salieron dos pequeños ancianos, con los rostros tan arrugados que semejaba los campos surcados por el arado. En el fondo de esos arrugados rostros la sonrisa más tierna y la mirada más sublime:

–¿Que buscas por aquí viajero? Preguntaron los ancianos.

–Solo algo de alimento para mitigar el hambre y seguir mi camino– respondió el Creador.

A lo que los ancianos penetraron dentro de su choza y al salir dijeron:

–Solo tenemos dos papayanes para comer, pero tú te ves cansado y hambriento, toma uno y prosigue tu camino.

El harapiento viajero tomó con gran amor la tortilla entre sus arrugadas y temblorosas manos y se echó a andar por el camino.

Siguió recorriendo los pueblos y así en un lugar le dieron un pedacito de carne de cerdo, en otro un trozo de carne de res, en otro un pedazo de pollo, un pedacito de mazate, un trocito de pato hasta reunir una gran cantidad de comida en el papayán. 

Agarró con cuidado la tortilla entre sus rugosas manos y formo un gran taco que con mucho cuidado  colocó en la tierra y le dijo:

–Anda, ve, reprodúcete  y alimenta al hombre– convirtiéndose el taco en un hermoso armadillo.

Desde ese día el armadillo pobló los campos de la tierra, se reprodujo por los bosques y la selva. Viviendo en las entrañas de la tierra, hoy sirve de alimento a los hombres del campo.

Por eso el armadillo tiene la apariencia de un enorme taco y su carne tiene sabores diferentes, pues fue formado con la carne de todos los animales.

Andrés Bernardo Moreno Nájera

septiembre 2018


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