El otro Tomás Segovia

La Manta y La Raya # 10                                                                marzo 2020 _________________________________________________________________________

El otro *

                                        Tomás Segovia 

 

Mario Hernández

 

Hasta el cuarto donde estoy tratando de proseguir mi tarea de traducción, me llegan desde la huerta las voces de Jesús y don Andrés. Imposible continuar, hablan demasiado alto. No les es tan fácil entenderse, en ese español que cada uno usa de diferente manera: el uno a la manera del huertano murciano, que llaman panocho; el otro a la manera del campesino veracruzano que llaman jarocho. Sin darse cuenta, van subiendo cada vez más la voz, como si así se dieran a entender mejor. Panocho y jarocho riman, pienso bobamente. No son las únicas cosas que han rimado aquí estos días, que nos han dado repetidamente esa gozosa sorpresa saboreable que da una rima bien encontrada.

Don Andrés, sesentón con gafas, algo mayor que Jesús es, como éste, campesino hasta los huesos. Pero además toca la jarana, la guitarra de son y sobre todo la jarana requinto. Nunca ha visto un pentagrama y apenas podría poner por escrito, a trompicones con ortografía, las coplas que canta de memoria. Pero estoy seguro de que si yo hiciera oír a algún culto ciertos fragmentos de improvisaciones suyas al requinto que tengo grabadas, lo pondría en un aprieto preguntándole si son o no son de Bach. Su padre fue músico, su abuelo fue músico, algunos de sus hijos son músicos y sus hijas bailadoras. Uno de ellos, Octavio, de 22 años, está con él. Toca los mismos instrumentos que su padre, y maravillosamente, el arpa veracruzana. Forman parte de un conjunto que toca sones de su tierra y que desde hace unos años, en la ciudad de Veracruz (en el puerto como dicen ellos), se dedica a recoger y transmitir esa tradición, no sólo rescatando coplas y músicas de esa parte de México, sino enseñando a construir los instrumentos, a tocarlos, y a bailar esos zapateados con el torso inmóvil y suelto que son típicos de la región. El conjunto vino hace poco a la Exposición de Sevilla, donde por supuesto no les hicieron ni mucha publicidad ni mucho caso. El alma del grupo y promotor de esas actividades que acabo de decir, Gilberto, es viejo amigo mío, y después de Sevilla él y otros vinieron a verme a mi casa de la huerta, murciana. Se alojaron allí porque los presupuestos, ya se sabe, los de México y España como los de cualquier país, tienen demasiados gastos de publicidad, ceremonias, visitas oficiales, instalaciones, personal administrativo, para poder pagar un modesto hotel a unos músicos extraordinarios pero de poco valor político-publicitario, campesinos ellos, provincianos ellos, y que de todos modos van a tocar porque, Dios los perdone, aman más la música que el dinero y hasta que las entrevistas en la televisión o en las revistas a todo color.

La aman tanto, que en mi casa no paraban de tocar a cualquier hora y sin necesidad de ningún pretexto. Pero yo tengo en Murcia, algunos amigos tan poco postmodernos como estos jaraneros, tan atrasados de noticias que siguen entusiasmándose con la buena música, la buena pintura, la buena literatura, con la autenticidad, la calidad y la verdad, y siguen creyendo, los muy ingenuos, que esos son valores que algunas cosas tienen de por sí, no porque se los hayan conferido las bienales, los catálogos y currícula, las famas o las modas o las connivencias con el poder. De modo que se apasionaron cuando oyeron tocar a estos jarochos, comprendieron enseguida que en aquella música que no habían oído nunca había la misma verdad que en la que tanto habían oído en la voz de la Niña de los Peines, de Bernardo el de los Lobitos y del Agujetas. Y se propusieron con asombrosa tenacidad que el grupo fuera invitado a tocar en público en Murcia, y de ser posible en otros sitios de España. 

Bueno, pero no fue fácil, cosa que a mí desde luego no me extraña nada. Ni fácil, ni muy agradable. El festival de folclore del Mediterráneo que se organiza en Murcia, dijo primero que sí, luego que no, luego otra vez que sí, regateó el dinero desoladoramente, los ninguneó de mil maneras y llegó al extremo de que la tarima sobre la que debían zapatear tuvieron que encargarla y pagarla deprisa y corriendo nuestros amigos murcianos. La embajada de México aceptó gastar una pequeña suma que apenas cubría el transporte y el alojamiento (pero también en Madrid había bastantes amigos para alojarlos, siquiera en colchones en el suelo, distribuyéndolos entre varias casas). Cuando ya los músicos estaban en España, la embajada decidió ahorrar esa suma ridícula y no se tentó el corazón para no cumplir la oficialmente prometido. Menos mal que la Caja de Murcia y la Casa de América salieron al quite. De otro modo no habrían podido cubrir ni siquiera los gastos de transporte que ya habían hecho; don Andrés por lo menos no hubiera podido pagar esa deuda, porque este año, en México como en España, la cosecha no ha sido buena. 

Pero lo importante es que acabaron por venir, que acabaron por tocar y cantar, y que Jesús y don Andrés acabaron por hablar. No necesitaron gran promoción ni patrocinio para acabar, cada vez que tocaron, despertando el entusiasmo emocionado de quienes los escucharon, como Jesús y don Andrés no necesitaban en realidad subir la voz para entenderse: ese mutuo descubrimiento real no es estentóreo. Todos los que presenciamos esa brusca llama de amistad entre los dos campesinos no lo olvidaremos nunca. Jesús estuvo todos esos días con las enjutas mejillas encendidas, los ojos relumbrantes, la boca sonriendo o riendo de par en par, los brazos casi siempre alzados como si esas explicaciones que daba con la sonora alegría con que se da una buena noticia, no quisiera sólo decirlas, sino bailarlas. Apenas podía creer que ese músico que tanto habíamos esperado, que aplaudíamos a rabiar, que había grabado casetes, fuera un hombre de la tierra como él, menos familiarizado incluso que él con la televisión, los aviones, los coches, que no podría ir a sus sembrados en vespino (1) como él, porque nunca se ha subido a uno, sino que sigue yendo a caballo hasta su milpa. Don Andrés, cuando no estaba punteando su requinto por algún rincón, deambulaba por la casa haciendo tiempo hasta la llegada de Jesús, para irse entonces con él a la huerta y sentirse por fin a sus anchas. Parece mentira, pero fue la semana pasada, después de esos famosos 500 años, cuando un huertano español enseñó a hacer injertos a un campesino de América, que a su vez explico a aquél cómo se cultiva el café.

Esto no sucedió en ningún “foro”, ni entre dos aparatosos discursos, ni ante las cámaras de televisión. Sucedió entre dos hombres, y sucedió entre dos culturas que esos hombres, como sus frutales, sus hortalizas, han chupado de la tierra y no de la publicidad o de la enseñanza patriótica con sus fórmulas propagandística, sucedió en medio de unos amigos sin ningún programa ni ambición particulares, en la penumbra olorosa de la huerta, en una clase de libertad de la que estamos perdiendo hasta la memoria. 

El día que tocaron en el pueblo, don Andrés se acercó al micrófono tropezando un poco con él, para dedicar su improvisación “a un amigo que se llama Jesús”. En ninguno de los interminables discursos que las celebraciones de Quinto Centenario han hecho pulular, puede sonar así la verdad en la palabra “amigo”. Don Andrés acabó por decir “patata” en lugar de “papa”, para que le entendieran. Jesús aprendió que el higo chumbo se llama tuna y comió nopales, o sea, pencas de chumberas (que tampoco llama así, sino “paleras”), que abundan en su tierra sin que nadie sepa que se comen.

¿Encuentro de culturas? Pero ¿dónde se produce? Ningún programa oficial enseñará eso a unos campesinos separados por un océano. Yo sigo convencido de que este encuentro de verdades hubiera podido producirse sin las pocas coincidencias relacionadas con la celebración que lo favorecieron, gracias a otras coincidencias que hubiéramos aprovechado o provocado, como lo hicimos en realidad. Es cierto de todos modos que tal como sucedió, esas coincidencias existieron y ayudaron. Pero tuvimos que luchar bastante, y esa lucha era contra las instituciones encargadas, según declaran de favorecer ese encuentro. Sé que puedo aceptarse que vaya lo uno por lo otro. Sólo que por eso mismo no hay que olvidar que hay lo uno y lo otro, y yo por supuesto no me atrevería a hacer balance, pero ese balance existe.

 


(*) Este texto aparece incluido en el libro Monogramas, recopilado por Juan Pascoe y editado en segunda edición por la Universidad Veracruzana en su colección Ficciones. La primera edición de Monogramas fue hecha por el taller Martín Pescador en 2004. Los editores de La Manta y La Raya agradecemos la generosidad de María Luisa Capella quien nos autorizó reproducir este texto del maestro Tomás Segovia. De igual manera queremos hacer patente nuestro agradecimiento con Francisco Segovia y Juan Pascoe por sus amables gestiones.

(1) Se refiere a un ciclomotor de patente española también conocido en México como bici-moto. Las cursivas son de los Editores.

 

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Citlali Malpica. In memoriam

La Manta y La Raya # 10                                                                 marzo 2020 ________________________________________________________________________

Citlaly Malpica

 In memoriam

 Armando Herrera Silva

 

Pablo Emiliano

Versadora repentista, instructora, buena conversadora, entre otras virtudes, Citlaly Malpica, nos ha dejado honda huella, pues no sólo era una excelente poeta, sino que su personalidad irradiaba una especie de candor que hacía sentir bien a quien se paraba a platicar con ella. 

El año pasado, hacia marzo, me hizo llegar una serie de poemas con la finalidad de que trabajáramos un libro, pues le hacía mucha ilusión tener una publicación con parte de su obra. En cuanto tuve sus escritos, me puse a revisarlos, tratando de seguir un orden temático. Le comenté que me parecía que la totalidad de poemas enviados eran pocos como para hacer un libro, pues no llegaban a 50 cuartillas, por lo que le propuse incluyéramos junto a sus versos, como parte del libro, su historia de vida. Desde luego, le gustó la idea, además, se trataba de un formato que ya he trabajado con distintos artistas populares, como don Constantino Blanco Ruíz, “Tío Costilla”, don Guillermo Cházaro Lagos o don Artemio Villeda Marín.

Recuerdo que solía platicar que su madre, desde muy pequeña la motivaba a versar, así que a temprana edad aprendió este arte. Pensé incluso, que el encierro de la pandemia podría ayudar a armar de buena forma su historia, pues hay que decir que a Citlaly, la vida no la trató nada bien desde pequeña.

La conocí en 2013; recuerdo a una muchacha guapa, muy delgada que trabajaba en una panadería y que en esa época se había lastimado un pie, lo cual afectaba sus clases que también daba de zapateado jarocho. Adriana Cao Romero la había traído a vivir a su casa, el “Hostal Quitapesares”, como bautizamos su departamento en la colonia Letrán Valle, hacia el sur de la ciudad de México, en donde yo también estaba viviendo ─ el corazón de Adriana es tan grande, que siempre ha estado ahí, para abrazar o ayudar a los amigos cuando han necesitado de algún apoyo, y ese era el caso, en ese momento, con Citlaly. 

Lamentablemente, esta segunda parte de su libro que veníamos planeando ya no pudimos hacerla, pues la vida misma le había marcado un destino corto. Citlaly murió el 10 de marzo del año 2021, apenas había cumplido 29 años. Por esto me parece importante que La Manta y La Raya publique en este número una pequeña muestra de sus trabajos, pues al igual que casi todos los versadores repentistas, la mayor parte de su obra quedará en el olvido si no se tiene un registro de ésta, pues prácticamente cada vez que se subía a un tablado, de su boca salían versos como mariposas que al viento volaban.

Así que vaya este pequeño, pero muy sentido testimonio, como homenaje a nuestra querida y recordada amiga Citlaly Malpica.

tir de una revisión organográfica de las tarimas en géneros musicales “zapateados” de la costa del Pacífico mexicano, analizaré las hipótesis que postulan actualmente algunos investigadores acerca del origen de las tarimas de percusión que se conservan en dicha

 

 

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De bailes, fandangos y tarimas. Dilemas de un origen.

La Manta y La Raya # 10                                                                   marzo 2020 _________________________________________________________________________

De bailes, fandangos y tarimas.                             Dilemas de un origen

Alejandro Martínez de la Rosa

 

 

A partir de una revisión organográfica de las tarimas en géneros musicales “zapateados” de la costa del Pacífico mexicano, analizaré las hipótesis que postulan actualmente algunos investigadores acerca del origen de las tarimas de percusión que se conservan en dicha macroregión. Haciendo hincapié en las particularidades existentes en las costas del Sur, Norte y Occidente de México, fundamentaré por qué tales hipótesis están mal planteadas puesto que un estudio que se circunscriba a un enfoque organológico unificador (las tarimas de percusión) antes que a la acción musical que produce el sonido (las variantes del baile-zapateo), provoca que las propuestas sobrevaloren únicamente alguna de las variantes de ejecución de tales idiófonos.

Primeras clasificaciones del 

complejo baile-tarima

Así como la marimba despierta incógnitas y debates con relación a su origen –hasta el punto de falsificar pruebas debido a su implicación con cierto nacionalismo–,(1) en el presente artículo mostraré algunas premisas sobre el origen de un instrumento que se encuentra actualmente en uso en varias zonas de la costa del Pacífico mexicano: la tarima de percusión. Por supuesto, aunque el instrumento aparece en varias tradiciones musicales de México, abordaré inicialmente los que tengan relación con los conjuntos de arpa de la costa del Pacífico.

Arturo Chamorro definió en su libro Los instrumentos de percusión de México que las “tarimas de percusión” son idiófonos de golpe directo que resultan “del ensamble de tablas o de la manufactura en una sola pieza de madera, que se percute mediante ‘zapateo’, por golpe directo con los pies, en acción de danza”, las cuales tendrían como ejemplo “los ‘entarimados’ sobre los cuales se bailan actualmente algunos géneros tradicionales como el huapango y el son jarocho”, y añade que dichos bailes son “influenciados por el ‘zapateo andaluz’”.(2) De la anterior definición puedo proponer la siguiente hipótesis de investigación, si bien la tarima hecha a base del ensamble de tablas se observa en ambas costas del país –costa del Pacífico y Golfo de México–, las tarimas de una sola pieza de madera actualmente sólo se encuentran en la costa de Pacífico –y su hinterland–, lo cual nos indica una delimitación sugerente para proponer que tuvieron un origen o una difusión que no se dio en la costa del Golfo. 

Gabriel Saldívar mencionó en 1935 que, en México, las “variedades de zapateados […], con el tiempo, adquirirían características diferenciales, naciendo en una costa el Huapango mestizo y en la otra un baile semejante, el de Tarima, también mestizo, teniendo ambos sus ancestros, por línea directa, en los mitotes y ximiotes de que se hacen lenguas los antiguos cronistas”.(3) El estudioso delimita aquí características diferenciadas en dos macroregiones, que –paradójicamente– son semejantes. El ensayo no ahonda más en diferencias y semejanzas específicas. La cuestión es que habla, líneas más arriba, de un origen común del jarabe: “danzas zapateadas españolas”, que con el tiempo se diferenciarán debido a “un nuevo temperamento y a una nueva manera de sentir”. No obstante, queda la pregunta si el origen son las danzas zapateadas españolas o los mitotes y ximiotes. El autor responde así:

el nombre mismo del Huapango (de cuahuitl leño o madera, ipan sobre él, co lugar) sobre el tablado que diríamos nosotros, nos está indicando su procedencia autóctona; y, por otra parte, la estructura y desarrollo de la danza tanto en la música como en el baile, nos habla de sus antecesores la Seguidilla y el Fandango. En cuanto a los Bailes de Tarima, se puede asegurar idéntico origen, recibiendo en la actualidad el nombre de Jarabes, cuando se verifican en los estados de Nayarit, Durango, Colima, Michoacán, Jalisco y alguno otro que se me escapa.(4)

 

 

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Las formas de medir y contar de los abuelos

La Manta y La Raya # 10                                                                 marzo 2020 _________________________________________________________________________

Las formas de medir y contar de los abuelos

Andrés Moreno Nájera

 

 

Al triunfo de la Revolución francesa se introduce un método moderno para medir y pesar, capaz de unificar todos los criterios habidos en ese tiempo. El 10 de diciembre de 1799 se aprueba el nuevo sistema de pesas y medidas firmado dicho decreto por Napoleón, denominado: sistema métrico decimal.

En México se introduce y aprueba durante el mandato de Ignacio Comonfort el 15 de marzo de 1857, confirmando y decretando su obligatoriedad en 1861 el presidente Benito Juárez. Mas sin embargo por el analfabetismo predominante, la resistencia a cambiar sus viejas formas de medir y pesar que por generaciones venían haciendo y lo dificultoso de los medios de comunicación era difícil alcanzar el objetivo.

Con la llegada de Porfirio Díaz en 1876 se intensifica el esfuerzo de introducir el sistema métrico decimal, mas sin embargo no se consigue, aunque se logra avanzar en materia de comunicación, se retrocede al sumir al grueso de la población en una miseria lacerante, además de la degradante condición campesina y obrera en las hacienda del país y en las zonas de explotación masiva e inhumana de los mismos, como fueron la región henequenera , la región chiclera, valle nacional etc., donde no tenían la menor oportunidad de instruirse.

Hasta la actualidad quedan reminiscencias de ese antiguo sistema de pesas y medidas que emplearon nuestros bisabuelos.

El trabajo del campo iniciaba con la preparación de las tierras, el campesino acudía a las labores con su chahuastle en la mano para limpiarlas y prepararlas para la siembra. El trabajo lo realizaba por tareas, les pagaban por las que lograba hacer en el jornal. Una tarea era un área de 30 por 30 varas, y cada vara equivale a 0.83m.

Cuando la milpa tenia elotes, estos se vendían y compraban por manos. Después de la pizca, el maíz también se podía vender o cambiar por otros artículos que cubrieran las necesidades del momento y esto se hacía por manos o en zontles; una mano contempla 5 piezas y el zontle 80 manos o un total de 400 mazorcas.

Si el maíz ya estaba desgranado o cualquier otro grano como el frijol y el arroz, entonces se vendía por arroba cuyo símbolo siempre ha sido @ y estaba tasada en 11.5 kilogramos, por esta razón los hombres de campo hacían las canastas de una arroba, media arroba y un cuarto de arroba, rasada, sin colmo.

Si era una cantidad mayor se empleaba la fanega que tenía un peso promedio de 70 kilogramos, pero podía variar también de acuerdo al grano o a los comerciantes. Así la fanega de maíz pesaba 65 kg, la de frijol 75 kg, la de trigo 70 kg, dos fanegas hacían una carga, que era lo que aguantaba un animal de herradura sin forzarlo, para andar largas distancias.

Las cebollas, las flores, las velas de sebo y los cohetes se vendían en gruesas, una gruesa tiene 12 docenas o 144 piezas y media gruesa son 72 piezas.

La leña, los costales de granos, los matules de tabaco se miden en tongas, que varía en cuanto a cantidades específicas, así una carga de leña tiene cien pencas y con diez cargas se hace una tonga.

El tomate chiquito, la chilpayita, la semilla de cilantro se vendía en medidas que eran unas canastitas de junco hechas para tal fin, sustituidas posteriormente por tapas metálicas de algún frasco, donde la marchanta después de la medida daba la ñapa al comprador.

Para hacer una jarana, el campesino medía el grueso de la madera en palmos; los trazos de la caja, el brazo y el clavijero también empleaba el palmo, dedos, cuartas o jemes. Para apuntarlas o trastearlas usaba una cuerda y el oído para definir los sonidos que debía dar cada traste.

La distancia entre un pueblo y otro se media en leguas, que equivalía aproximadamente a 5500 metros, o una hora de camino a buen paso.

El sistema monetario también fue complejo, el campesino ganaba en su jornal un real o un real y una cuartilla si bien le iba con el patrón, el real tenía el valor de 12.5 centavos y equivalía a 2 medios y cada medio a dos cuartillas.

Un peso eran 8 reales, que era igual a 16 medios, o 32 cuartillas, o 100 tlacos, un tlaco era igual a un centavo. Un Imperio era un peso de tiempos del Imperio de Maximiliano acuñado en plata.

Este sistema monetario de México del ayer se expone en esta versión de unas décimas recogida hace unos treinta años en la comunidad de Dos Amates, legado que nos dejó don Simón Baxin, oriundo de Cerro Amarillo de arriba del municipio de San Andrés Tuxtla y corresponden a el canto por argumento mayor del zapateado en la región de los Tuxtlas.

Ahora que estoy en porfía

Quiero ver lo que argumentas

Pá que me saques la cuenta

De plazo te doy diez días

Porque sigue tu osadía

Y quiero bajarte del trono

Claramente a tu abono

Versos con quien comprenda

Dime que tanto arrienda

Cien pesos empleados en manos.

.

Parece cosa sencilla 

O difícil de sacarla

Bien puedes acomodarla

A ochenta por cuartilla

Ya apareció en esta villa

Quien cause tu perdición

Perderás el galardón

Suma la cuenta y veras

Y al momento me dirás

Que cuantas manos son.

.

Comienzo yo los cien pesos

Cien pesos empleados en manos

Quiero subirme del tono

Con tlaco y reales empiezo

Pá que no tengas tropiezo

Un real son cuatro cuartillas

Esto no es cosa sencilla

Pon en consideración

Y dime bien la proporción:

Mil seiscientas maravillas.

.

Ochocientos son dos y medio *

Mil seiscientos cinco reales *

Cuatrocientos seis cabales *

Ochocientos veinte imperios

Seis mil cuatrocientos sin remedio *

Son cinco pesos contados

Doce mil ochocientos sumados *

Son diez pesos sin faltar

Y otros cinco has de agregar

Súmale con cuidado.

.

Comienzo por lo sutil 

Si por cuartillas lo pones

Cierra las numeraciones

Son ciento veintiocho mil *

Esto lo hace un hombre civil

Que en este punto honrado

Con otro te has encontrado

Y lo que te dio este sujeto 

Lo has hallado completo

En la cuenta que te he dado.


 

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La vergüenza me sujeta

La Manta y La Raya # 10                                                                 marzo 2020 ________________________________________________________________________

La vergüenza me sujeta.                                          Relato de vida de Andrés Vega Delfín

Una entrevista realizada por      Armando Herrera Silva y                   Román Güemes Jiménez

   

F. Garcia Ranz, 1982.

 

Nota introductoria

El presente texto es una entrevista grabada en audio en septiembre de 1994 en Boca de San Miguel, municipio de Tlacotalpan, Veracruz, en casa de la familia Vega Delfín. La transcripción se realizó a lo largo de los tres años siguientes. El texto es fiel al relato de Don Andrés Vega Delfín. Sólo se ordenaron los temas y se eliminaron algunas expresiones reiterativas.

A veintisiete años de haberse realizado esta entrevista, adquiere especial relevancia, en este 2021 que el Güero Vega cumple 90 años, habiéndose consolidado él mismo como verdadero arista popular, convertido ya en un referente del son jarocho; un intenso movimiento jaranero que en ese momento estaba en ciernes y que hoy ha trascendido las fronteras nacionales; una recuperación sin duda de  la fiesta del fandango, además de muchos seguidores que ahora tiene el Güero Vega, inmersos en el mundo del son jarocho y la fiesta del fandango.

En este texto, encontramos un relato ameno, fresco y muy divertido, aunque a la vez  dramático en algunas partes, del acontecer del sotavento veracruzano. Los temas que aborda tienen que ver con la visión de la vida, el trabajo, el entorno natural, la familia y por supuesto, la música y la fiesta del fandango; implican una historia local que sin duda, podemos extrapolarla al hoy casi extinto mundo rural en México.

Por otro lado, hay que decir que hoy, la familia Vega es un pilar fundamental del son jarocho, no sólo por el estilo inconfundible que al son le ha dado Don Andrés Vega Delfín, sino también porque muchos de sus descendientes de segunda y tercera generación son parte imprescindible del mundo del son jarocho.

Por último, comentaré que esta entrevista es parte de una serie de relatos que denominamos “Testimonios del Mago Papaloapan”, en los que se hizo registro de las historias de vida de varios músicos y poetas de la Cuenca del Río Papaloapan, en el sur del Estado de Veracruz, realizados por Román Güemes Jiménez y un servidor, entre 1994 y 1996.

Vaya pues el presente relato como homenaje a este patriarca del son que mucho le ha aportado a la música popular de México.

Armando Herrera Silva


 

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Tlacotalpan: retrato y paisaje. Javier Manzola

La Manta y La Raya # 10                                                                  marzo 2020 ________________________________________________________________________

Tlacotalpan: retrato y paisaje

Javier Manzola   

Una muestra del quehacer fotográfico de Javier Manzola se presenta en este portafolio integrado por imágenes captadas durante las fiestas de la Virgen de La Candelaria de Tlacotalpan; la selección hecha gira alrededor de dos temas principales (aunque no los únicos) que aborda Javier en su obra fotográfica: el retrato, instantes fugaces e irrepetibles, y el entorno local, aparentemente estático, y su arquitectura vernácula. 

Es alrededor de los fandangos callejeros que se organizan en esos días de fiesta, alejados desde años de los espacios céntricos del pueblo, en donde Javier Manzola captura imágenes entrañables. Retratos en su mayoría de personas aficionadas al son jarocho, al zapateado, al verso… , reunidas en las noches alrededor de la tarima, o en la madrugada en la iglesia cantando, o a las primeras horas de la mañana después del fandango, o al mediodía jugando un partido de béisbol. Momentos y experiencias colectivas especiales, de gran empatía y sincronicidad, que se refleja en las personas que descubre y retrata Manzola Momentos expresivos, radiantes, desprevenidos, naturales, sin duda felices en muchos casos. Evidencias irrefutables de los estados de dicha y éxtasis que se pueden experimentar entre la colectividad que se reune alrededor de un fandango jarocho. Visiones únicas que se repiten una y otra vez y que repican como campanas. 

Por otra parte, Javier nos comparte una pequeña selección de fotografías del paisaje local de Tlacotalpan, su arquitectura deslumbrante y “las cosas que se pueden ver en el cielo”, dijera Jung, en conjunción con los astros.  

Una mirada que observa, atenta, siempre discreta, es la de Mazola, quién tiene la capacidad de hacerse “invisible”, una cualidad muy apreciada entre los fotógrafos y que se refleja en su obra. Hay personas que piensan que la felicidad es un instante, sin duda muchas de las fotos incluídas en este portafolio captan ese instante. 

Nos sentimos afortunados de poder publicar este portafolio que nos comparte Javier Manzola y desde luego dispuestos a seguirle la pista, a donde quiera que vaya nuestro amigo con su aparato para hacer fotos.

 Los Editores

 

 

 

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IV Encuentro de Son Tradicional Veracruzano de Raíz Cubano

La Manta y La Raya # 10                                                                 marzo 2020 ________________________________________________________________________

Cuarto Encuentro de Son                                Tradicional Veracruzano                                        de Raíz Cubana                                                            Un acercamiento a la música, sus                                    intérpretes e historia

Son de La Loma    Son Raza de Bronce   Son del 21       Quinteto Mocambo   Son como Son del Callejón                  Orquesta Moscovita de la UV  Los Veracruzanísimos Pregoneros del Recuerdo

Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC), 2015

 

Julio Torres Lara

 

Aunque existe cierta fascinación por atribuir a las prácticas y tradiciones musicales un origen único, una autoría con nombre y apellido o, incluso, un único y específico lugar de procedencia (“lugar mítico donde todo comenzó”), lo cierto es que al mirar y escuchar de cerca y con serenidad  la dinámica y desarrollo de las prácticas musicales, lo que uno constata es su enorme dinamismo, su emergencia y constante transformación a partir de influencias diversas, circulaciones, re-significaciones, préstamos culturales a diestra y siniestra, apropiaciones e invenciones que expresan la convergencia de improntas, emociones, instrumentos y temporalidades distintas. En suma, las tradiciones musicales expresan la viveza de la existencia humana en todo su esplendor. 

Estas imaginaciones alcanzan las entrañas al escuchar el disco editado en 2015 por el Instituto Veracruzano de la Cultura de Veracruz (IVEC), bajo el abigarrado título de “Cuarto Encuentro de Son Tradicional Veracruzano de Raíz Cubana”. Se trata, como puede constatarlo el escucha mientras se suceden uno tras otro los números de esta producción, de un disco de son montuno veracruzano, es decir, integrado con piezas compuestas e interpretadas por lo mejor de la escena sonera contemporánea del inmortal Puerto de Veracruz. ¿Por qué ponerle un título tan rebuscado parece legítimo preguntarse? ¡A saber! Quizá fue un término o expresión que los propios músicos sugirieron o, tal vez, un título que se le ocurrió a alguien para enfatizar lo “propio” de una tradición musical que, se sabe bien, llegó procedente del oriente cubano. Lo que sí se puede afirmar es que esta grabación es una muy bien lograda producción musical coordinada y dirigida, ni más ni menos, que por el ya legendario músico jarocho Arturo “Arturito” Pitalúa, director de Los Veracruzanísimos Pregoneros del Recuerdo. Y esto hace que sea preciso reconocer a la Subdirección de Desarrollo Regional Cultural del IVEC por el acierto de esta iniciativa.

Contra viento y marea el son montuno se encuentre presente y vigente en el gusto de los porteños jarochos. Para ello, las distintas agrupaciones que participan en esta producción –y otras más que conocemos bastante bien en el Puerto– tienen todo el protagonismo y responsabilidad. Las y los bailadores tienen, por supuesto, otra parte importantísima del crédito. Lugares emblemáticos en la vida festiva del puerto, como Villa del Mar, el callejón de La Plazuela de La Campana, el callejón de La Lagunilla o el siempre sorpresivo complejo Zócalo-Los Portales, siguen siendo un refugio para los gozadores del son montuno, la guaracha, el danzón, el bolero o la rumba. Es justo decir también que una parte de ese crédito habrá que reconocerle al equipo de trabajo del IVEC que, a pesar de maltratos, recortes interminables y despotismos de funcionarios de ocasión, siguen comprometidos por fortalecer, desde la parte institucional, la diversidad cultural del estado. No sólo con la realización de este Encuentro sino también a través del Festival Internacional Afrocaribeño, donde el son montuno ocupa un lugar privilegiado. Por esta razón sólo se puede aplaudir la aparición de este disco y desear que en un futuro próximo se pueda escuchar (o descargar incluso de manera gratuita) desde la página de internet del propio IVEC.

Si la memoria no nos falla, en 2012, en ocasión de uno de estos primeros Encuentros de Son Montuno Veracruzano organizado por el IVEC se planteó la importancia y utilidad que tendría hacer un registro del importante acervo de piezas musicales que, aglutinadas bajo el genérico nombre de son montuno (en referencia al son que empezó a bailarse en el monte y oriente cubano), han sido compuestas por veracruzanas y veracruzanos, apropiadas, bailadas y cantadas por la jarochería en los espacios festivos del Puerto de Veracruz. Tras algunos años de espera esta idea pudo realizarse y contamos ahora con este fantástico documento musical que, nos gustaría pensar, muy pronto estará acompañado por varios fonogramas más, hasta constituir –por qué no, se vale soñar- toda una serie y acervo que documente, recupere y reactualice las distintas maneras en que el pueblo jarocho ha hecho suyo y expresado el son montuno. Estoy seguro que a Nacho León le habría gustado mucho conocer este disco. El recordado arqueólogo Ignacio León fue el iniciador, a mediados de los años noventa del siglo pasado, de los primeros encuentros de son montuno en el puerto jarocho desde su lugar, El Rincón de la Trova, un espacio que se volvió parada obligada para los bailadores locales y foráneos en busca de buena música y mejor ambiente, y donde los parroquianos se deleitaban bailando al son de la música que en aquel lugar hacían músicos que habían formado parte de la mítica agrupación porteña Son clave de oro, pero también otras agrupaciones estelares de la escena sonera veracruzana.

De dónde viene, cómo llegó o dónde surgió, siendo importante en sí no lo es tanto para dar cuenta y entender por qué el son montuno es tan apreciado por los veracruzanos, al grado de considerarlo –sin temor a equivocarnos– en una práctica constitutiva y fundamental de su patrimonio cultural. 

Como suele ocurrir con la aparición de un trabajo musical como este, surgen inevitablemente los recuentos y pases de lista, la enumeración de lo que falta, lo que se podría seguir haciendo, lo que nos gustaría escuchar en uno, dos, trece discos futuros consagrados al son montuno veracruzano. De bote pronto, pensamos que un disco que recoja el repertorio de compositoras veracruzanas y mexicanas en general, sería un éxito tremendo. Basta recordar el éxito logrado por Ema Elena Valdelamar con su inolvidable “Mucho corazón” que grabara el dueto Fantasma, integrado por Benny Moré y Lalo Montané.

Como muchas otras expresiones de la música tradicional y popular, el son montuno tiene el enorme reto de reinventarse y nutrirse de nuevas composiciones. Números que sean del gusto de las y los bailadores, que cuenten sus historias, sus anhelos, sus preocupaciones y luchas cotidianas. Para fortalecer el gusto por el son montuno, los medios de comunicación masiva deberían estar obligados a programar más música popular y tradicional de México y el mundo, como hasta hace algunos años lo hiciera con notable éxito RADIO MÁS, “la radio de los veracruzanos”. Sería deseable también que pudiéramos escuchar y bailar nuevos sones, boleros, guarachas, rumbas que, acorde a los tiempos que vivimos, cuestionen los lugares otrora comunes del machismo (la virilidad y violencia física y verbal a raja tabla, la exaltación por la vida pendenciera, la falsía del amor femenino, los “hacedores” de la mujer, el abandono de las y los hijos, la mujer como posesión del varón o los mil y un fetiches de la virginidad, por mencionar apenas algunos) y propongan en este nuevo repertorio, renovadas historias sonoras para pensarnos e interactuar con los demás desde otra educación sentimental. Composiciones novedosas, inteligentes y sensibles que favorezcan vivir la vida y gozar del cuerpo y el amor desde la igualdad, el respeto, la generosidad, la diversidad sexual, la no violencia y el combate frontal al clasismo y racismo, por poner algunos ejemplos.

Por lo pronto vayan nuestras felicitaciones más sinceras al querido y admirado Arturo Pitalúa por coordinar este disco y nuestro agradecimiento a las agrupaciones Son de La Loma, Son Raza de Bronce, Son del 21, Quinteto Mocambo, Son como Son, Son del Callejón, la Orquesta Moscovita de la UV y Los Veracruzanísimos Pregoneros del Recuerdo por la música que nos comparten. Gracias a estas agrupaciones y otras más que confiamos sean incluidas en futuros proyectos musicales como este que ahora comentamos, el son montuno veracruzano se encuentra vigente en Veracruz. Son montuno de manufactura y emoción muy veracruzana, el nombre… es lo de menos

Confiamos gozarán y bailarán con este disco tanto como nosotros.

Los Editores 

 

 

Revista en formato PDF (v.10.1.0):

 

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La guitarra de son, Libro 1, Un método…

La guitarra de son,                                                   Un método para su aprendizaje en diferentes tonos.   Libro primero  Edición Digital 2021

         Francisco  García  Ranz      Ramón  Gutiérrez  Hernández

 

 

Llegamos finalmente a esta nueva edición del Libro 1 de La guitarra de son, un método para su aprendizaje en diferentes tonos, un trabajo publicado originalmente en 2002, por el IVEC, dentro de la serie Cuadernos de Cultura Popular. Sin dejar de reconocer el gran esfuerzo que se hizo durante 2001, esa primera edición, como hemos comentado antes, salió a la luz pública lamentablemente con muchísimos errores editoriales, omisiones, etc.; en fin, como autores desilusionados consideramos la edición impresentable. Pagamos caro el cambio que ocurrió en la Editora de Gobierno cuando la formación y edición de los libros pasó de modo analógico a digital.

Una segunda edición de la obra se publicó en 2010 con un tiraje muy limitado. Desde ese entonces consideramos que más que hacer un tiraje en papel, la obra debía publicarse en formato digital PDF y distribuirse de manera gratuita.

Esta segunda edición digital 2021 del Libro 1 de La guitarra de son, a 20 años de haberse iniciado este proyecto editorial, el trabajo ha sido revisado una vez más y se han hecho modificaciones mínimas con respecto a la edición 2010, sin embargo, se han eliminando repeticiones y explicaciones redundantes. El cambio más importante en esta edición, es la introducción del término temple, muy común todavía en algunas tradiciones latinoamericanas (Perú, Bolivia, Chile, …). La idea del temple, un concepto elemental que existe desde antes de que las notas musicales tuviesen nombre, nos ha servido para explicar con mayor claridad y nombrar algo que habíamos planteado antes y que se nos dificultaba nombrar,  y todo esto en relación con el a veces confuso asunto de los tonos tradicional de la guitarra de son y la jarana jarocha.  

La guitarra de son. Un método… , Libro 1, PDF (v.1.1):


Grabaciones

Ejemplos musicales

I.01.  Grupo Reforma Agraria. Pajapan. (a)

I.02  Grupo Unidad Indígena. Sta. Rosa Loma Larga, Mpio. Hueyapan de Ocampo. (b)

I.03 I. Reyes y E. Lázaro. Sta. Rosa Loma Larga, Mpio. Hueyapan de Ocampo. (c)

I.04 I. Reyes y E. Lázaro. Sta. Rosa Loma Larga, Mpio. Hueyapan de Ocampo. (c)

I.05  Grupo Comején, Acayucan. (a)

I.06  D. Morales y L. Oseguera, Chacalapa. (c)

I.07. Grupo San Lorenzo, Tacamichapan. (d)

I.08. Grupo Chacalapa, Chinameca. (e)

I.09. L. Medel y J. Zapata, Santiago Tuxtla. (d)

I.10  Grupo de Tilapan, San Andrés Tuxtla. (b)

I.11. Félix y Arcadio Baxin, Santiago Tuxtla. (c)

I.12.  Grupo Son de Santiago, Santiago Tuxtla. (b)

I.13.  G. Chiguil y M Álvaro, San Andrés Tuxtla. (f)

I.14. Arcadio Hidalgo y su grupo, San Juan Evangelista. (g)

I.15. Grupo Casarín, El Marqués, Tlacotalpan. (d)

I.16.  P. Gil y L. Campos, Rancho Guinda, Santiago Tuxtla. (d)

I.17. B. Jimenez, J. Alvarez y H. Tadeo. Playa Vicente. (c)

I.18. Neftalí Rodríguez y su grupo, Pueblo Nuevo, Carillo. (d)

I.19. Los Auténticos Parientes, Playa Vicente. (h)

I.20. Grupo Alma Jarocha, Blanco de Nopalapan, Rdez Clara. (d)

I.21. D. Cabrera, T. Velázquez,… Boca del Río. (i)

I.22. J. Cruz y A. Alfonso, Tlacotalpan. (f)

I.23. Conjunto Tlacotalpan, Tlacotalpan. (j)

I.24. Los Tiburones del Golfo, Boca del Río. (j)

I.25. Grupos Ecos del Papaloapan, Córdoba. (j)

 

(a)  Fiesta de la Candelaria, Minatitlán 1991, © (p), 1991 Discos Pentagrama S.A., México. 

(b)Sones campesinos de la región de los Tuxtlas, grabaciones de campo, PACMYC, FONCA, 1995.

(c)Las Voces del Cedro/ La Puerta de Palo, © (p), 1998 Agustín Estrada, CNCA, FONCA.

(d)Grabaciones de campo, 1981-83,  Francisco García Ranz,  inéditas. 

(e)Sones de muertos y aparecidos, CONACULTA, Culturas Populares, 2000.

(f)Folklore Mexicano Vol. II, Antología del son Jarocho, grab. de José Raúl Hellmer, años 1960. 

(g)Sones de México, Antología, INAH/SEP, No. 15, grabaciones de Arturo Warman, años 1960. 

(h)Sones de la Llanura, Los auténticos parientes de Playa Vicente, Veracruz, CONACULTA, 2000. 

(i)Sones de Veracruz, INAH/SEP, No. 6, grabaciones de Arturo Warman, años 60. 

(j)La Iguana, Sones Jarochos, © (p), 1996 Discos Corasón S.A., México, (CDCO127). 

 

Ejercicios

I.26. Afinación

I.27. Tablatura

 

1ra serie de ejercicios 

I.28. Ejer. 1

I.28. Ejer. 2

I.29. Ejer. 3

I.30. Ejer. 4

I.31. Ejer. 5

I.32. Ejer. 6

I.33. Ejer. 7

I.34. Ejer. 8

 

2da serie de ejercicios 

I.35. Ejer. 9

I.36.  Ejer. 10

I.37. Ejer. 11

I.38. Ejer. 12

I.39. Ejer. 13

 

I.40.  El Piojo tema

I.41.  El Piojo variante

I.42. El Piojo estribillo

I.43. El Borracho

I.44. El Jarabe tema

I.45. El Jarabe tema variante

I.46. El Jarabe patrón 1

I.47. El Jarabe patrón 2

 

 

 

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Y se llama racismo – aunque de momento no lo  puedas o quieras ver.

La Manta y La Raya # 9                                                                         marzo 2019 ___________________________________________________________________________ Y se llama racismo aunque de momento no lo  puedas o quieras ver.(*)

Alvaro Alcántara López      Centro INAH Veracruz

(*) Una primera versión muy cercana a esta que ahora se publica apareció primero en el blog “El presente del pasado” [www.elpresentedelpasado.com]

¿Cómo ver lo que no se quiere ver? ¿Cómo cuestionar, transformar, erradicar, lo que se niega una y otra vez?  En los años recientes, la discusión pública en torno a la práctica y persistencia del racismo en México ha ido en aumento. Y no obstante los decididos esfuerzos que vienen realizando organizaciones sociales, creadores artísticos, redes de investigación, investigadoras, proyectos académicos, colectivos y asociaciones civiles, comunicadores o el CONAPRED, queda mucho por hacer. Según una creencia ampliamente difundida en nuestro país el racismo es cosa de otros, no de los mexicanos. Para reforzar esta opinión las instituciones gubernamentales, sus funcionarios, los medios de comunicación masiva y amplios sectores del mundo académico rechazan o simplemente ocultan la discriminación racial que muchas personas experimentan a diario en México. Y, cuando no se animan a negarlo u ocultarlo, antes bien a reforzarlo, las prácticas racistas buscan justificarse bajo el lugar común del sentido del humor y la ironía. Si nuestra atención se centra en los distintos grupos, sectores y estratos de la sociedad, el resultado es muy similar: del racismo no se habla y México no es un país racista. Como nos lo han explicado diversos trabajos, el racismo es una ideología expresada en comportamientos, prácticas sociales y actos de habla que postula la existencia de “razas”, unas “superiores” y otras “inferiores”: “El racismo es la creencia –nos dice la antropóloga Eugenia Iturriaga- de que ciertos seres humanos son mejores que otros, es la idea de que la apariencia física está unida a la cultura, a cualidades morales y capacidades intelectuales.”   Esto ha llevado a socializar la creencia de que algunos seres humanos son más inteligentes y capaces que otros. Para sostener esta creencia, la apariencia física ha jugado un papel fundamental, asignando a las personas atributos positivos o negativos en función de su fisonomía, de su color de piel.  Si bien los estudios genómicos y genéticos han demostrado desde hace varias décadas la inexistencia -bajo criterios científicos- de las razas, lo cierto es que la convicción en la existencia de las mismas se encuentra más que arraigada en la imaginación social. Mientras tanto, desde la investigación académica, las luchas políticas y la reivindicación social se siguen haciendo notables esfuerzos para combatir el racismo. Reconocer el racismo que históricamente se ha ejercido y se ejerce sobre las personas indígenas, negras o morenas en México, no parece una labor sencilla. Requiere de inteligencia, determinación, reflexividad y autocrítica; sensibilidad, empatía o generosidad. Los trabajos más recientes sobre las distintas formas de discriminación que se ejercen en México han puesto en relevancia el entrecruzamiento del racismo con el clasismo, la xenofobia o el machismo. Otros han llamado la atención sobre la importancia del color de piel en la estratificación social y su relación con la distribución de riqueza y oportunidades laborales. Mientras que otros advierten sobre los privilegios de la blancura de la piel y las dinámicas de blanqueamiento en la sociedad mexicana. Si darse cuenta del racismo ejercido hacia la población indígena ha sido harto complicado reconocerlo en la población de origen africano o afrodescendiente resulta tanto o más difícil, en buena medida porque su historia y aportes a la cultura nacional permanecen silenciadas.  Pienso de entrada en dos razones: a) porque durante mucho tiempo se ha pensado que “en México no hay negros” y, si los hay, “vinieron de Cuba” (sic). Segundo, porque en la construcción del discurso identitario nacional la población afrodescendiente se convirtió en “el otro del otro”, tal como lo ha explicado la investigadora Elisabeth Cunin (el primer “otro” de esta relación ha sido el indígena).  Pese a esfuerzos realizados, por ejemplo, por investigadoras como María Elisa Velázquez, Cristina Masferrer y Citlali Quecha, las valiosas trayectorias individuales de mujeres y hombres afrodescendientes a lo largo del tiempo han estado prácticamente ausentes de la enseñanza de la historia y de los libros de texto y, cuando acaso aparecen, casi siempre lo hacen desde visiones estereotipadas que los inferiorizan y denigran. En ese sentido, y aunque pueda parecer inverosímil una vez alcanzada la primer veintena del siglo veintiuno, tres retos se presentan de manera urgente a la enseñanza de la historia y difusión del conocimiento histórico en medios de comunicación masiva:  1) mostrar que la afrodescendencia va mucho más allá de la esclavitud,  2) comprender que África es un continente y no un país, con una inmensa diversidad cultural, lingüística, social y étnica que vino a enriquecer la conformación de la sociedad mexicana contemporánea  3) que reconocer la afrodescendencia no un asunto que dependa solamente del color de la piel o la fisonomía. Como es bastante conocido, la historiografía regional ha puesto mucho interés en estudiar y comprender la conformación histórica de las configuraciones regionales, las formas de dominación ejercidas por las oligarquías y grupos de poder hacia los grupos populares o analizado consistentemente el papel que indios, negros o mulatos del periodo colonial tuvieron en la integración de las regiones novohispanas a la economía global. Pero es también justo decir que hasta ahora la práctica histórica ha sido muy poco atenta a estudiar los efectos de dichos procesos en la interiorización secular de indígenas y afrodescendientes bajo criterios racistas o en la naturalización del racismo y otras formas de discriminación que encuentran sofisticadas formas de manifestarse en el México contemporáneo.  Si el estado de Veracruz fue pionero en el reconocimiento de los aportes de la población de origen africano en sus procesos culturales y sociales bajo el lema de la “tercera raíz” (IVEC-DGCP), dicha formulación merece ser revisada a la luz de nuevas investigaciones que muestran el protagonismo demográfico y social de la población afrodescendiente en varias regiones del estado. De manera que lejos de ser la tercera, la herencia afrodescendiente constituye en no pocos lugares del estado, la primera o segunda influencia sociocultural, junto con la indígena. Como su complemento, la exaltación de los atributos físicos de las negras y negros, su destreza y proclividad en las artes amatorias o su “natural” inclinación y talento hacia el baile y la música, retomados desde la construcción oficial y popular de la identidad jarocha, no hacen sino reforzar la narrativa colonial y perpetuar “en positivo” estereotipos desde los cuales se discrimina a la población por su color de piel y fisonomía. Tal como lo han planteado los trabajos de Christian Rinaudo, José Antonio Flores Martos y Odile Hoffmann, entre otros, este aspecto constituye un pendiente igualmente urgente de revisar y reformular, lo mismo desde la antropología y la historia, que desde los estudios literarios, folclórico o etnomusicológicos. Y pese a cualquier pronóstico optimista, el estado de Veracruz tiene mucho por hacer en el reconocimiento y combate del racismo, así como otras expresiones cotidianas de discriminación y violencia. La naturalización e invisibilización del racismo hacia la población afrodescendiente y morena de este país adquiere tales proporciones que, a amplios sectores de la sociedad mexicana les parece imposible e impensable que sus acciones y dichos constituyan prácticas racistas, por el simple hecho de a) haber hecho estudios profesionales y posgrados, b) por ser progresistas, democráticos y liberales, c) por ser ellas y ellos mismos indígenas, afrodescendientes o morenos o, d) porque su trayectoria a favor de otras causas sociales y políticas está más que demostrada. Pero lo cierto es que en la medida que entendamos que la ideología y práctica racista atraviesa el corazón mismo de las relaciones sociales y se encuentra reforzada institucionalmente, podremos empezar a preguntarnos si el racismo nos habita y cómo podemos empezar a visibilizarlo y erradicarlo de nuestra vida diaria. Una mirada atenta al contenido de nuestros actos de habla más cotidianos y aparentemente más inocentes, a los chistes y bromas que aprendimos en el entorno familiar y con el grupo de amistades más cercanos nos permitirá ver –sólo si queremos, claro está – que el racismo se nos presenta como aquel “traje del emperador”. Y detrás de este, el machismo, la xenofobia, y el clasismo siguen levantando la mano para hacerse visibles y empezar a der discutidos públicamente, familiarmente, personalmente. Con la publicación en el Diario Oficial de la Federación, el 9 de agosto del 2019, de la reforma al artículo segundo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en donde se reconoce a los pueblos y comunidades afromexicanas (cualquiera que sea su denominación), como parte de la composición pluricultural de la nación, se ha dado un gran paso para que la sociedad mexicana empiece a reconocer el aporte de las y los afromexicanos a la cultura e historia de nuestro país. Pero esto no se hará en automático ni por decreto. Implicará el esfuerzo de muchas y muchos desde distintos frentes, empezando por revisar las nociones, discursos y prácticas cotidianas de las instituciones gubernamentales y sus funcionarios. Significa también un replanteamiento de fondo de los contenidos y supuestos que han organizado la enseñanza de la historia del país, las regiones y las entidades federativas. Adición del inciso C, al Artículo 2 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos:

C. Esta Constitución reconoce a los pueblos y comunidades afromexicanas, cualquiera que sea su autodenominación, como parte de la composición pluricultural de la Nación. Tendrán en lo conducente los derechos señalados en los apartados anteriores del presente artículo en los términos que establezcan las leyes, a fin de garantizar su libre determinación, autonomía, desarrollo e inclusión social. (Adicionada mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 9 de agosto de 2019)

Vivimos en un país donde el color de la piel importa e importa mucho; en el que históricamente se ha menospreciado a la población indígena por serlo; donde se le ha ridiculizado y ofendido por “no hablar bien” la que hasta hace unos años era la lengua oficial. Vivimos en un país que distingue a la gente “bien” y “de buena cuna” a partir de la percepción económica, su nivel de estudios, su manera de hablar o el tono de su piel. Y cuando estos criterios no son suficientes para sostener que existen personas que son superiores y otras inferiores, los gustos artísticos, el exquisito paladar o los conocimientos y gustos culturales salen a reforzar una desigualdad histórica. Se podrá decir mucho, pero es necesario plantearse cómo revertir, transformar una violencia que viven tantos y tantas en México: el estigma de ser moreno. La publicación, el año pasado, de la obra colectiva Estudiar el racismo: afrodescendientes en México, coordinado por María Elisa Velázquez (investigadora del INAH) constituye un acercamiento colectivo inteligente y sensible para reflexionar en clave histórica, antropológica, sociológica y estética el racismo en México y sus efectos e implicaciones cotidianas en la población de origen africano. Dicha investigadora, desde la coordinación del Programa Afrodescendientes y diversidad cultural del INAH ha empujado la publicación de diversas trabajos que tienen como objetivo sacar del anonimato la historia de la afrodescendencia en nuestro país (dichos materiales pueden descargarse gratuitamente en http://afrosinah.org/investigacion/).  Otro esfuerzo académico que me parece oportuno reconocer aquí es Caja de herramientas para identificar el racismo en México, coordinado por Gabriela Iturralde y Eugenia Iturriaga. Esta edición constituye un esfuerzo notable de divulgación científica que busca poner al alcance de públicos amplios los planteamientos más recientes del mundo académico para reconocer el racismo y lograr su erradicación en nuestro país. En su texto Eugenia Iturriaga nos dice: “(…) si estamos de acuerdo en que el racismo es una doctrina que se aprende, que se instala, que no es inherente al hombre, que tiene una historia que podemos rastrear, entonces, debe ser posible desaprender, desinstalar y eliminar ese pensamiento. Por su parte, Gabriela Iturralde comenta: “Para desaprender el racismo y pensar en posibles caminos para su eliminación es imprescindible que identifiquemos cómo lo aprendemos”. En consonancia con las palabras de estas investigadoras pienso que reflexionar individual y colectivamente sobre cómo hemos aprendido el racismo constituye un paso fundamental para empezar a ver lo que hasta el momento no hemos podido o querido ver.  Y sí tiene nombre, se llama racismo. Y se halla igualmente presente entre las y los académicos de los centros de investigación y universidades de educación superior; entre los compañeros del equipo de béisbol; en los funcionarios y servidores públicos; lo mismo que en los dichos que aprendimos del abuelo más querido, de nuestras madres y padres, o en la escuela de nuestra más tierna infancia. Y porque se trata de todo un sistema de pensamiento, de una creencia que inferioriza a las personas y se refuerza afirma institucionalmente; de prácticas sociales y actos de habla que por naturalizarse se han vuelto imperceptibles de primea vista al entendimiento, es que debemos hacer un esfuerzo enorme por erradicar el racismo. Desde la inteligencia, la determinación, la sensibilidad, la comprensión, el cariño, la escucha atenta. 


Revista # 9 en formato PDF (v9.1.0):

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Toña la Negra, sombras de una silueta redondísima.

La Manta y La Raya # 9                                                                         marzo 2019 ___________________________________________________________________________  Toña la Negra:                                                             sombras de una silueta redondísima (*)

Andrea López Monroy

 

Cuántas horas, cuántos días, cuántos años,      Toña, buscando tu figura sin encontrarla.             Tratando de alumbrar un tiempo imaginario siguiendo cada paso de tu vida […] un espacio mitad soñado, mitad vivido.

   Joel Carazo, Pauta,                         “Caleidoscopio de Toña la Negra” 

 

 

“Cuando estoy en escena ni veo nada. Sólo pienso en la canción que interpreto y me hundo, me entrego, me olvido, vuelvo a vivir mis cosas”, confió Toña la Negra a Cristina Pacheco dos años antes de su muerte. Estas palabras confirman lo reservado de su carácter y el profundo sentimiento que imprimía a cada canción, rasgo personal que le permitió motivar las emociones más profundas de sus escuchas. La mayor parte de su vida transcurrió entre bambalinas, frente a un público que disfrutó verla y escucharla cantar las composiciones del momento con su inigualable voz. Los telones cubrieron los detalles de su ciclo vital, alrededor del cual se han construido infinidad de mitos. La mezcla de talento, misterio y circunstancias la convirtieron en una de las figuras más populares de México y de Veracruz, su terruño.

Raíces de una gran intérprete 

Antonia del Carmen Peregrino Álvarez nació en el puerto jarocho el 2 de noviembre de 1912, según consta en el acta de nacimiento número 168 expedida el 31 de enero de 1920 por la Oficina de Registro Civil. Este documento consigna que sus padres habitaban en la calle Doblado (predio Villa Verde, interior 6), en el legendario barrio de La Huaca. La infancia y adolescencia de Toña se desarrolla en este territorio, considerado arrabalero por ubicarse en la antigua zona extramuros de la ciudad. Al correr de los años se convirtió en una de las más importantes reservas de la cultura popular. De la lectura de su acta de nacimiento se desprenden las primeras hipótesis acerca de su vida: fue registrada varios años después de haber nacido, situación que parece normal si recordamos los conflictos sociales y la inestabilidad institucional de aquella época revolucionaria. Se antoja deducir que fue registrada con la finalidad de contar con un documento que acreditara su origen y edad, e inscribirla en la escuela. A sus ocho años era necesario que aprendiera a leer y escribir, que cursara grados escolares mínimos para enfrentar los difíciles retos sociales de ese periodo turbulento. Antonia del Carmen Peregrino Álvarez nació en el seno de una familia proletaria. De origen haitiano, su padre, Timoteo, trabajaba como abridor de contenedores en la aduana, integrado a un gremio organizado que más tarde se convertiría en sindicato; fue miembro fundador de esa agrupación. Daría, la madre de la Sensación jarocha, vivía dedicada a las labores del hogar y al cuidado de sus tres hijos (Doroteo, Antonia y Manuel). Cuando las actividades cotidianas terminaban, la extensa familia se reunía (incluyendo a dos tías paternas de Toña) para cantar y hacer música: Timoteo y Manuel tocaban la guitarra, Daría cantaba y Doroteo ponía ritmo con los bongós y las maracas. Considerando la disposición habitacional de La Huaca (de casas hacinadas) no es difícil imaginar a los vecinos acercándose a escuchar la trova de los Peregrino, sumando sus voces a las de ellos, o bien participando con algún instrumento. Este convivio todavía es característico de los habitantes de esta zona de la ciudad, a quienes distingue su particular forma de ver la vida; de sus estrechos callejones han salido músicos, bailarines y toda clase de artistas identificados en otros espacios geográficos gracias a su carácter desenfadado, a su alegría (real o aparente) y a la empatía que, sin rodeos, establecen con los demás. Son, en verdad, genuinos habitantes de Jarochilandia. Diversos autores (entre los que destacan Francisco Rivera Paco Píldora) han escrito páginas memorables sobre el singular ambiente de La Huaca. Observan en particular los minúsculos cuartos que forman las vecindades donde todos habitan como si fueran miembros de una misma familia. Comparten un solo baño y el espacio para lavar la ropa, que bien puede compararse con el diván psicoanalítico, ámbito ideal para hablar de las penas amorosas o de los problemas familiares, impar para comentar la vida de los demás, ante la imposibilidad física de guardar los secretos. Ahí las historias personales son inevitablemente compartidas.  En ese ambiente bullanguero, las tardes musicales de los Peregrino Álvarez no podían pasar desapercibidas. Una familia que tocaba para que los demás bailaran o cantaran cubría las expectativas de la comunidad vecinal. En esta actividad plena de esparcimiento, Toña pasó los primeros años de su vida, inmersa en un ambiente musical con la inclinación hacia el canto heredada de sus progenitores, alentada por su círculo de amigos y vecinos. A pesar de la alegría que los motivaba a hacer música, la vida de los Peregrino Álvarez no fue sencilla; enfrentaban las carencias de una familia numerosa sostenida por el raquítico salario del padre, lo cual no impedía que concurrieran a eventos sociales en los que la voz de la pequeña Toña era el centro de atención. Escenas que seguramente moldearon su carácter y la dotaron del arrojo necesario para superar obstáculos y desencuentros. En 1914 (sólo dos años después de que naciera) el puerto fue invadido por las tropas norteamericanas. Como es sabido, en el marco de la compleja problemática que vivía el país, barcos de guerra arribaron de manera inesperada a Veracruz. Los marines tomaron los edificios más importantes, por lo que la heroica defensa de la ciudad estuvo a cargo de un puñado de cadetes de la Escuela Naval Militar y de sus profesores, así como de valerosos ciudadanos que no dudaron en arriesgar su vida frente a un enemigo superior en número y en armamento. Considerando su ubicación territorial y condición social, es posible que entre los defensores de Veracruz participara Timoteo Peregrino; de cualquier forma, lo que resulta indudable es que este suceso histórico afectó la vida cotidiana de la familia.  En 1922 otro gran acontecimiento se gestó en los estrechos pasillos del barrio de La Huaca. Cuando la Negra Peregrina tenía diez años, surgió el Movimiento Inquilinario liderado por Herón Proal, protesta social contra la explotación que ejercían los propietarios de cuartos y casas, aprovechando la gran demanda de espacios para vivir. En aquel entonces, los patios de vecindad estaban integrados por varios cuartuchos convertidos en pocilgas, resultado del descuido de sus propietarios. Lejos de darles mantenimiento, los arrendadores obligaban a los miserables moradores a pagar exorbitantes cantidades que superaban en mucho el salario. El descontento no tardó en convertirse en manifestación popular y uno de los organismos que participó activamente en las protestas fue el Sindicato de Cargadores y Abridores del Comercio, agrupación de la cual, como ya se dijo, Timoteo Peregrino era un destacado miembro. Como en muchos otros aspectos de la vida de la cantante, no se ha documentado (acaso por falta de fuentes) cómo su familia superó esa difícil época que seguramente implicó cambios radicales.  Fue en aquellos agitados años cuando Toña ganó su primer concurso de canto. Hacia 1923, la compañía de cigarros “El buen tono” (cuyos propietarios eran también de la estación de radio xeb) regalaba equipos radiofónicos a cambio de cajetillas vacías. Así, en el marco de sus promociones comerciales, lanzó una convocatoria para participar en un concurso. Ella triunfó pese a competir con cantantes aficionados adultos. La virtuosidad que poseía su timbre fue la base de su éxito; su voz llamó la atención de quienes la escucharon, aunque le faltaba madurar y acumular las experiencias que le permitirían vivir intensamente cada canción.  En su adolescencia, Antonia del Carmen participó en las serenatas que su hermano Manuel interpretó con Ignacio Uscanga Matías, con quienes cantó eventualmente. La época estuvo marcada por el arribo a Veracruz del bolero cubano y por la influencia de la industria radiofónica. Este ambiente es recreado fielmente por el talentoso e inigualable cronista Francisco Rivera Paco Píldora, cuya atinada pluma nos muestra el ayer de La Huaca con sus noches convertidas en alegres bailes animados por voluptuosas jarochas:

Quien a tus patios volviera,

y en la noche veraniega,

se enredara en la refriega

de una bullanga rumbera.

Viejo barrio de La Huaca,

largas siestas en hamaca,

con abanico y guitarra, y

una mulata que embarra

sus senos como maraca.

Al referirse a este asentamiento urbano, Francisco Rivera aludió en reiteradas ocasiones a los incontables cantantes y grupos musicales que se formaron en sus callejones: el Cuadro Estrella, Nacho Uscanga, Félix Bolaños, etc. La música del Trío Matamoros dispersada por la brisa desde alguna ventana de La Huaca y otras notas llegaron indudablemente a los oídos de la joven Toña, que disfrutaba de los nuevos ritmos provenientes de la otra orilla del Golfo de México. Seguramente entonó con su voz melódica las innovadoras canciones para el deleite de sus paisanos. A través de los versos compuestos por el popular decimero Paco Píldora sabemos que la Negra Peregrina, siendo aún jovencita, participó en una función de gala en el teatro Principal, a beneficio de la Cruz Roja. Acompañada por el Cuadro Estrella interpreta “Longina”, emblemática canción cubana de Manuel Corona que, de alguna manera, retrata el don fundamental de Toña: “Y es la cadencia de tu voz tan cristalina, tan suave y argentada de ignota idealidad, que impresionada por todos tus encantos, se conmovió mi lira y en mí la inspiración”. Como bien lo indica Francisco Rivera, en aquellos años, la cantante mostraba ya el privilegio de su voz y lucía los rasgos de su juvenil belleza, característica de la clásica mujer jarocha. El ambiente cotidiano la moldeó; ella supo absorber de su barrio pobre “las interminables rumbatas y alegrías […] pregones de los vendedores y cantares montunos al compás de las caderas que marcaban el chancualeo de mezclillas y nansures en lavaderos y bateas, y rodaban chismes y cuentos que despertaban carcajadas maliciosas”.

… continua

(*) Publicado en Personajes populares de Veracruz,     Félix Báez-Jorge (coord.), Gob. Edo. Veracruz / Sec. Educación Edo. Veracruz / Universidad Veracruzana, México, 2010.  

 


Revista # 9 en formato PDF (v9.1.0):

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