El primer viernes de marzo

La Manta y La Raya # 21                                                 septiembre  2026 ________________________________________________________________________

El primer viernes de marzo

Juan Chiro, 2026

En las cuentas del tiempo los mexicas manejaban dos calendarios: el xiuhpohualli, calendario solar de carácter civil de 365 días, repartidos en 18 meses de 20 días más 5 días nemontemi, y el tonalpohualli, calendario lunar de carácter místico de 260 días, repartidos en 20 meses de 13 días.

Hay muchas controversias con su equivalente en el calendario actual con respecto al inicio del nuevo ciclo o año. Se infiere que el año nuevo mexica iniciaba en lo que sería el 3 de febrero, o el 2 como afirman otros investigadores con respecto al calendario romano reformado (el de Numa Pompilio). Con el ajuste de días en el calendario juliano, sería el 13 de febrero y con el calendario actual o gregoriano el 23 de febrero. En la cosmogonía mexica la trecena del primer mes (del 3 al 15 de febrero del calendario romano reformado) del tonalpohualli, estaba dedicada a Chalchitlicue, diosa del agua y se denominaba atlcahualo que significa cesación de las aguas, celebrándose con sacrificios.

La trecena del segundo mes (del 16 al 28 de febrero) estaba dedicado a Xipe dios de la siembra y el cultivo, se denominaba Tlacatzipehualiztli que significa desollamiento y era celebrado con rituales dedicados al campo.

La tercera trecena (del 1 de marzo al 13 de marzo) estaba dedicado a Coatlicue, diosa de la tierra y asociada con la primavera, denominado tzoztontli que quiere decir pequeña vigilia, fechas en las que se sahumaba el xinastli o sementeras con incienso y copal preparando el camino para recibir al sol en el equinoccio de primavera.

Nuestros ancestrales campesinos siguieron por siglos realizando el ritual de quemar copal e incienso para sahumar el xinastli, las tierras dedicadas al cultivo y las casas con la esperanza de recoger buena cosecha en los campos, paz y tranquilidad en los hogares.

Con el proceso de evangelización y la introducción del calendario europeo en la cultura mexica, a nuestros ancestros se les olvido que era lo que celebraban, pero lo siguieron haciendo por muchos siglos. A través de ese tiempo se fueron introduciendo  elementos de la religión europea, cambiándose así la concepción del origen de estos rituales asociándolos con ideas demonológicas hasta la actualidad.

Con el paso del tiempo se fue nutriendo con los aportes de la herbolaria, la astrología, la numerología, el saber de los hueseros, culebreros, chupadores, etc. depositarios de ancestral conocimiento de la medicina del cuerpo y alma.

Han sido muchos factores que han influido para propagar la desvirtuada idea de esta ceremonia en las seis últimas décadas. Fue por inicios de la década de los setenta en que se proyecta a nivel nacional en el programa televisivo de Siempre en Domingo de Raúl Velasco la actividad que realizaba el cuate Chagala en Santiago Tuxtla, para posteriormente realizarse el primer encuentro de brujos en Catemaco con Gonzalo Aguirre.

Por otro lado, es ineludible que existen misterios que las ciencias materiales no pueden explicar y solo a través de las antiguas ciencias sagradas se pueden entender. 

Esta es la temática que ahora se maneja en marzo quedando muy lejos los principios que le dieron origen y razón de ser.

De esta manera nace nuestro moderno primer viernes de marzo. Pasa de una ceremonia mística de purificación, agradecimiento a la naturaleza por sus bondades y preparación para recibir la primavera, a una ceremonia de protección contra las fuerzas oscuras del mal.

Con esta nueva concepción de la fecha fueron cambiando los ceremoniales, los espacios y objetos empleados en los rituales.

Y con esta otra visión, hace más de medio siglo las familias salían temprano al campo a buscar hierbas y cascaras de contra o del árbol llamado basalillo, mismas que bajaba a vender al mercado hasta donde acudía la población para comprarlos. 

Ya en casa cada familia esperaba al punto del medio día para curtirlas en aguardiente o vino, sahumar la casa, cada cuarto, cada rincón con copal.

Por la noche se reunía la familia esperando la hora indicada y se volvía a sahumar la casa y las personas, quienes pasaban por el humo del sahumerio cubriendo los cuatro puntos cardinales y posteriormente se tomaban una copita de contra curtida el año anterior.

Era costumbre que las abuelas colectaran los orines por tres días en las bacinicas y esa noche los regaran alrededor de la casa. Sobre los techos de lámina o zacate se esparcía una mezcla de semillas de mostaza y sal para evitar que los nahuales entraran a la casa.

Pero mientras llegaba la hora indicada las personas mayores se ponían a platicar el por qué se tenía que realizar todo este ritual a través de una serie de historias vividas o escuchadas entre la gente.

Y así iniciaban la plática:

-Hay que curar la casa porque esta noche practican los brujos y se desatan las fuerzas malas, te acuerdas cuando…

Andrés Bernardo Moreno Nájera

febrero 2019

 


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