Félix Baxin, un hombre sabio

La Manta y La Raya # 21                                                 septiembre  2026 ________________________________________________________________________

Félix Baxin, un hombre sabio

Gilberto Gutiérrez

 

Silvia González de Leon

 

Si de algo sabía Félix Baxin era del maíz. Lo pude saber por una invitación a comer que nos hizo. 

¿Dónde lo conocí? Sucede que me integré al ivec en 1988, invitado por la doctora Ida Rodríguez Prampolini, fundadora del Instituto. En parte, lo que hacíamos era organizar fandangos en lugares en los cuales el fandango era, aun, memoria viva. 

Participábamos, con aquel Grupo Mono Blanco de finales de 1980, en el programa sabatino, de la xeu, Pa su Mecha. Un sábado de esos, anunciamos: “Próximo sábado Fandango en Tres Zapotes, municipio de Santiago Tuxtla. Frente a la caseta de Teléfono. Ahí nos vemos, a partir de las seis de la tarde.” 

Llegaron el dia y la hora. Aparecieron Félix y Arcadio Baxin, y con ellos llegó el joven Mizumi, cuya presencia era opacada por la fuerte personalidad de los hermanos Báxin. Con toda mi atención en ellos, Félix y Arcadio nos platicaron que venían de El Nopal, allá en el otro lado del cerro de El Vigía, ya en el municipio de San Andrés Tuxtla. 

Tocaron, cantaron y bailaron; amaneció y después de, quizá, un tamal con café, se fueron, ellos rumbo a El Nopal y nosotros a Veracruz.

Se hizo costumbre mandar saludos, desde la cabina de la xeu, a El Nopal, municipio de San Andrés Tuxtla, para los hermanos Baxin. Era una forma de estar conectados. 

Luego los recuerdo en la fiesta de La Candelaria en Tlacotalpan, donde participaron en el encuentro, como Grupo La Candelaria. Félix y Arcadio Baxin, Belén Torres, Mizzumi Guerrero y Fernando Salas. 

Nos encontrábamos  varias veces al año. Siempre coincidíamos en los encuentros de San Andrés y Santiago Tuxtla. De mucho conocernos, nos invitó a comer a su casa en Sinapan. Tenía la cosecha de maíz en mazorca, esperando a ser desgranado. Un maíz amarillo, casi oro, de mazorca mediana; un maíz blanco, de mazorca más grande; y un poco de maíz morado, que se usa para tamales de velorio. El amarillo, me dijo, es para los animales, es el que está bien para ellos, el blanco es para el consumo de la familia. 

Entre la plática me contó que en una junta, quizá ejidal, vino un ingeniero, que les ofrecía una semilla de mejor rendimiento, que aguantaba cualquier enfermedad, pero, un gran pero: no daba descendencia. Tendrían que comprar, por siempre, la semilla apropiada y manipulada por la empresa que representaba el ingeniero aquel. El buen Félix, le dijo al ingeniero: “¿Cómo me va usted a decir que una semilla que no da descendencia es mejor que la que sembramos, que heredamos de los antigüelos (sic), y en cada cosecha seleccionamos la mejor parte de las mejores mazorcas para semilla?”

En una ocasión, me tocó organizar un ensamble de veteranos para que se presentaran en Cumbre Tajín. Don Delio Morales, don José Palma, doña Juana Utrera y María y Félix Baxin; también se unió a la banda don Andrés Vega, que por su lado viajaba con Mono Blanco. 

El punto de encuentro fue Santiago Tuxtla, yo hacía de conductor en una suburban, y María y Félix iban en el asiento delantero. Ellos dos tenían una capacidad de divertirse, con las palabras, con los juegos de palabras y con un humor tuxteco que solo algunos tuxtecos entendemos. Fue un viaje donde el tiempo transcurrió rápido. Al día siguiente, todos ellos hicieron una presentación hermosa, llena de raíz y sabiduría; el que fueran de distintos lugares, no importó, porque hablaban un lenguaje común: el del son jarocho; después de dos tres sones en el ensayo estaban ensamblados.    

Inolvidable, el día que, en los portales de Córdoba, Félix Báxin estaba sentado sobre el piso  del corredor, en el palacio municipal, Emiliano, nuestro hijo, en ese entonces aun infante, se montó en su espalda y se puso a despeinarlo; él, en lugar de enojarse y gruñir se puso a echar relajo con el niño. Cosa que me dio mucho gusto, al ver dos generaciones dispares conviviendo en el espíritu del Encuentro de Jaraneros. 

Por eso, la noticia de su muerte nos dio una infinita tristeza, murió el amigo, compañero de fandangos, que sabía de semillas nativas, que preparaba la tierra con yunta, que tocaba guitarra cuarta y que no le deseaba mal a nadie: un hombre lleno de virtudes. 

Su fue y se le deseo que tenga un camino lleno de luz y música. La flota lo despidió soneándole, como se lo merecía. En el cielo estará. Acá, en la tierra, será recordado por largo tiempo, en la rueda del fandango que tanto disfrutó.

 


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