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23 de junio de 2013… víspera de San Juan.

La Manta y La Raya # 1                                                                             febrero 2016


23 de junio de 2013. San Juan Bautista, Tuxtepec, Oaxaca, sotavento mejicano, víspera de San Juan.

C
Foto: Héctor Aguilera Lira

San Juan te sirve de guía
y por eso tus jinetas
llevan flores y peinetas
que suspiran y que cantan
cuando airosas se levantan
las coplas de los poetas.

José Samuel Aguilera Vázquez

00:00 La mano de una mujer ha dado la última puntada. Varias agujas, muchos alfileres y algunos carretes de hilo yacen a lo largo de una mesa. Hace tres años se enredaban las muchachas a la hora de montar porque no alcanzaba el vuelo. Hace dos fue necesario recurrir a los velos vaporosos, a la blancura de las crinolinas, al jaspe de los tafetanes, pero como quiera se enredaban las espuelas en la gasa. Hoy no ha sido necesario. Fuyotrujano dijo que catorce cuchillas eran el número justo para tapar del anca hasta la cruz dejando libres los estribos. Ellas escogieron la tela y los colores. Edith les ajustó los trazos y cortó los pliegues. Ocho varas de olanes. Las Tuxtepecanas han encontrado la falda que le ajusta al trote de un caballo.

5:00 Los vaqueros beben café caliente. El trópico húmedo se despierta en medio de la neblina. Llueve ligero. Los corrales están listos para recibir a los primeros caballos que serán bañados, acicalados, alaciados de la crin y de la cola. Sillas, sogas, ronderillos, jáquimas, bozales, cabezadas, almartingones, cinchas, cujas, riendas, estribos, pechopretales y arciones han sido revisados desde ayer y descansan en los percheros. Los últimos gallos del alba anuncian que es domingo, víspera de San Juan.

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8:00 Van tres horas de trabajo y apenas se empiezan a ensillar los primeros coloraos. En la cocina están listos los desayunos. En la sala de la casa las mantillas, refajos, faldas, blusas, flores, y zapatos descansan sobre el respaldo de los butaques. Las guayaberas lucen blancas y los pañuelos rojos. Estandartes, lanzas y pendones amanecieron de pie con sus arabescos y listones amarillos, blancos y carmín. Las yeguas amamantan a los potrillos y el cielo comienza a levantar las nubes, como una mujer que se recoge el cabello frente al espejo. Edith y Fuyo se truenan los dedos. Hoy mismo se sabrá si el corte de las faldas encaja o no sobre la montura.

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10:00 La casa de Franciscolira es una colmena que se engalana con mujeres. En la sala esperan con nerviosismo a que se inicie el paseo. Algunas niñas están tristes porque sienten que no van a alcanzar montura. Llega la caballada y un suspiro de consuelo cruza por el aire. Algunos remolques traen caballos de Tierra Blanca, Loma Bonita, Tlacojalpan y Tuxtilla. El resto llega montado desde Agua fría, Santa Teresa, Zacate, Mataécaña, San Bartolo y muchos pueblos de los alrededores. Los que tienen recursos traen apalooshas, palominos, cuarto de milla, pura sangre, aztecas y árabes. Los que no tenemos, venimos en caballo criollo, cuarterón y despedrigrao. Sabemos que estamos en periodo electoral y que algunos políticos anunciaron su presencia. Afortunadamente campeó la cordura y sólo estuvieron los que siempre están.
–Ya arriba de un caballo todos somos iguales– dice el viejo Miguel.

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11:00 Inicia el paseo de pendones. Al frente marcha Silvino. Elegante y propio lleva el pendón principal con gallardía y, a la vez, como uno más entre sus pares. En esta ocasión la camioneta de Tránsito abre paso llevando a las doncellas de San Juan y la música del recorrido. En el primer escuadrón cabalgan las cuenqueñas elegantísimas y sobrias, con el cabello suelto y la flor sobre la sien flanqueadas por un lancero y un pendonero. Los estandartes flamean en el cielo azul con las leyendas que los distinguen: Sotavento mexicano, Cofradía de Bailadoras de San Juan. Jaraneros de Tuxtepec Oaxaca, Versadores y cantadoras, Casa de la Décima. El contingente se engalana con la presencia de la Diosa Centeotl mostrando la cepa que la distingue como jarocha. Un mar de faldas abandera el aire y los cascos suenan metálicos sobre el pavimento.

Al pasar frente a la catedral se descubren la cabeza para recibir a los demás pendones que va entregando el padre Juan. Los tres primeros pendones se suman ordenadamente al encabezamiento. Los tres restantes, se entregan a los siguientes escuadrones. El blanco de las camisas de los primeros escuadrones se agiganta con los pañuelos que llevan al cuello los jinetes. No todos quisieron o pudieron – solo Dios lo sabe – venir vestidos para la ocasión de la fiesta de San Juan, para ellos hay un espacio también en esta fiesta elegante que congrega a todos los cuenqueños.

13:00 Los jinetes han paseado los pendones por las calles de la ciudad ante las miradas de asombro de los tuxtepecanos que ven recobrada su fiesta antigua. Hoy no hubo gritos ni controversias sobre Veracruz y Oaxaca porque se escucharan los ¡Viva San Juan! a lo largo de las calles. La música también cumple su papel aglutinador: jarabes de guerrero, congas caribeñas, aires de tierra caliente, sones huastecos, guapango de tierra caliente y sones jarochos se dieron un abrazo festivo. El San Juan Bautista dio su canto hermanador junto a una Bamba entonada con música de viento. Algo nos dice que la negritud cimarrona sigue vigente en este pueblo de morenos, blancos y chocolates. Al llegar a la catedral, Silvino llama a todos los pendoneros; atrás de ellos se colocan las mujeres que llevan los estandartes y enseguida los varones que portan lanza. Uno a uno son bendecidos por el padre Juan en un gesto fraterno y comunitario que refresca la memoria colectiva. Héctoralí recibe el agua en su rostro de niño. Tiene seis años y junto a su abuela paterna ha recorrido hoy a caballo la tierra de sus bisabuelos, esos mismos que llenaron la Cuenca entera de cantos y vaquería. Dieguitorodríguez todavía no habla y también como Héctoralí paseó sus pendones a caballo en medio de los brazos de su padre.

15:00 Es hora de comer. El padre Juan bendice los alimentos y con ello se le da ese giro solemne y espiritual que tanto se ha perdido. Hay comida en abundancia por parte de la madrina y la bebida corre generosamente por parte del padrino. Botellones de refresco dan colorido a las mesas junto al agua de limón que reparten las cuenqueñas. Es que hubo personas generosas que ayudaron a la fiesta.
–No digas mi nombre– le dijeron a Doña Edith.

La mamá de Mariela da vueltas como un trompo acarreando garrafones, azúcar, y el jugo de limones que exprimieron Carina y Lety. Adentro es un frenesí de hombres y mujeres con charolas repartiendo barbacoa de res. También hay un estrado con música. El anfitrión está contento y se regala cantando una canción ranchera. Enseguida viene la primera versada y se amarra el primer contrapunteo de la tarde entre Johan López y el negro Pulido. El segundo contrapunteo se lleva entre la Diosa y su hermano Daniel Acosta, que dan una muestra de buena improvisación. Entre contrapunteos suena la música de moda dejando un contraste que gusta a muchos. Finalmente David Méndez aguanta a pie firme un ataque mortal de Caribe, en el último contrapunteo de la tarde. Un topetón de gallos levanta sorpresas y la fiesta se queda bailando corridos, pasos dobles , cumbias y charangas. Nos abrazamos prometiendo volver al año siguiente en este paseo de pendones que anuncia el nacimiento de San Juan, la fiesta criolla de todos los cuenqueños.

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20:00 Ante la insistencia de un público que vino a verlos y a oírlos Los Utrera gratifican a los presentes con dos o tres sones muy sentidos. Enseguida Tapacamino obsequia un son dedicado a San Juan. El corrido de la mulata Rosa Bobailla lleva gusto también.

De pronto se apagan los micrófonos y la gente en un enjambre de voces se dirige al lugar donde los Soneros del Papaloapan harán el Floreo de Tarima que dará inicio al Fandango. Los poetas y las madrinas orientan la fiesta con sus ramos de flores, décimas y giros bajo el signo de las justicias y el amparo del Siquisirí. No se puede pasar de un lado a otro. El quiosco está lleno de gente, lo mismo que las bancas, los arriates y los escalones. Las parejas se disputan la tarima llena de flores. Caribe y El Brujo de Catemaco se trenzan en un contrapunteo lúdico y a ras de tierra que pone a los presentes al borde del asombro. Durante la noche se darán algunos combates poéticos más y los sones de tarima sonarán hasta las doce de la noche, hora en que todos los presentes le llevan mañanitas a San Juan.Hay agua de limón en vitroleros y la comunidad está vigilante que nadie se quede sin tomar un vaso de agua y que no se tire la basura.

12:00  Desde el 2008 no se entraba al templo. De nueva cuenta los tuxtepecanos entran cantando llenos de fe y de esperanza. No es la fe ciega ni dormida, sino aquella que sabe el camino que debe recorrer. El templo sigue de pie como un milagro, como una iluminación en el corazón de los que cargarán el peso histórico de derribarlo o de conservarlo. En el interior, San Juan ocupa el sitial que le corresponde como santo patrono y a su persona se dirige el canto interrumpido a veces para decir una copla o una décima. Es un canto por construir, un legado interrumpido cuya memoria quedó extraviada. Por eso a ratos cabecea y en el corcoveo pierde la distancia. La comunidad ha practicado con anticipación sus mañanitas pero no logra todavía encajar con los que van llegando. No es La Manta, sino Las Mañanitas con manta. De todos modos San Juan agradece la ofrenda con un gesto luminoso.

De allí saldrían al atrio a seguir la velada. La madrina de las fiestas patronales y su esposo se hacen presentes con una caja de tortas deliciosas que amablemente ofrecen a nuestros visitantes para la cena del día. También han aportado las flores que ornamentan el sitial del profeta. Los feligreses contribuyen a la cena con un guiso de carne en adobo que ha preparado el negro Pulido. Benjamín Chicuéllar se mantiene sereno y amable en su labor de centinela activo. Ya no es la víspera sino la noche misma. Hemos cruzado el puente de lo divino y estamos de vuelta en lo terreno. Este mar de pasiones humanas que se nos regala como una prueba de que la fiesta santifica y enaltece. Una versada larga tiende su manto. Los versos de los poetas van y vienen por los laberintos de los oídos atentos. No es el foro, ni el escenario; son las tres de la mañana en el atrio antiguo de un templo fundado por dominicos, espacio de bodas, sepelios, trincheras y refugio frente a los excesos acuosos. El Negro Pulido pesa dos kilos menos de los que pesaba al amanecer. Ni modo pa´ que se mete de anfitrión.

24 de junio de 2013. lunes.
14:00 Esta ciudad que nos toca es un ramillete de flores, un arroyo de muchas aguas, un manantial inagotable que mana desde el pasado para volverse presente renovado. Una juventud que busca su propio camino.

14:30 La calenda corre por las calles con su traje de fiesta. Cruces de caminos en que San Juan es paseado en andas por los cuenqueños. Ramos de flores hermosas para El Bautista. Un sol que abrasa y que abraza, pero que no mengua la fe de los tuxtepecanos para el señor del agua.

17:00 Todo es nerviosismo y prisa. Laurencio cose la banda que convertirá en moño al bailar La Bamba frente al patrono. Las niñas se pisan entre ellas con la prisa. Las madres se desesperan, las madrinas no encuentran los ramos de flores y algunas sienten temor de que se les olviden los versos a la hora de la hora. Hoy es el día de las salutaciones. La procesión está retrasada y ha salido del atrio con el patrono en andas. Seis varones ataviados a la usanza criolla lo elevan por el aire tuxtepecano y lo llevan paso a paso de paseo. Las autoridades eclesiásticas encabezan la solemne marcha, seguidos de los feligreses que gritan vivas a San Juan. Los pañuelos rojos le dan una vivacidad a la marcha y recuerdan el martirio de Juan, aun cuando lo que hoy celebramos no es su muerte sino su nacimiento. Es lunes, día de San Juan Bautista, Santo patrono de Tuxtepec Oaxaca. Luna llena y cielo nuboso.

18:30 Llega al atrio el señor Obispo acompañado de sus párrocos, encabezado por San Juan y seguido por una feligresía deseosa de sentarse. Algunas sillas están ya ocupadas. A la entrada de un pasillo amplio reposa la tarima ornada con gladiolas blanca y rojas. Cuando los prelados toman asiento varios jóvenes levan en andas la tarima donde, en una silla posa la segunda doncella, justo atrás de la primera. Ya en el aire las doncellas, el grupo avanza un poco con la doncella principal de pie y seguidos de los músicos tradicionales de la Cuenca del Papaloapan entonando El Pájaro Cú. Los presentes desgarran un alarido de júbilo coronado por aplausos que llenan el recinto. Ahora la descienden y al son de Justicias es ataviada ceremonialmente por la Cofradía de Bailadoras de San Juan.

Eres flor que lleva ya la corona arrebolada.
Mi humilde mano te da esta falda enrejillada.

18:40 Ahora desciende la doncella al piso y acompañada de las doncellas de los años pretéritos, zapatea El Siquisirí:
– Nos tocaba bailar con ella– dice una mujer en señal de protesta.
– Debe bailar con toda la cofradía– dicen otras.

Y es que la costumbre marca que debe la doncella bailar con todas las bailadoras mayores porque ello significa que a la recién llegada se le acepta como parte de la comunidad. Toro pasado. Enseguida los músicos, ya en el micrófono, entonan el San Juan Bautista. Son “Los Alebrijes” que con buena voz van desgranando la letra:

Le ruego al señor San Juan de nuestra ciudad patrono,
vea las siembras cómo están de aquí hasta Playa de mono.
Las cosechas no se dan por falta de agua y abono.

El canto sigue su marcha en medio del sopor vespertino. Un pájaro se posa en la torre y mira rumbo al río. El señor Obispo, por instantes, se nota emocionado, mientras dos párrocos llevan el compás de la música efusiva, pero discretamente con los pies. Al frente a la derecha de las filas de feligreses se ve un pequeño grupo de mujeres tuxtepecanas en huipil. El encarnado atuendo, bello por sí mismo, parece ligeramente fuera de lugar en medio de los blancos y rojos, propios de la celebración sanjuanera.

Toca el turno ahora a tres cantores a lo divino que en décima espinela dan salutaciones al patrono, cada cual a su estilo y personalidad: Jorgegabriel, Luisantonio y Marcoslindo. Nury, parece una rosa blanca y carmín. Es como si Angelita hubiese venido a la celebración para vivir la fiesta a través de sus ojos.
Es ahora La Bamba la que suena en el tablado, éste que al finalizar desgaja una ovación tremenda cuando la pareja muestra a los presentes que sí pudieron hacer el nudo con los pies para colocarlo ahora a las planta de San Juan, como se venía estilando antes de que nos levantara el sombrero la inundación del 44.

– La Bamba no es veracruzana ni oaxaqueña sino negra, india y blanca, pero no por separado sino todo junto.– expresa don Julián, un viejo poblador del Barrio Abajo.
La Bamba, esta pieza musical que se bailó en estas tierras multirraciales desde el siglo XIX y se sigue bailando sin temor alguno hasta la fecha.

Deja que te cante con mi voz de niña
una serenata de caña y de abriles
para la bandera que va en los huipiles
donde se retrata la flor de la piña.
Deja que del rio, fraterna te ciña
con el trino viejo de arpa y de jarana
una serenatas para tu ventana
con andar moreno de inquietos anhelos
la bamba querida de los bisabuelos
¡tan india, tan negra, tan tuxtepecana!

Con el último tañido de las cuerdas concluyen las salutaciones. Los participantes esperan la bendición de costumbre, el consuelo a su andar de peregrinos anuales, como se ha hecho en los dos años anteriores. No hay palabras para ellos este año, solo el silencio de los prelados que reina sobre el atrio. Desde abajo, observamos atentos y respiramos el bochorno de la noche pidiéndole a San Juan que nos descifre los signos. Un pájaro canta. Sabemos entonces que es momento de guardar silencio.

19:00 Antes, durante y después de las salutaciones alguien introdujo y repartió folletos que dicen “Origen de las fiestas de San Juan Bautista en Tuxtepec , Oaxaca”. Todo parece de buen gusto, pues se trata de una entrevista de Felipe Matías – apasionado amante de esta tradición festiva – sin embargo, pronto aparece el Caballo de Troya pues adentro del folleto un candidato piragüeño oportunista, ha permeado su propaganda electoral. En color turquesa aparecen sus diez puntos de gobierno en los que, por cierto, se nota la ausencia del desarrollo cultural y espiritual del pueblo cuyos destinos quiere domeñar.

– Triste manera de enlodar la imagen de Lipe que nunca se enredó en política– dice una señora entrada en años.
– ¿Quién sería…?– pregunta Toño.
– ¡Sepa la bola!– comenta una maestra.
– ¡Yo sí sé quién es!– expresa un niño de siete años. Todos callamos para escuchar las campanuelas que anuncian la misa de rigor.

20:00 Como pocas veces, el fandango está de reventar. Y es que no se trata de un fandango de viejitos, ni de adultos, sino de un fandango juvenil e infantil. Docenas de niños van de un lado a otro, rebullen , se giran y se entusiasman.

Antes de abrir el fandango se presenta Flor de nardo, enseguida, Los enanos, después Los niños de Los Tuxtlas y finalmente Los alebrijes. Ahora pasan al Floreo de tarima e invitan a los improvisadores. Las pequeñas madrinas zapatean y de allí en adelante, un remolino de cantes arrastra al corrental de pasos y tañeres. Durante seis horas febriles y fabriles, los niños y jovencitos de ambos sexos aprenden a conocerse por el timbre de la voz, por el sesgo del verso, por el golpe del talón o por el giro de la falda. La doncellita brilla como una estrella en medio de ese tramadal festivo. Los adultos apoyan en lo que pueden: Fuyo trae la jamaica, Carina y Edith organizan la mesa. El Papá de la doncellita, el papá de Kevin, el esposo de Magda, El papá de Vale, el papá de Diego, se cooperan para la cena. La mamá de Mariela, otros padres de familia y muchos jóvenes ayudan con jarras, vasos, platos, mesas y sillas para cenar en grupo. Corren los tacos de mano en mano y la jarana descansa por un rato. Rocío, Miguel y muchos otros ayudan para la gasolina de los que nos visitan. Chepe manda azúcar y agua; Una mujer presta sillas y mesas; Silvino pone los platos. Don Ray presta su tarima. Una mujer obsequia los ramos de flores; otra más sostiene el pendón de San Juan frente al fandango y entre todos recogemos la basura. Ya casi a gatas bailamos el son de La Iguana y, finalmente, de alegría, todos cantamos.

–A estos chamacos hay que correrlos, porque si no amanecen– dice una mujer.
–Correrlos pero volverlos a invitar– le dice otra.

2:00 El padre Juan se asoma a despedirnos. Una mujer hermosa se le cruza por los ojos. Son las dos de la mañana, mi hijo está impro-visando versos. Somos corazón que late bajo de esta luna llena. 24 de junio, noche de San Juan.

EPÍLOGO
La ritualidad de las salutaciones, el paseo de pendones y los fandan-gos con floreo de tarima se abren camino poco a poco. El obispado de Tuxtepec, voluntariamente o no, favorece esta expresión, brindando los espacios rituales o, mejor dicho, reconociendo una cultura viva que reivindica tales espacios como herencia de sus ancestros. En este 2013 la gestión eclesiástica y la acción comunitaria favorecieron, una vez más, la presencia de los fandangos. La participación gubernamen-tal fue, inicialmente entusiasta y seria, pero como siempre, al final de los vaivenes políticos se volvió marginal y hasta apática. Salvo raras excepciones, los medios de comunicación se mantuvieron indiferentes a la fiesta.

Asociaciones culturales como El flamenco , La Cuenca Vive, Casa de la décima cimarrona y La tallera colectiva aportaron sin protagonismo alguno, su granito de arena. La sociedad civil y los padres de familia también se mostraron muy colaborativos. Esta ocasión, la madrina de las fiestas patronales nombrada por la iglesia, se mantuvo reacia a la participación laica y todo parece indicar que se endurecerá esta línea para el próximo año. Sería muy sano para todos que se consense el nombramiento de un padrinazgo o de una teneduría civil más amplia que trabaje coordinadamente.

Indudablemente que la columna vertebral de la fiesta patronal de San Juan Bautista seguirá siendo el paseo de pendones y las salutaciones. Pero también es cierto que en torno a ello se van integrando otras expresiones culturales que, por un lado, reconstruyen y actualizan el patrimonio cultural festivo propio de los cuenqueños (mojigangas, paloencebao, cocina, indumentaria, literatura oral etc.) y, por la otra, incorporan nuevos elementos como los Encuentros de poetas, narradores, cantante y danzantes.

Parece que la fiesta de San Juan va permitiendo poco a poco reconstruir y potencializar el entramado cultural de esta tierra tuxtepecana tan fértil y pródiga en imaginarios individuales y colectivos.

A

Foto: Héctor Aguilera Lira

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