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El Fandango Fronterizo

La Manta y La Raya # 2                                                                             junio 2016


Gabriela Muñoz Meléndez,
Jorge Castillo,
Carolina Martínez,
Adrián Florido

Front new 20014

¿Dónde surge la tradición? ¿podemos los veracruzanos exiliados y los no-veracruzanos (mexicanos y extranjeros) genuinamente identificarnos con la tradición jarocha, con el son y el fandango? Sin pretensiones, nosotros creemos que sí; y cuando decimos nosotros nos referimos a una comunidad dinámica que aloja a un diverso número de nacionalidades: a mexicanos, chicanos, mexicoamericanos de segunda o tercera generación, a inmigrantes de Latinoamérica y otras partes del mundo, a jarochos trasplantados de pequeñitos y de grandes también. Nosotros nos hemos encontrado en la zona fronteriza México-Estados Unidos; muy en particular entre Tijuana, Baja California y San Diego, California.

Este es el día
Desde hace casi una década se ha organizado un encuentro binacional de jaraneros de México y Estados Unidos en la división fronteriza física; donde un par de rejas de tres metros de altura indican el término de un país y el inicio de otro. Antes del mediodía del último sábado de Mayo, nos juntamos de lado y lado de la reja enmallada; instrumentos en mano, con una tarima aquí y otra allá; y celebramos que podamos juntarnos y hacer comunidad a pesar de la frontera.

Aunque el encuentro dura un par de horas, todo el evento se desarrolla en tres días, dado que se precede –jueves y viernes– con talleres que imparten nuestros tres invitados especiales; y se cierra con un fandango que convoca a la comunidad jaranera binacional en Tijuana, éste inicia por la tarde del sábado y dura la noche entera. Si se considera la organización del evento, el Fronterizo toma seis meses de preparativos. Todo es realizado por un grupo de personas, que puede cambiar en número, identidad y opinión cada año, pero que trabaja de manera voluntaria, consensuada y se siente retribuido cuando el fandango sucede.

En el principio fue…
Hacia 2007 ya había grupos de jaraneros tanto en San Diego como en Tijuana; aunque la realidad fronteriza nos impedía reunirnos. En el verano del 2007, durante un evento de limpieza de la playa en Playas de Tijuana, ante la congregación de gente en el muro, surgió la idea de hacer un fandango fronterizo para el día 22 de Febrero del 2008. El primer grupo de planeación estuvo formado por Jorge Francisco Castillo, Christian Apendinni, Juan Pérez y Daniel Watman. Ese día nos encontramos por primera vez frente al muro, y nos llevamos una gran sorpresa al ver llegar gente de Tijuana, San Diego, Santa Ana, Los Ángeles, Ensenada, Mexicali, Tecate y Hermosillo; la cantada duró cuatro horas sin parar; hasta que un oficial de la patrulla fronteriza nos indicó que el encuentro debía finalizar, sin embargo permitió tocar un último son; decidimos tocar la Bamba, que duró casi una hora. Al terminar era tanta la adrenalina y emoción, que se improvisó un fandango en Tijuana, en la casa de uno de los asistentes, que atrajo a jaraneros de ambos lados a convivir hasta la madrugada.

En el 2009, se logró reunir una comunidad jaranera de Tijuana que junto con el grupo de San Diego formó un colectivo para planear el segundo evento. Para ese fandango esperamos hasta el verano, porque el parque del lado estadounidense estaba cerrado; al final tuvimos que encontrar un espacio alternativo: “la Casa del Túnel”; sin embargo en este sitio teníamos el inconveniente de la distancia –aproximadamente treinta metros– entre los grupos de jaraneros de lado y lado; intentamos usar bocinas sin éxito, finalmente tuvimos que turnarnos para tocar un son a la vez.

Para el tercer fandango, en 2010, pudimos regresar al muro pero con condiciones estrictas dictadas por la patrulla fronteriza; por ejemplo, nos dejaban entrar en grupos de 25 personas a la vez y sólo por media hora; al cabo de 30 minutos se paraba el fandango para cambiar de grupo. Ese año tuvimos la sorpresiva participación de gente de la Bahía de San Francisco y San José California que venían acompañando a Patricio Hidalgo.

Para el 2011, la dinámica restrictiva se repitió; en esa ocasión nos acompañó Laura Rebolloso. Para el 2012 tuvimos un fandango donde la patrulla fronteriza ya había construido un muro por el cual no puede pasar ni un dedo; a pesar de las restricciones, el evento atrajo a más gente, especialmente de ambos lados de California, del Distrito Federal, del Sur de México, Guadalajara, Veracruz y Oaxaca.

Desde 2013 hemos logrado que el acceso al parque y al muro, del lado estadounidense, sea sin tantas restricciones; aunque sólo por cuatro horas. Ese año se formó un comité de planeación y por primera vez recibimos apoyo económico. Para ese fandango contamos con la participación de Los Hermanos Baxín y de Carolina Cruz Castellanos, y con la asistencia de más de 100 personas de cada lado de la frontera.

El Fronterizo ha contado con la colaboración de distinguidos músicos y versadores de Veracruz; entre nuestros invitados se pueden contar Camerino y Tacho Utrera, Fernando Guadarrama, Rubí Oseguera, Alberto Guillén “Sajo”, Fredi Vega, Hemma Lee Padua Uscanga; así como músicos locales: Eliel Torres, Godo Herrera, Cesar Castro, Xochitl Flores, Martha González y Quetzal Flores, entre otros.

A partir del 2013 y por iniciativa de Alddo Flores, se comenzaron a organizar fandangos de apoyo en otras ciudades de México, Estados Unidos y algunos países de Europa. Esos fandangos son en el mismo día que el Fandango Fronterizo y tienen por objetivo manifestarse contra las fronteras; a la fecha se han logrando tener hasta veinte fandangos simultáneos.

Muéstrame tus caminos; enséñame tus sendas
Las razones para involucrarnos en el Fandango Fronterizo son diversas; tantas que son difíciles de plasmar en conjunto; por lo cual, les compartimos las motivaciones de algunos miembros activos desde hace varios fronterizos.
Carolina Martínez nos dice: “Yo voy al fandango fronterizo porque me resisto a ser borrada como inmigrante, mujer, colombiana, y trabajadora. La caminata para llegar al fandango a lo largo de la playa, es como ir por un túnel lleno de emociones encontradas que se profundizan al llegar al muro. La mar con una fuerza y belleza infinita a un lado contradice las realidades de una frontera impuesta al otro lado. Cuando veo el muro pienso en la lucha de mi familia, de mis amigos, y millones de personas que entre tanta adversidad están resistiendo y sobreviviendo. En el muro te encuentras con una fiesta, donde se intersecta una cultura de raíz que está viva, que resiste a ser diluida por intereses económicos y de poder. Te llena de emoción ver amigos a través de la malla y sientes ira al no poder abrazarlos, pero luego recuerdas que ahí está el Fandango, que se vale celebrar entre tanto dolor y que por un par de horas una magia ancestral se apodera de ese espacio”.

Adrián Florido nos comenta que “para los Mexicanos nacidos y criados en los Estados Unidos, este proceso de acercamiento al fandango tiene un significado especial. Crecemos con una apreciación de los sacrificios de nuestros padres; sin embargo, a pesar de los privilegios adquiridos, nos queda un vacío, y deseamos conexión y pertenencia. El fandango me ha llevado a conocer amigos y comunidades por todo el continente, desde California a Nueva York; desde Washington D.C. hasta el Distrito Federal.; a Cuernavaca, San Andrés y Santiago Tuxtla, a El Hato, El Nopal, a Ohuilapan, Chiapas, Tabasco y a muchos lugares más. En cada uno, he ido entediendo lo que puede representar el fandango para una comunidad, de los diferentes papeles sociales que este ritual puede tomar. Esta educación ha ido formando mis propias ideas sobre lo que debe y puede representar el Fandango Fronterizo para los que asisten. Para cada uno representa algo diferente. Para algunos, es protesta, para otros es música o la oportunidad de encontrarse con amistades y familiares, de quienes la barda los mantiene separados. Para mí, sobre todo, es un símbolo perfecto de esa tensión que siempre me ha jalado entre dos países, dos identidades. El Fandango Fronterizo es el lugar donde encuentro un balance, rodeado de amigos”.

Para Gabriela Muñoz “el Fandango Fronterizo es como regresar a la casa de la infancia en medio del bosque de niebla con su olor a flores después de un largo, largo viaje; es un homenaje a mis raíces a la vez que un juego de ronda prestada del son”

He aquí, vienen días
Hemos venido celebrando año con año este evento donde nos reunimos frente a la línea fronteriza para festejar nuestra unidad dejando en claro que ante estos muros divisorios, la música siempre podrá cruzar libremente al igual que los pájaros.

¿Qué es lo que le depara el futuro al Fandango Fronterizo? Nos parece que continuará aún sin nosotros –los que ahora escribimos–, creemos que hemos contribuido a crear un espacio para el fandango en la frontera, donde se mantiene viva la tradición y se difunde el son jarocho. Estamos convencidos que hay Fandango Fronterizo para rato porque representa un espacio vital para la comunidad jaranera binacional.

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